La violencia de cada día
La enfermedad que padece la sociedad argentina es de carácter psíquico y creo que no tiene que ver con la política o la economía que tanto nos preocupan. Tiene que ver con la pérdida de principios morales.
Han pasado varios días de los terribles acontecimientos ocurridos en nuestra provincia y todavía estamos impactados por los actos que tuvimos oportunidad de ver a través de los diferentes medios de comunicación. Personalmente, lo acontecido me produjo un sentimiento de tristeza y angustia difícil de explicar. Ver esa explosión de violencia aparentemente espontánea, que generó daños físicos y psicológicos, en algunos casos irreparables, y de gravísimas consecuencias, que creó a la vez un verdadero conflicto social en nuestro medio, es algo difícil de digerir y aceptar.La lectura de lo acontecido me lleva a reflexionar al respecto. Creo que vivimos en una sociedad que está enferma. El materialismo, la ambición y la necesidad de obtener cosas hace que el ser humano pierda conciencia de sus actos y realice acciones increíbles, como las que vimos recientemente. Por ejemplo: hubo personas que se llevaron de los comercios objetos que no pueden usar, no les sirven y por lo tanto no saben qué hacer con ellos.Hubo también personas que nunca habían cometido un robo, y que de un momento a otro se convirtieron en ladrones casi sin darse cuenta y hoy se arrepienten de lo que hicieron.La enfermedad que padece la sociedad es de carácter psíquico y creo que no tiene que ver con la política o la economía que tanto nos preocupan. Tiene que ver con la pérdida de principios morales y reglas de conductas que hace tiempo desaparecieron y que en algunos casos nunca existieron. La verdad es que la moral está subestimada y yo diría que hasta bastardeada. En varias oportunidades escuche mencionar una palabra despectiva, burlándose de la moral y de todo lo relacionado con ella. Esa palabra es "moralina". También a quienes tienen principios morales y los practican se los suele llamar "moralistas". Precisamente, no es por culpa del ejercicio de la "moralina" ni de las actitudes de los "moralistas" que hayan ocurrido los actos vandálicos. Si la moral son las reglas o normas por las que se rige la conducta o el comportamiento de un ser humano en relación con la sociedad, frente a los tiempos que vivimos, a todas luces se ve que algo falla.Debemos sincerarnos y ver que esta falla se está dando en todos los ámbitos de nuestra sociedad y en diferentes áreas, en lo político, en lo económico, en el arte, en el periodismo, en la cultura, etcétera.El materialismo ha hecho que el hombre se olvidara o no reconociera a Dios. Es muy difícil poder vivir sin Dios. La presencia de Dios en el ser humano produce una verdadera transformación, un verdadero cambio interior.El apóstol Pablo en su carta a los Corintios dice: "Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo!". Dios es paz; por lo tanto el que tiene a Dios, tiene paz. Recibirlo es como nacer de nuevo.La intervención divina transforma al ser violento en un ser pacífico, en una nueva criatura, en alguien que ya no es perjudicial sino útil para la sociedad. Hagamos autocrítica, recibamos a Dios y permitamos que Él haga los cambios necesarios en nuestro interior, para que podamos vivir en una nueva nación, donde cada vez haya menos violencia y más amor. Todavía estamos a tiempo. Dios nos bendiga.
*Pastor evangélico, miembro del Comipaz

