Las graves noticias que llegan del este
El gobierno del conservador Viktor Orban va exhibiendo sus rasgos más ultraderechistas y aprobando leyes que restringen libertades. Soledad Gallego Díaz.
En la Unión Europea (UE), no parece existir más que el sur. Un sur indisciplinado, que pone en peligro el euro y que desespera a los austeros protestantes del norte. Pero ya se sabe que "noticias es lo que llega del sur, del norte, del este y del oeste. Cuando sólo llegan de un punto del compás, se trata de propaganda, no de noticias", como aclaraba en el siglo XVIII Benjamín Disraeli. Pero el principal don de este dirigente inglés, inestimable en un político de cualquier siglo, era su capacidad de observación. Si se ejerce ahora, se constata que la UE se ha olvidado del compás.Nadie puede negar que los problemas que plantea el sur, siempre relacionados con la moneda única, son serios, pero en el este están pasando cosas, relacionadas con los derechos humanos, de las que nadie parece querer hablar y que son extraordinariamente graves. Tanto como para que el líder de los liberales europeos, el eurodiputado belga Guy Verhofstadt, ex primer ministro, propusiera que se aplique el artículo 7º del Tratado de la Unión y se asigne la máxima sanción posible; es decir, que se retire el derecho a voto dentro de la UE, no a Chipre, sino a Hungría. Mes tras mes, el gobierno del conservador Viktor Orban, que posee mayoría absoluta en el Parlamento de Budapest, va exhibiendo sus rasgos más ultraderechistas y haciendo aprobar nuevas leyes que restringen libertades, acosan a las minorías y violan la independencia judicial. Cierto que Durao Barroso ha hecho alguna llamada telefónica a Orban para expresar su protesta, pero no consta que lo hayan hecho los líderes europeos, como Angela Merkel, François Hollande, David Cameron o Mariano Rajoy. ¿Tienen otras cosas de las que preocuparse? Sin duda, pero nada debería ser más urgente que Hungría y la actitud desafiante de su gobierno. ¿De qué han servido las llamadas de Durao? De nada. A mediados de marzo, el gobierno de Orban concedió los premios más importantes del país a un periodista que es un notorio antisemita y que califica a los gitanos de "no humanos"; a un arqueólogo que asegura que los judíos eran traficantes de esclavos en la Edad Media, y a una banda de rock que ameniza los desfiles del partido nazi Jobbik, el mismo que aterroriza a los gitanos con sus agresiones en pueblos del interior del país. Ferenc Szaniszlo conduce uno de los programas más populares del canal de TV propiedad del Gobierno, pero el ministro responsable del premio se burló de quienes lo criticaban alegando que no tenía conocimiento de las opiniones racistas del periodista. El canal, por su parte, alega que Szaniszlo ya fue multado (con 500 euros) cuando llamó "monos" a los gitanos. Claro que otro periodista, Zsolt Bayer, fundador del partido gobernante, Fidesz, escribió en su diario que los miembros de la minoría gitana (siete por ciento de la población húngara) son "animales", "no aptos para la convivencia con las personas".Guy Verhofstadt llama la atención sobre el recorte de los poderes de la Corte Constitucional de Hungría, el único freno que ha existido hasta ahora al gobierno de Orban. "Ya no estamos ante una situación de riesgo", escribe el liberal belga, "estamos ante una brecha, persistente y sistemática, en los valores democráticos de la Unión".El llamamiento formal de Verhofstadt debería resonar en los oídos de todos los europeos: "Llamo a todos cuantos en Europa creemos que este continente está construido sobre valores comunes y derechos fundamentales a tomar inmediatamente medidas". "Apelo a la Comisión Europea para que active el artículo 7º del Tratado de la Unión, abra el procedimiento previsto y suspenda, por mayoría cualificada, algunos derechos (del gobierno húngaro), incluidos los derechos de voto".
El gobierno del conservador Viktor Orban va exhibiendo sus rasgos más ultraderechistas y aprobando leyes que restringen libertades.

