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Las funciones del Banco Central

El proceso de reactivación iniciado en 2003 logró una recuperación que elevó el PIB en un 95,2 por ciento y llevó en 2010 las reservas acumuladas a 52.145 millones de dólares. Salvador Treber.

16 de marzo de 2012 a las 12:01 a. m.
Salvador Treber*
Las funciones del Banco Central

La política económica durante el período que va de 2003 a 2011 se ha caracterizado por promover las condiciones indispensables para consolidar una expansión autosostenida de la economía en el mediano y largo plazo. Bajo dicho enfoque y el éxito alcanzado, aparece como lógico cotejar las diferencias con períodos precedentes –que fueron mucho menos reveladores– para extraer conclusiones y experiencias.Este tipo de reflexiones retrospectivas conviene iniciarlas desde el mejor momento en que los principales indicadores señalan los resultados más favorables; es decir, 1974.Dicho juicio de valor surge de advertir que, como culminación de un período de signo ascendente, en ese año se verificó la diferencia histórica mínima (siete veces) en materia de ingreso. Ello comparando lo que percibió el decil compuesto por titulares ubicados en la cima respecto de idéntica proporción de los que permanecen en la base de la pirámide distributiva.Dado que en 1964 la brecha fue de 15 veces, debe deducirse que en el transcurso de esa década hubo un proceso activo de "movilidad social positiva", que inyectó una ponderable dosis de equidad. Un cuarto de siglo funesto, de 1976 a 2000. A continuación, se dio un proceso inverso, de generalizado deterioro en alrededor del 90 por ciento de la población. El comienzo de ese desbarranque lo marcó el llamado "Rodrigazo", el 2 de junio de 1975. Esa tendencia se extendió, en forma antes desconocida, en el período en que la conducción estuvo a cargo de la entente cívico-militar que accedió al poder por vía de la fuerza, entre 1976 y 1983. Tanto que, según datos proporcionados por el Banco Mundial en su Anuario 2004 , se tomaron muchas medidas destinadas a ensanchar la mencionada brecha entre ricos y pobres en forma abrupta, llevándola a nada menos que ¡39,1 veces!Para tomar conciencia del rigor con que actuaron, respaldados por la fuerza de las bayonetas, cabe referir que sólo en tres meses (de abril a junio de 1976), por medio de la liberación de los precios y la congelación de los salarios, el nivel medio perdió un 34 por ciento de su poder adquisitivo.Obviamente, lo que estos dejaron de embolsar se sumó casi de modo automático a los niveles superiores. De ese modo, se concretó una sobrepolarización de la riqueza.Cualquier proceso correctivo posterior requería delinear políticas monetarias, fiscales y de ingresos especialmente orientadas a revertir semejante regresión, pero la enorme debilidad del primer gobierno civil que asumió el 10 de diciembre de 1983 hizo imposible adoptar la medida adecuada.Los que detentaban el "poder real" se opusieron con gran energía. Una prueba palmaria de ello surge de una experiencia que vivió el autor de esta nota, cuando integraba el directorio del Banco Central.En esa oportunidad, elevó un proyecto para propiciar que se estableciera por ley que el crédito bancario constituye un "servicio público" al que debe poder aspirar cualquier ciudadano en función de que lo afecte a un fin lícito y productivo.Para concretarlo, era indispensable modificar la Carta Orgánica del Banco Central y la Ley de Entidades Financieras, pero la mencionada iniciativa levantó mucha "polvareda".A pocos días de verificarse su circulación, sólo interna, algún muy comedido cuan diligente "informante" movilizó la presencia de una delegación integrada por prominentes ejecutivos de las principales entidades financieras privadas, que no tuvieron ningún pudor en ofrecer colaborar con la gestión del gobierno siempre que la iniciativa se archivara definitivamente y "sin hacer mucho ruido...".Quedó así en evidencia para todos los protagonistas que el tema era "tabú" y, en defensa de sus viejos privilegios, estaban dispuestos a todo...Al comienzo de febrero de 1989, en medio de un clima de hiperinflación y sin mayor respaldo, el presidente Raúl Alfonsín admitió que las reservas monetarias sólo totalizaban tres mil millones de dólares. El 6 del mismo mes, para mostrar con hechos su "poder de fuego", cuatro de los mayores bancos compraron en plaza 500 millones de dólares, y precipitaron la llamada "inconvertibilidad", por temor a ser "vaciados". Pocos meses después se operó el traspaso anticipado de la presidencia al candidato electo, Carlos Menem, quien así comenzó su gestión durante toda la década de 1990 introduciendo el nefasto esquema de la "convertibilidad", que se implementó asignando al Banco Central la única función de vigilar la continuidad de la relación, real o ficticia, del "uno a uno" que terminó, luego del sacudón, en el tremendo desastre ocurrido en el trienio 1999-2002.En este último año, marcó una caída récord del producto interno bruto (PIB) (-10,9 por ciento) y un fenomenal endeudamiento externo del país equivalente a 7,4 veces las exportaciones y con reservas por apenas 10.476 millones de dólares. La casi milagrosa recuperación de 2003 a 2011. El proceso de reactivación iniciado en mayo de 2003 logró una acelerada recuperación que elevó el PIB en un 95,2 por ciento y llevó en 2010 las reservas acumuladas al máximo registro de 52.145 millones de dólares. En la actualidad, se ubican alrededor de 47 mil millones de dólares debido a que cancelaron los casi 10 mil millones que se debían al Fondo Monetario Internacional (FMI) y otro tanto a los acreedores financieros que datan de la década de 1990.La propuesta oficial para dar mayor dinamismo al Banco Central, eliminando las normas todavía vigentes de los tiempos de la "convertibilidad", es adecuada y lógica. En cambio, no lo son las críticas de quienes pertenecen a varios de los partidos que provocaron la enorme deuda externa y promovieron la baja del ingreso al grueso de la población hasta 2002 inclusive. Es obvio que no tienen autoridad moral ni idoneidad técnica para ejercer una crítica digna de ser tenida en cuenta.

*Profesor de posgrado de Ciencias Económicas de la UNC