Temas del día:

Las causas de la prosperidad y de la pobreza

Normalmente, los errores que cometen los gobiernos al gestionar la política ­económica no se deben a su desconocimiento ­sobre el modo como ­funciona una economía.

09 de marzo de 2014 a las 02:55 p. m.
Lucas Pussetto*
Las causas de la prosperidad y de la pobreza

En 2013 se publicó un libro que tuvo y tendrá un profundo impacto en el modo de entender la economía: Por qué fracasan los países. El subtítulo del libro es igual­mente sugerente: Los orígenes del poder, la prosperidad y la pobreza. Sus autores, Daron Acemoglu y James Robinson, son ­profesores del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés) y de la Universidad de Harvard, respectivamente, y han dedicado buena parte de sus investigaciones de los últimos años al estudio de los determinantes de la prosperidad de algunos países y de la pobreza (o estancamiento) de otros.Que estos investigadores se dedicaran a esta cuestión no es, por supuesto, algo in­novador. De hecho, la búsque­da de soluciones a la pobreza ha ocupado la mayor parte del tiempo de los economistas durante, al menos, los últimos 200 años.Lo que sí resulta ori­ginal son las conclusiones de su libro. En efecto, son rotundas y están debidamente avaladas por el análisis de un número razonable de países estudiados en detalle.En la opinión de los autores, los determinantes de la riqueza o de la pobreza de un país (o, en otros términos, del éxito o del fracaso económico) no se explican por cuestiones típicas a las que históricamente se ha prestado una atención sustancial.En concreto, las diferencias en el desarrollo no dependen ni de la geografía ni de la cultura. Por ejemplo, no es determinante que un país tenga o no salida al mar, que cuente con una cantidad importante de recursos naturales de calidad o que su población sea mayoritariamente protestante o católica.El atraso y la pobreza tam­poco pueden explicarse por la ignorancia en materia económica: normalmente, los errores que cometen los gobiernos al ges­tionar la política económica no se deben a su desconocimiento ­sobre el modo como funciona una economía.

Razones fundamentales

Entonces, ¿qué explica la riqueza y la pobreza? Acemoglu y Robinson afirman de forma categórica que la explicación re­side en la existencia de instituciones políticas y económicas inclusivas o extractivas.

Por supuesto que no es la primera vez que los economistas sugieren la importancia de las cuestiones institucionales, pero lo novedoso es la demostración de que países con condiciones geográficas y culturales similares pueden arrojar resultados económicos muy diferentes de acuerdo con el tipo de instituciones que tenga cada uno.

De modo general, las instituciones constituyen simplemente el conjunto de reglas que influyen en el modo como funciona la economía y los incentivos que motivan a las personas.

En consecuencia, una institución económica inclusiva es la que fomenta la actividad económica, el aumento de la productividad y la prosperidad económica. Por el contrario, una institución económica extractiva es la que tiene como objetivo principal extraer rentas y riqueza de un subconjunto de la sociedad para beneficiar a un subconjunto distinto.

Una definición similar puede aplicarse a las institu­ciones políticas. Esta diferenciación entre distintos tipos de instituciones es clave porque permite concluir que la definición de “institución” no tiene nada que ver, por ejemplo, con la primacía del Estado o del mercado en el funcionamiento de la economía. O, incluso, con errores técnicos en la gestión de la economía.

Países con fuerte presencia estatal en la economía o con total primacía del mercado pueden alcanzar niveles similares de prosperidad económica.

Discusión inconducente

Este último resultado es alentador para países como el nuestro y demuestra que, por lo general, el debate económico local está fuera de foco: aún mantenemos el dilema de si conviene tener un Estado fuertemente regulador y con una participación crucial en la economía como productor de bienes o, por el contrario, un modelo en el cual el Estado se limite a algunas funciones básicas y deje el resto en manos del mercado.

Hace años que esta discusión dejó de tener validez en el mundo. Y, de hecho, nuestro país experimentó una década de fuerte liberalismo económico (la de 1990), que terminó con la peor recesión económica desde la Primera Guerra Mundial. Y también experimentó una década de fuerte estatismo (la que comenzó en 2003), que está culminando con una economía estancada e inflacionaria.

Ambos “modelos”, no obstante, gozaron de fuertes tasas de crecimiento económico en sus primeros años, pero algo faltó 
a partir de cierto momento, con el consecuente deterioro de la economía. Lo que faltó fue la existencia de instituciones económicas y políticas inclusivas.

Es cierto que instituciones que no cuenten con estas características pueden generar algunos años de crecimiento mediante la implementación de políticas económicas de distintas características, pero, más temprano que tarde, la natu­raleza extractiva de esas ­mismas instituciones termina erosionando el crecimiento y conduciendo, normalmente, 
a una crisis.

Volatilidad argentina

Es por ello que no debería sorprender que el comportamiento de la economía argentina durante los últimos 130 años haya sido pendular, oscilando de un extremo a otro en el manejo de la economía (con independencia de que quienes estuviesen a cargo de la gestión fuesen gobiernos militares o democráticos).

La consecuencia de esto es una enorme volatilidad eco­nómica que, en el largo plazo, tiende a reducir el crecimiento debido a la incertidumbre ge­nerada sobre consumidores e inversores.

Un proceso de estas características es capaz de hacer de Argentina un caso único en el mundo, dado que ha pasado de ocupar el puesto 7º en términos de ingreso

per cápita

a comienzos del siglo 20 a aproximadamente el puesto 50º que ocupa en la actualidad.

La tesis central del libro de Acemoglu y Robinson es que el desarrollo y la prosperidad económicos están asociados con instituciones económicas y políticas inclusivas, mientras que las instituciones extractivas por lo general conducen al estancamiento y la pobreza.

Deberíamos tomar nota de ello en nuestro país y darnos cuenta, entre otras cosas, de los problemas que se derivan de concentrar el análisis sólo en lo coyuntural y de descuidar el esfuerzo intelectual y empírico orientado al diseño de instituciones inclusivas que permitan lograr algo casi inédito en Argentina: procesos de crecimiento sostenidos en el tiempo.

Glosario. Instituciones inclusivas: son aquellas que fomentan la producción económica, el desarrollo o las actividades relacionadas con su área de acción. Instituciones extractivas: son aquellas que extraen rentas de un sector de la ­sociedad para beneficiar a otro sector.

*Coordinador académico del MBA de la Universidad Siglo 21 y consultor en economía y negocios