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La voluntad de las mujeres

La mujer ya está en política, y si se intenta poner el reloj marcha atrás, es posible que se le salten los resortes.

25 de agosto de 2013 a las 12:02 a. m.
La voluntad de las mujeres

“¿Quién entiende a las mujeres?”. Es una vieja y persistente pregunta de ocasión frente a la que nos ha vuelto a situar “Chiche” Duhalde, la esposa de Eduardo Duhalde, quien fuera presidente de la Nación. Ella, que ha sido varias veces legisladora nacional, es justamente quien dudó públicamente de la eficacia de la mujer en la política. La pregunta inicial es más o menos típica de hombres que suelen encontrarse en los aparentes callejones sin salida en los que, supuestamente, nos pone una lógica femenina que intuimos, pero no terminamos de descifrar. Pero si vamos a declararnos como humanos (como lo hacemos tantas veces) inventores del mundo en muchas cosas, lo primero que uno sabe, a menos que fuese adoquín, es que la vida, la cultura, el mundo, son asuntos comunes a hombres y mujeres. Esencial y compartido Y no se trata de hablar del ying y el yang, de la lluvia y la semilla en la tierra, sino de nosotros, de estos seres que pasamos vestidos por el mundo intentando el contacto más eléctrico de todos: el de un hombre y una mujer. Y esa descarga de electricidad nos sacude a los dos. Es que se trata, nada más y nada menos, de hacer de lo extraño lo uno esencial y compartido. Nos ha costado milenios esta relación y, sobre todo, nos ha hecho compartir la lluvia en una misma esquina (de sol, de sombra, de guerra o de paz) ¡sin decir palabra! El trauma es que no hay que decir palabra porque somos hombres y mujeres, pues si lo hablamos... si lo hablamos, ¿somos los mismos seres desnudos y descubiertos frente a la adversidad? Volvamos al punto. La mujer ya está en política; hoy nos gobierna una mujer, así como al gran Estado vecino, por ejemplo. Y si se intenta poner el reloj marcha atrás, es posible que se le salten los resortes. No es tan sencillo retroceder; a veces es imposible. El sentido de la vida Mientras tanto, primero lo primero: un día sin mujeres no merece ser vivido. Y esto no es lisonja ni adulación, ni espíritu pollerudo. Es que las mujeres le dan un sentido a la vida del que no se puede prescindir sin hundir a la especie (a uno mismo) en el naufragio. El sentido que la mujer le da a la vida no es sólo el amor, la reproducción, el abrazo que nos ampara de la oscuridad del cosmos y de la finitud de los sueños, ¡vaya mayúsculos sentidos!, sino también otros más cotidianos, más simples, más de a pie. Está claro que es imposible pensar como real un día sin mujeres en acción, aunque imaginarlo sirva para ver cuánto protagonismo tienen ellas en el funcionamiento de las cosas de la sociedad común. Pero hagan lo que hagan o dejen de hacer, las mujeres son inseparables de nuestro mundo, del aire que respiramos en común. Digámoslo claro: la sensibilidad de la mujer, su manera de asumir la vida, son el resuello de la existencia, la conciencia instintiva que hace posible que muchos valores estén despiertos antes que pisoteados (“¿Se han dado cuenta de que, por ejemplo, en la serie Los Simpson , las mujeres Lisa y Marge cargan con el esfuerzo de sostener los únicos valores en una sociedad decadente, capitalista y consumista”, apunta una amiga). Las mujeres son una parte que dice del todo. Y lo discutimos cara a cara, pues sus miradas son las nuevas maneras de discutir.