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Las mujeres tenemos poco para celebrar

Córdoba es una ciudad que durante más de cuatro siglos invisibilizó de manera sistemática a sus mujeres. No hay una política para las mujeres. Claudia Martínez.

27 de julio de 2012 a las 12:01 a. m.
Claudia Martínez*
Las mujeres tenemos poco para celebrar

Cuatrocientos treinta y nueve años son muchos. Podemos decir que nuestra Córdoba es más antigua que la propia Nación. Nacimos antes que nuestra madre Patria. Paralelamente a la fundación de la ciudad, ya se estaba corporizando la que sería una de las universidades más importantes de Latinoamérica, la Universidad Nacional de Córdoba, que tantos aportes le haría a la humanidad a través de personas formadas en sus claustros. Esas mismas personas son las que cimentaron la construcción de una ciudad pujante y vanguardista. No es casual, tampoco, que la Reforma Universitaria de 1918 se gestara precisamente en estas tierras.Los vaivenes de la política y de las dictaduras tuvieron su característica particular en esta Córdoba. Desde los centros clandestinos de detención más monstruosos, el D2 y el Campo de la Ribera, hasta la actuación de las madres e hijos de desaparecidos.El Cordobazo fue la resistencia de la clase obrera a la decisión antidemocrática de suprimir derechos básicos de los trabajadores, conquistados por el peronismo.Junto con la democracia, apareció el desarrollo en esta ciudad. También llegaron las malas gestiones y los malos gestores.Contra toda obsesión por destruirla, Córdoba se erige como una ciudad con vida y personalidad propias.Cumplimos 439 años con estos y con muchos otros hechos injustamente olvidados que dejaron su impronta. En todos estos sucesos nadie se acordó de las niñas y mujeres de estas tierras, quienes también aportaron a la formación de la identidad de nuestra Córdoba.Partiendo de Luisa Martel de los Ríos, musa inspiradora de Jerónimo Luis de Cabrera para fundar esta ciudad, hasta la más anónima de las mujeres, todas fueron devoradas por el tiempo y consumidas por el olvido sin que esta ciudad o sus gobernantes pensaran que era necesario un lugar y una política para ellas.Córdoba es una ciudad que durante más de cuatro siglos invisibilizó de manera sistemática a sus mujeres. No se detuvo a observar a las que van a un dispensario con un golpe en el rostro, y que son atendidas por un accidente y no por un hecho de violencia de género.Una ciudad que no supo qué hacer ante una mujer con las complicaciones de un aborto clandestino, porque los profesionales no están protegidos con un protocolo de actuación que les permita ofrecer una correcta atención para que la paciente no se muera.Nadie pensó en esa mujer que necesita un sobreturno para realizarse ese postergado Papanicolau, porque ella siempre está en el último lugar de las prioridades familiares.Ni qué hablar de aquellas que se movilizan en sillas de ruedas o con andador y que no tienen cómo cruzar una calle, o de muchas de esas que, antes de ir a trabajar, cargan con el bolso, el cochecito y el bebé, y que les cuesta conseguir un taxi o un remise, porque parar implica demorarse o bajarse a ayudarla.Un párrafo aparte merecen las que buscan la parada del colectivo cruzando descampados o yuyales en la oscuridad de la madrugada.Una ciudad como Córdoba no puede darse el lujo de no tener una política para sus mujeres, ni excluir a las 693.201 mujeres que representan más de la mitad de su población y que son las principales usuarias de los servicios y espacios públicos.Paradojas del destino: una ciudad fundada en la inspiración del amor a una mujer nunca se acordó de ellas.Mientras la Municipalidad sigue con los festejos, las mujeres tenemos poco para celebrar.

*Concejala de la ciudad de Córdoba (UPC)