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Las motivaciones de una elección decisiva

Como en otras oportunidades, además del llamado voto útil, en esta elección también habrá “voto vergonzante”, aquel que votará por un candidato pero dirá que lo hizo por otro.

18 de octubre de 2015 a las 12:01 a. m.
Las motivaciones de una elección decisiva

Si los números y las especulaciones de las encuestas que se hacen públicas se aproximaran a la realidad, deberíamos admitir que a una semana de la elección presidencial estamos frente a un escenario de gran incertidumbre, el mismo que se prolonga desde las primarias del 9 de agosto. El dato curioso es que los sondeos privados, esos que sólo llegan a los candidatos y sus equipos de campaña, tampoco permiten deducir certezas.Desde lo político, todos están involucrados y tienen sus responsabilidades. En primer lugar, parece increíble que esto le esté ocurriendo a un oficialismo que lleva 12 años en el poder, durante los cuales se construyó con mano firme, y miles de millones de pesos, el perfil de una gestión invencible porque tenía el respaldo de abrumadoras mayorías. En el kirchnerismo, se justifican diciendo que el candidato Daniel Scioli no es el mejor exponente de esa fuerza. Pero es también una manera de reconocer que, con toda su supuesta fortaleza, el denominado proyecto no fue capaz de producir una sucesión indiscutida. De aquel casi 55 por ciento de los votos con que ganó su segunda presidencia Cristina Fernández, a este casi 40 por ciento que exhibe hoy el Frente para la Victoria, no sólo pasaron cuatro años, sino también una serie de excesos y errores jamás reconocidos. Los otros En la oposición, la ineptitud para buscar alternativas válidas y así canalizar el creciente descontento de la sociedad por el autoritarismo oficial se tradujo en divisiones estériles, muchas veces alimentadas por egoísmos desmesurados y falta de visión política. Ese 60 por ciento del electorado que en las Paso no votó a los candidatos del Gobierno no encuentra tampoco una expresión totalizadora que evite la continuidad de lo que no desea.Ni Mauricio Macri como el más cercano a forzar un balotaje, ni Sergio Massa restándole votos al primero y al segundo han mostrado aptitudes suficientes como para ser representantes de una opción clara. Por eso, desde la construcción política, las cifras que muestran las encuestas llegan a la última semana casi sin modificaciones.Pero, en una elección presidencial, el factor político es sólo una de las motivaciones del voto. Esa inmensa masa de ciudadanos que concurre a las urnas y no está vinculada con los avatares de la política lo hace por intereses muy cercanos a su propia realidad y a la de sus familias. En los comandos electorales de los candidatos siguen con ansiedad la evolución de esos comportamientos, porque saben que serán los que definirán la contienda.Los especialistas evalúan que los votantes "partidarios" son un porcentaje casi inamovible en cada fuerza, y el resto se completa con las decisiones de último momento. Como en otras oportunidades, además del llamado voto útil, también se visualiza que en esta elección tendrá presencia el "voto vergonzante", es decir, aquel que votará por un candidato pero dirá –antes o después de la elección– que lo hizo por otro.Son los que ocultan su verdadera voluntad porque se sienten presionados por el entorno de amigos o compañeros de trabajo, que en general están más politizados o son militantes. Completan las categorías no definidas aquellos a los que les da lo mismo uno u otro candidato, porque no les interesa la política ni sienten que en ese acto de votar está en juego su futuro y el del país. Ella va Dispuesta a no ver debilitado su poder hasta el último día de su mandato, la Presidenta es una protagonista más de la campaña electoral, al punto de opacar en ocasiones a su propio candidato. Defiende desde el discurso la gestión de 12 años de gobierno y se focaliza en la provincia de Santa Cruz, donde su hijo Máximo va por una diputación nacional y su cuñada Alicia Kirchner aspira a la gobernación. Con Scioli, hay un contrapunto que todos intentan sin éxito disimular y es por donde se expresan los condicionamientos hacia el futuro si es que el bonaerense llega a la Casa Rosada. Las promesas de flexibilidad para las actuales políticas, que lanza Scioli, contrastan con las réplicas de Cristina, mientras el Gobierno sigue encontrando límites judiciales. La inconstitucionalidad de la ley de subrogancias declarada por una jueza la semana que pasó le impedirá, por ahora, nombrar a nuevos magistrados, como era su deseo. Pero ni siquiera la delicada situación de las cuentas públicas y de la economía en general es hoy el centro de la preocupación oficial. Y eso le agrega más dramatismo a la incertidumbre electoral.