La verdadera carga de la bomba
Los problemas que no resuelve el actual Gobierno no son sólo económicos, sino que también se suman el narcotráfico, la seguridad y la cuestión Mapuche.
En tren de encontrar culpables, el Gobierno nacional apunta a los consumidores, al pueblo. El Presidente arriesgó que “la inflación está, en gran medida, autoconstruida”; la vocera presidencial dijo que la crisis no existe, que es una construcción de la oposición, y el secretario de Industria, José de Mendiguren, afirmó que son los compradores quienes convalidan precios elevados y, de ese modo, empujan la inflación.
El 6% de enero ratificó la marca anual del 100%, y el escenario futuro para los precios no es para nada alentador.
Alta presión
El Gobierno no aspira a enfrentar ninguno de los problemas que presentan la economía y la política nacionales. Ninguno. Su objetivo central es llegar a diciembre sin que haya estallado una hiperinflación. Piensa que esa circunstancia le permitiría luchar por conservar el poder.
Es que en Argentina la crisis está asociada a la hiperinflación. Si no hay un estallido en los precios, no se considera que la economía está en crisis. Conservar el poder permitiría a la vicepresidenta insistir en la lucha por su único y gran objetivo: vencer a la Justicia y revertir los fallos adversos que va acumulando.
La energía del peronismo está absorbida por estos módicos planes. Carece de intenciones a mediano y largo plazo. Vive con intensidad el día a día. Su gran aspiración es zafar, y para ello confía en la capacidad de maniobra y la picardía de su ministro de Economía. Eso es todo.
Es que el peronismo funciona como un esquema Ponzi: busca obtener y exhibir resultados inmediatos sobre la base de comprometer el futuro. Pone todas las fichas en conseguir el pan para hoy, aunque eso suponga hambre para mañana. Mañana se verá. ¿Largo plazo? ¿Qué es eso? En el largo plazo estaremos todos muertos, ya lo dijo John Keynes. El barco sin rumbo, además, se va quedando sin combustible y comienza a alimentar su caldera con los maderos de la cubierta.
Otras dimensiones
La oposición presiente que ganará los comicios de este año y que, una vez en el poder, la situación económica estallará en sus manos; y en consecuencia, se disparará el conflicto social. Piensa también que, desde el mismo comienzo, la nueva administración quedará debilitada al punto de hacer que la situación sea ingobernable. Por ello, se apresuró a advertir sobre la existencia de una bomba con la mecha ya encendida.
Sin embargo, al describir las distorsiones económicas se ha puesto la atención casi exclusivamente sobre en endeudamiento en pesos, que crece de manera exponencial.
El viceministro de Economía, Gabriel Rubinstein, contradiciendo sus opiniones del pasado reciente, cuando aún no formaba parte del equipo económico, ha quitado importancia a la deuda en pesos del Estado nacional.
Pero existen otros temas que se mencionan menos, aunque tienen un alto efecto de depredación potencial sobre la economía. El deterioro del tipo de cambio, que no acompaña a la inflación, carcome la potencia exportadora de la industria, priva de recursos al sector más eficiente de la economía y genera un infierno cotidiano para muchas empresas al quitar fluidez a las importaciones, con perjuicio directo en el nivel de actividad de la industria, altamente dependiente de insumos del exterior.
La represión del tipo de cambio, al igual que el retraso tarifario, más tarde o más temprano demandarán un sinceramiento con alto impacto inflacionario. Curiosamente, la política de contención en ambos casos tuvo una intención antiinflacionaria.
Claro que el éxito no ha acompañado esta estrategia, pero es aún más grave: como el atraso no puede continuar para siempre, en algún momento los precios deberán sincerarse y entonces sí, la inflación se cobrará con creces este ingenuo y precario intento de burlar la realidad, siempre tan tozuda.
No sólo la economía
Desde un comienzo se sospechaba que Aníbal Fernández no era la persona más indicada para combatir la expansión vertiginosa del tráfico de drogas y la violencia derivada de él. Sus recientes declaraciones acerca de que Santa Fe debe arreglarse con su propia Policía, son sólo la confirmación de su desdén por un problema que se extiende como una mancha de aceite.
De igual modo, la política desarrollada por este Gobierno hacia los reclamos de los falsos mapuches tiende a multiplicar y a consolidar un problema grave, que parece destinado a permanecer a lo largo del tiempo y cuya solución no podrá evitar una cuota de violencia.
Las medidas del Gobierno, como la donación de tierras en Mendoza a autopercibidos mapuches y la discriminación de Santa Fe al momento de asignar fondos para seguridad, parecen estar dictadas por un ánimo de provocación a los fines de complicar la gobernabilidad de provincias que no se alinean con el gobierno federal.
El deterioro abarca, entonces, varios terrenos. Naturalmente, los ojos están puestos sobre todo en la economía, pues su impacto en el ánimo popular resulta siempre más inmediato y sofocante.
Pero la degradación política e institucional no debe ser subestimada.
La factura siempre termina por llegar.
* Analista político

