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La realidad contra el discurso

En estos días de furia, Mauricio Macri y Aníbal Fernández fueron dramáticamente desmentidos por acontecimientos que no supieron evitar y no pudieron controlar. Claudio Fantini.

18 de diciembre de 2010 a las 12:01 a. m.
Claudio Fantini (Director Departamento de Ciencia Política, Universidad Empresarial Siglo 21)
La realidad contra el discurso

"A medida que va hablando, uno se va olvidando de lo que dice". La definición que hace varios años hizo Jorge Asís de Mauricio Macri sigue teniendo vigencia. El máximo exponente de la centroderecha todavía se maneja con un discurso insustancial, vacío de pensamiento político. Más aún, en el discurso de Macri hay una ostentación del vacío. Las palabras parecen instrumentos para arrastrar la política fuera del terreno del pensamiento. Como si expresar una cultura política, una forma de ver y pensar el país y el mundo, estuviera reñido con la eficiencia en la gestión pública.En las entrevistas, a las preguntas que intentan sondear ideas y valores, el jefe del gobierno porteño las elude con gestos de fastidio, como si se tratara de cuestiones inconducentes y banales que sólo sirven para sacar al funcionario eficiente de lo único que importa: la ejecución eficaz de "lo que quiere la gente".Siempre habla de "la gente", jamás de ciudadano, pueblo o sociedad. Pues bien, los sucesos de estos días parecen demostrar que "la gente" de Macri no incluye a bolivianos ni a las capas más bajas de la ciudad que gobierna.También demuestran que la eficiencia está sólo en el discurso, porque la realidad exhibe una administración pasmosamente ineficaz.El macrismo es la máxima expresión de la ideología del marketing , normalmente diseñada para disfrazar al conservadurismo puro y duro con el traje de la eficiencia. Dio su primer paso en el terreno del fútbol, ámbito en el que el líder del PRO se destacó como un conductor exitoso. El problema está en confundir una sociedad con una hinchada. Los hinchas de Boca también tienen divisiones sociales. Algunos están en palcos, otros en la platea y el resto en las populares. Pero todos tienen una única forma de satisfacción: los triunfos del equipo.Desde el barrabrava al plateísta, la aspiración es una sola: que Boca gane. Ergo, el buen dirigente es el que logra un buen plantel y obtiene campeonatos. Punto. Macri fue muy eficaz en satisfacer a ese grupo socialmente diverso, pero de aspiración unificada. Eso le abrió camino en la política, aunque sólo porque la ideología del marketing es engañosa. Al fin de cuentas, es obvio que, en la sociedad, lo diverso no se unifica en una única meta porque, a diferencia de la hinchada, las aspiraciones y necesidades de los distintos sectores son muy diferentes.La brutal realidad que paseó por Soldati, Barracas y Lugano, desnudó la ineficiencia del "eficientismo". Pero no fue lo único que desnudaron estos días de furia. Inoperancia panfletaria. El hombre de la locuacidad letaly la mirada fulminante también exhibió una abrumadora inoperancia. Los problemas de las áreas que estuvieron y que están bajo su competencia han crecido sin la más mínima contención y dejaron a la vista que su poder no tiene que ver con su eficacia en la función pública, sino con otros roles. Aníbal Fernández representa la práctica más cuestionable del Gobierno nacional: la destrucción personal de adversarios y críticos mediante el insulto y la descalificación. Personalmente ejerció el rol de violento insultador. Como poseído por la sagrada indignación de los justos cuando son víctimas de la injuria y la maldad, el actual jefe de Gabinete descargó acusaciones y anatemas contra los opositores.También creó y condujo los dispositivos mediáticos para difamar a los periodistas críticos. Cuestionar al Gobierno o contraponerse a su relato político se paga recibiendo ataques planeados para destruir imagen y convertir al crítico en blanco de aborrecimientos.Esa práctica decididamente autoritaria y con raíces en el totalitarismo es lo que reinstaló el odio político en Argentina. Una realidad que no fue decisión de Aníbal Fernández, pero que tuvo en él a un agresivo y apasionado ejecutor. En esa violencia radica su única operatividad. La realidad que paseó desnuda por los predios ocupados, mostró en Aníbal Fernández una furibunda inutilidad. La ineptitud vociferante y panfletaria no sirve para resolver situaciones graves evitando muertes. Sólo sirve para intimidar y para convertir a periodistas y opositores en blancos de la furia militante. Al desnudo. La realidad desnudó el discurso eficientista de Macri, exhibiendo que, en el gobierno del PRO, el vacío de pensamiento político está acompañado por un vacío de capacidad de gestión, planificación y ejecución. Y, en términos de función pública, pocas cosas son más patéticas que un eficientismo ineficiente. Las ocupaciones y la violencia también desnudaron al discurso que intenta ocultar o disfrazar la realidad. Ése es otro problema del kirchnerismo: la insistencia en reemplazar la realidad por el discurso.La propaganda y la retórica oficialista pueden hablar del gobierno "de la inclusión y la redistribución", a pesar de que los impuestos son regresivos y no tocan al capital financiero, así como de los turbios favores a la industria del juego y la minería más controvertida. Pero en algún momento irrumpe realidad al desnudo y lo que muestra es exclusión y desesperación social.