La providencia en un hospital de emergencia
La característica principal de estos centros de emergencias es que el paciente no espera al médico sino que un equipo entrenado lo está esperando. Rolando Montenegro.
Esto debería quedar aclarado. Los centros de trauma se especializan en atender situaciones complejas en las que la vida del paciente está en peligro inminente. Está corroborado en la Medicina y Cirugía del Trauma que para salvar más vidas se debe trasladar al traumatizado al hospital correcto que esté preparado para atender su caso. Si se nos permite hacer un elemental razonamiento, no se va a una pizzería para comer un bife. Trasladarlo al hospital más cercano podría ser una opción alternativa transitoria, pero riesgosa. Por ende, sería propicio que, con fines informativos y para la reflexión de futuros gobiernos, situemos en contexto una instancia de riesgo vital inmediato única o de víctimas múltiples, un quehacer diario que forma parte del entrenamiento y la capacitación con que cuentan estos centros asistenciales.Quienes los dirigen y sostienen académicamente suelen ser médicos acostumbrados a trabajar bajo un estrés intenso y son especialistas que lo han visto todo o casi todo.Además, los centros catalogados como de Nivel I son escasos e insumen costos elevados. De hecho, hay uno solo en la provincia de Córdoba: el Hospital Municipal de Urgencias, de la capital provincial. La hora de oro. Esta institución fundada bajo claras premisas en 1941, con la denominación de Primera Sala de Cirugía de Comuna de Córdoba, recibe en la actualidad sin reticencia a pacientes graves o que pueden serlo en contados minutos, que tienen posibilidades de sobrevivir si son trasladados con premura por un servicio de emergencia y, prontamente, diagnosticados y tratados dentro de los 40 minutos del accidente o a lo sumo una hora. Esto es lo que se conoce en la nomenclatura médica como hora dorada, aureola de supervivencia que se irá agotando a medida que pase ese tiempo. En lenguaje sencillo y comprensible, llegan desangrados in extremis , agónicos, en paro cardíaco reciente o, inclusive, haciendo un paro presencial al ingreso en el shock room .La característica principal de estos centros que atienden urgencias y emergencias es que el paciente no espera al médico sino que un equipo altamente entrenado lo está esperando: siempre un cirujano de trauma, un clínico especialista en medicina de emergencias, un neurocirujano, un traumatólogo, dos enfermeras o más, hemotransfusores y radiólogos para las primeras radiografías y ecografía.Se trabaja en equipo, con un gran conocimiento de las más diversas injurias que pueden matar en pocos minutos si no se detectan. Todo ello en un ámbito donde el paciente es reanimado de manera vigorosa, aun los más desahuciados.Son los llamados cuidados iniciales, que tienen la finalidad de estabilizarlo aunque sea de manera momentánea, para llevarlo rápidamente al tomógrafo.Esta maravilla del diagnóstico tecnológico, más agudo que todos los ojos y demás sentidos del equipo actuante, está sólo a 10 metros del shock room , pero muchas veces hasta se duda sobre la oportunidad de practicarla, por la inestabilidad recurrente del accidentado.Un tomógrafo multicorte lo estudia en 40 segundos desde la cabeza a los pies, bajo la atenta mirada del jefe de radiología, que puede sugerir nuevos cortes tomográficos o reconstrucciones especiales después del estudio, para evaluar lesiones específicas. Detectado un sangrado activo –un vaso que pierde entre 60 a 120 mililitros de sangre por minuto–, éste debe ser controlado. Máxima velocidad. Hace 10 años, estos enfermos eran llevados en forma sistemática al quirófano, lo que afectaba la supervivencia, aun bajo anestesias y cirugías muy controladas. En el Hospital de Urgencias esto ya forma parte de la historia de la medicina, pues a 10 metros del tomógrafo, en la sala de angiografía, está ya dispuesto un radiólogo intervencionista que puncionará una arteria de la ingle, lo que le permitirá "viajar", catéter mediante, por la aorta hasta cualquiera de sus ramas que irrigan el bazo, los riñones, el hígado y la pelvis, e introducir pequeños "torpedos coagulantes" que ocluirán los vasos sangrantes.La recuperación de la tensión arterial, el pulso y demás signos vitales es inmediata. ¿En cuánto tiempo se hizo esto, incluyendo estos minitraslados internos? Quince minutos en el shock room , cinco minutos en tomografía y 15 minutos en angiografía, para un eficaz control del daño hemorrágico.Es decir que en un promedio de 30 a 35 minutos se llegó al tratamiento definitivo. Sólo quedará por delante cumplir con los protocolos de seguimiento. El paciente se retirará del hospital sin incisiones abdominales y podrá, si quiere, saltar en paracaídas a los tres meses. Nuevos problemas. Todo lo narrado se ve modificado ante el trágico y actual escenario de accidentes en la vía pública o eventuales catástrofes, donde los recursos humanos y tecnológicos se multiplicarán con la puesta en marcha de un plan piloto con convocatoria plena de todos integrantes de los servicios. Tal vez exceda decirlo: estamos ante un hospital cuya actividad asistencial es plenamente reconocida por la comunidad y que, además, se ve legitimada por la actividad docente y de posgrado en la formación de médicos especialistas en Medicina de Emergencias.También, por la Facultad de Ciencias Médicas de la UNC a través de su Cátedra de Emergentología, que dicta y valida la práctica final en emergencias y primeros auxilios a más de 500 alumnos anuales.Finalmente, podríamos preguntar: ¿quién se hace responsable ante el traslado de un accidentado? O bien, si tiene mayor responsabilidad quien lo envía o quien lo recibe.De hecho, los dos, pero hay alguna jurisprudencia al respecto, pues se interpreta que cualquier evento adverso que suceda durante el traslado recaerá mayormente sobre el segundo actor, que se supone es la institución receptora que está en mejores condiciones para salvar y cuidar de un paciente. No se concibe, entonces, que tanto los pacientes como los médicos deban inspirarse en la Divina Providencia durante el transporte para una tomografía o porque se carece de otros medios para una atención eficiente. Este accionar contraría la ley 8.835 o Carta del Ciudadano de la Provincia de Córdoba, que le debería garantizar "recibir atención de emergencia cuando lo requiera y necesite" y "obtener prestaciones y servicios públicos de calidad, efectivos para satisfacer sus necesidades y en plazos adecuados".

