La voz que rompe un inquietante silencio
Ralph Emerson decía que nada sorprende más a los hombres que el sentido común expresado en lenguaje sencillo. Es posible que esta idea del pensador no valga para toda la especie humana, pero debiera al menos valer para los argentinos de este tiempo. Claudio Fantini.
"Te dicen lo que tenés que pensar y en qué dirección, y si no estás de acuerdo, sos un hijo de puta", afirmó, explicando que ese es "el camino hacia el fanatismo". Se estaba refiriendo al kirchnerismo. Quedaba claro al describir que "todo lo que no está alineado con su pensamiento, se construye como el enemigo; no para vencerlo, para eliminarlo".Lo entrevistaba el diario La Nación , pero por momentos él interpelaba a quienes imponen ocupar posiciones de trinchera. "¿Pero quién sos?; ¿qué te pasa?", preguntó a los que niegan "el derecho a tener una posición diferente", explicando a continuación lo grave que "es la demonización, la cacería de brujas".Si quedaban dudas de que estaba cuestionando eso que muy pocos artistas se atreven a cuestionar, reclamó algo que debiera reclamar cualquier ciudadano que se resiste a ser súbdito: "yo quisiera que alguien me explicara el crecimiento patrimonial de los Kirchner".No fue un momento de calentura. Días antes, entrevistado por una publicación de Perfil , dijo que el enfrentamiento entre argentinos lo tiene harto. "Yo entiendo y respeto que muchos piensen que este es un momento brillante del país, pero si eso te lleva a pensar que quienes no opinan lo mismo son unos boludos o unos golpistas, tenemos un problema. De mil personas que expresan disconformidad, puede haber dos que sean golpistas… así que no jodan con eso".Y mostrando salud mental en un tiempo enfermo de odios y ascos, dijo no justificar "a la gente que ataca a una mujer que pone el cuerpo en un lugar tan complicado como la presidencia. Mucho menos cuando esos ataques son arteros, personales e irrespetuosos. No escucho esos ataques encarnizados".Puro sentido común, manifestado en lenguaje cotidiano. Ralph Emerson decía que nada sorprende más a los hombres que el sentido común expresado en lenguaje sencillo. Es posible que esta idea del pensador que impulsó el trascendentalismo no valga para toda la especie humana, pero debiera al menos valer para los argentinos de este tiempo tan bombardeado con "ideologismos" y "sociologismos". De todos modos, más importante que cómo se dijo, es quién lo dijo. Fue Ricardo Darín. Los cuñados. Sobre la grieta que divide la sociedad, y en la que inoculó odio político el aparato de propaganda oficialista, así como también algunos grupúsculos ultraconservadores situados en la vereda de la oposición, tiempo atrás había hablado otro gran actor: Luis Brandoni. Su conocido compromiso político desde las filas del radicalismo no le resta valor a una afirmación que, pese a su honestidad y lucidez, tiempo atrás pasó casi desapercibida. Brandoni dijo que la política de división y enfrentamiento que introdujo el kirchnerismo es más grave que las cataclísmicas crisis económicas que han sacudido al país, porque de las debacles de la economía se sale, incluso rápidamente, pero de la grieta que separa y enfrenta a los argentinos, la salida siempre es extremadamente lenta, difícil y dolorosa.En el mundo de los actores, el primero en exponer la gravedad del método kirchnerista de construcción política, fue quien encarnó al adusto Cantalapiedra. En la misma dirección se acaba de pronunciar "el Chiqui", aquel descarado pariente que tenía en Mi cuñado .Que ahora lo haya dicho un artista tan admirable y querible como Ricardo Darín, aumenta el valor de esa mirada preocupada sobre el momento por el que atraviesa el país. No se trata sólo del inmenso actor que llegó a ser la versión argentina de Marcello Mastroianni, o sea un hombre que puede hacer reír y también emocionar hasta las lágrimas, cuya capacidad de conmover parece emanar de una mezcla de talento y humanidad en grandes proporciones.En un país donde los artistas que están con el Gobierno viven proclamándolo, pero los que se oponen siempre callan, lo que hizo el entrañable "hijo de la novia" muestra, por un lado, independencia respecto a los estímulos gubernamentales que llueven en el campo artístico que manifiesta públicamente oficialismo, y por otro, un coraje político que lo libera de ese miedo que parece explicar tanto silencio entre los artistas que disienten con el kirchnerismo.Hay una razón más para tener en cuenta las expresiones de Darín: se trata de un buen tipo. Un intachable. Esa gente que parece hecha de la mejor madera. Pocos en ese ámbito donde abundan las envidias y las veleidades logran tanta unanimidad en ser descriptos como personas generosas, cristalinas y naturalmente humildes.Por eso es importante que el protagonista de El secreto de sus ojos de testimonio de la oscura grieta que divide y enfrenta a los argentinos; y que se atreva a señalar la responsabilidad del "relato" kirchnerista en la división que está lacerando al país. Pero que también sienta un sano escozor frente a los que hablan en términos insultantes respecto de la Presidenta o hacen chistes con la muerte de su marido; algo tan repugnante como aquel "viva el cáncer" que mostraba desde las paredes el envilecimiento al que conduce inexorablemente el odio.

