La política del "todo vale"
Ante la supuesta intención de Giacomino de buscar otro período, parece que el "todo vale" es moneda corriente para los seguidores K. Laura Sesma.
Al estado de resignación y hartazgo que siente la mayoría de los vecinos por la situación en la que se encuentra la ciudad de Córdoba, se suma, seguramente, el asombro por la aparente decisión del intendente Daniel Giacomino de postularse para una reelección en 2011, a pesar de que le está prohibido presentarse como candidato después de haber sido viceintendente e intendente en dos períodos consecutivos.
Parece ser que la política del "todo vale" es moneda corriente entre los seguidores del ex presidente Néstor Kirchner. Las candidaturas testimoniales, así como este globo de ensayo de violentar la Carta Orgánica de la ciudad para postularse nuevamente a la intendencia, suman desprestigio a la imagen negativa ya existente. Resulta entonces irracional, provocativa y sólo puede entenderse desde esa lógica del "todo vale" y de quien no tiene nada que perder.
El "no" de Martí. A 15 años de la sanción de la Carta Orgánica municipal, en 1995, puedo afirmar sin temor a equivocarme que fue aquélla una experiencia política más que positiva. Quienes tuvimos la responsabilidad de pensarla y de hacerla nacer tenemos la satisfacción de decir que lo logramos en el marco de un amplísimo consenso político y social. Muchos de sus artículos -incluido el 83, que establece el límite a la reelección- fueron aprobados por unanimidad. Al respecto, cabe recordar que el entonces intendente Rubén Martí envió una carta al presidente de la Convención Constituyente, Antonio María Hernández, en la que manifestaba su decisión de abstenerse de ser nuevamente candidato, respetando así el límite que a partir de allí se establecía y eliminando de ese modo toda sospecha de que pudiera usar a su favor -en 1999- el antecedente jurídico ya existente de no considerar para ese límite el período de gobierno anterior a la sanción de la nueva Carta Orgánica.
Esta afirmación, lejos de toda especulación política, no tiene por objeto halagar a Rubén Martí, que en ese momento contaba con un amplio respaldo popular y que en última instancia hizo lo que correspondía ética y políticamente, sino para poner en evidencia hasta dónde llega la subestimación a la ciudadanía y a nuestra historia reciente por parte del actual titular del Ejecutivo municipal.
Mi crítica no está motivada por la necesidad "de eliminar a un fuerte competidor", como se ha dicho, sino por la indignación que me produce esta metodología de desapego a las formas y a las instituciones, justificando cualquier medio para conseguir el objetivo. Es inexplicable que el intendente no dedique todo su esfuerzo en recomponer su relación con los vecinos a partir de dar respuesta a las demandas más sentidas en los varios meses de gestión aún pendientes.
Sería bueno, además, que Giacomino y sus funcionarios más cercanos apelen a la memoria para recordar que los intentos reeleccionistas forzados -algunos concretados y otros no- siempre terminaron castigados por la opinión ciudadana, a veces en las urnas y otras, en la consideración popular. Ejemplos sobran. Baste recordar lo sucedido con el tercer período de Eduardo Angeloz, el Pacto de Olivos y Carlos Menem, y el reciente ejemplo de Misiones, donde la dignidad de un pueblo pudo vencer a los aparatos, a la compra de votos y al clientelismo más espurio para frenar el intento reeleccionista indefinido del gobernador.
No se merecen esta ciudad, sus vecinos, la Universidad Nacional de Córdoba, cuna de las mejores tradiciones en defensa de los municipios y su autonomía, semejante atropello.
*Ex diputada nacional y ex concejala de la ciudad de Córdoba

