La pregunta es qué va a ocurrir con la oferta de gas
Si no hay desarrollo y exploración exitosa, habremos consumido todas las reservas de gas en un plazo de siete a ocho años, por la demanda acumulada. Raúl García y Pablo Givogri.
Si la demanda de gas continuara creciendo, la pregunta que se debe responder es qué va a ocurrir con la oferta. Ésta parece ser la situación a nivel regional en materia de demanda: planes de exportación de gas natural hacia la Argentina e industrialización del gas en Bolivia, además de muchas inversiones prometidas en materia de oferta, en las que pueden identificarse dos niveles: desarrollo y producción del gas. En cambio, es menos claro el panorama en materia de exploración. Veamos algunos números para comprender el fenómeno: Para los próximos 10 años, el conjunto de los países del Conosur que hoy están consumiendo gas natural (Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Perú y Uruguay) en torno de los 210 millones de metros cúbicos/día, estarán demandando 370 millones a 10 años vista, o sea 76 por ciento más. Para esa época, la Argentina estará consumiendo 140 millones de metros cúbicos/día en promedio. Ahora bien, ¿qué significa la demanda acumulada durante 10 años en términos de reservas? Para el conjunto de la región, la demanda acumulada representa casi 90 por ciento de las reservas "probadas" y casi 40 por ciento del total de reservas (probadas y probables con diverso grado de incertidumbre, sin incluir el "pre sal" Brasil, que es una formación geológica submarina donde al parecer se acumulan enormes reservas de petróleo y gas). Este último indicador parece más tranquilizador, sólo que para pasar de una categoría "probable" a "probada" y a reserva económica requiere inversiones en exploración, desarrollo y producción de importancia. Esta última etapa transforma el stock de reservas en flujos que sirven para satisfacer la demanda. Pero nada de esto es factible si no hay contratos en la cadena que estimulen esas actividades. Y ése es el meollo de la cuestión. Poco para la Argentina. La relación demanda acumulada versus reservas es muy poco halagüeña para la Argentina. La primera supera a la segunda en 30 por ciento, o sea que nos habremos consumido todo en un plazo de siete a ocho años, si no hay desarrollo y exploración exitosa. Si Bolivia se embarca en un programa importante de industrialización del gas y cumplimiento de la addenda del contrato de exportación de gas con la Argentina –cuestión que las autoridades bolivianas han reafirmado–, será necesario que ese país se involucre en una exploración adicional, además del desarrollo de sus reservas probadas. Las últimas cifras publicadas sobre reservas de Bolivia datan de 2005. Durante este mes, se conocerían los valores auditados de las reservas.Argentina estará consumiendo en los próximos 10 años el 40 por ciento de gas importado a través de diversas fuentes (GNL y gas importado de Bolivia), si se mantiene el pronóstico de una producción de gas convencional en declinación, más allá del incremento que pueda esperarse en la producción de gas no convencional, que implica un precio más alto. En el horizonte se delinea cada vez con más claridad que las facturas de inversiones y de precios del gas vendrán en ascenso, si se mantiene esta configuración de la oferta. Por caso, en materia de gas no convencional Argentina deberá invertir una cifra cercana a los tres mil millones de dólares para producir 18 millones de metros cúbicos de gas no convencional en el próximo decenio, y Bolivia una cifra similar para poder cumplir con la addenda del contrato entre ambos países. Giro de 180º. Cuesta imaginar el largo plazo cuando estamos debatiendo el consumo de cada invierno. Pero la Argentina necesita hacer un giro de 180 grados en materia energética y alcanzar un punto de equilibrio en la organización del sector. No será suficiente pensar sólo en diseñar el contrato de exploración adecuado en materia de incentivos tributarios, si se tiene en cuenta además que es altamente riesgosa la exploración en las áreas fuera de las concesiones existentes. Las cuestiones principales que deberían abordarse son: Primero. Llevar los precios del gas para todos los destinos y no sólo para el "no convencional", a un precio de mercado, que seguramente redundará en la exploración y el desarrollo de todo tipo de gas. Segundo. Es preciso reorganizar el sistema de transacciones en la interfase entre la producción y el resto de los agentes. Esto significa que pueda respetarse la seguridad de suministro de los contratos firmes y que los precios establecidos rijan y se actualicen para todos los segmentos, sin dejar de considerar la situación de los más necesitados. Tercero. Es preciso retomar todas las negociaciones tarifarias abandonadas y reconocer los costos de prestación de los servicios. Cuarto. Es condición necesaria que el compromiso de lo negociado sea respetado por los próximos gobiernos. Estas medidas irán dejando atrás el cóctel peligroso de subsidios, precios segmentados por usos y oferta incierta. Claro que, con el paso del tiempo y sin mediar cambios, el contenido de la agenda pesa más y las medidas tendrán efectos más duros sobre la población.
*1 Ex titular del Ente Nacional Regulador del Gas (Enargas)
*2 Consultor en temas energéticos

