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La salud pública es la ley suprema

El talento romano para las leyes también lo fue para la Medicina, y, de manera especial, en la prevención y en la higiene. Carmen María Roqué.

06 de marzo de 2013 a las 12:01 a. m.
Carmen María Roqué (Médica)
La salud pública es la ley suprema

"La salud del pueblo sea la suprema ley" fue una orden breve, contundente y doctrinal propuesta como regla hace más de dos mil años, que con beneplácito, fue escuchada y aprobada en el foro de Roma. Esta sentencia es un aforismo pleno de enseñanzas que no debió ser olvidado, y que ahora, por la situación sanitaria de Argentina, es oportuno recordar. La frase pertenece a Marco Tulio Cicerón. Salus es una voz latina que significa "salud" y alude al estado de normalidad de todas las funciones. Desde la antigua Roma hasta nuestros días, "¡salud!" es una expresión de cortesía en el brindis, para buenos deseos y alegrías. Salus era una divinidad de la mitología romana que personificaba el bienestar del pueblo y que se encuentra magníficamente representada en la Fontana de Trevi, en Roma.De esa diosa tomó Cicerón su nombre para el Salus Populi Suprema lex esto , y cuando la república se hallaba amenazada por un grave peligro, los romanos pronunciaban esta frase, para significar que el interés colectivo debía prevalecer sobre lo individual.Es que el talento romano para las leyes también lo fue para la Medicina y de manera especial en la prevención y en la higiene, con el saneamiento de pantanos, el uso de mosquiteros, el aislamiento, el blanqueo con la cal, la cremación, el tratamiento de aguas servidas, el desmalezamiento, la construcción de desagües, de alcantarillas, de acueductos, de fuentes, de baños públicos y termales: fridarios, tepidarios o caldarios.Estos hechos notables del tratamiento del agua fueron ideados y puestos en práctica por lúcidos gobernantes de Roma, que sin ser médicos fueron eficientes y eficaces protectores de la salud. Uno de ellos fue Marco Tulio Cicerón, el príncipe de la elocuencia romana, que vivió hasta los 63 años. Fue el más célebre de los oradores de Roma, político y magistrado brillante, escribió a los 18 años una obra de Derecho civil. Formado en la cultura griega, estudió en Rodas y Atenas, en especial a Demóstenes. Este famoso orador ateniense, en sus enérgicos discursos llamados las "filípicas", había tratado de convencer a sus ciudadanos de que hicieran la guerra a Filipo, rey de Macedonia, padre de Alejandro el Grande.Cicerón preparaba sus discursos con gran cuidado, sin frases huecas, disponiendo de ellas de modo que resultaran armoniosas al oído. Toda esta estudiada elocuencia recibía la aclamación y el aplauso de sus partidarios y más resentimientos de sus enemigos. Hablaba fácilmente, con gracia e ingenio, y cuando fue elegido Cónsul, descubrió y dominó la conspiración de su enemigo Catilina, atacándole en discursos vehementes, Las Catilinarias: "Hasta cuando Catilina abusarás de nuestra paciencia".Partidario de Octavio, pronunció filípicas contra Marco Antonio, que por ello lo detestaba y lo mandó a asesinar. Cicerón fue el creador de la prosa latina clásica y su estilo ha permanecido como ejemplo del buen latín.Su célebre frase Salus Populi suprema lex esto motiva este escrito para resaltar y admirar el talento de los romanos en el tratamiento del agua para la prevención de algunas enfermedades infecciosas. La suerte está echada, Alea jacta est , dijo Julio César al cruzar el río Rubicón en las afueras de Roma (Fiumicino) para luchar contra Pompeyo.Otros ahora, en una lucha médico-sanitaria contra el antiguo dengue, podrían decir lo mismo, el riesgo existe. Dios ha de querer también, por el esfuerzo actual de todos, que pronto se pueda decir de los peligros infecciosos: Veni, vidi, vinci , vine, vi y vencí, como lo pronunciara el general Julio César en otra de sus conquistas civilizadoras.