La pesca y los medios
La expansión de las nuevas tecnologías de comunicación les sirve a quienes quieren "pescar" adhesiones que responsan a suis propios fines. Arnaldo Pérez Wat.
Por disposición natural hay más peces que pescados. Pero según el discurso, puede haber más pescados porque, como acontece en la cháchara política, muchos peces grandes han sido pescados con palabras antes que con anzuelo, como cuando el pescador habla de sus hazañas en su casa o en el bar. Algo así ocurre con las mediciones de audiencia: si se juntan los cómputos de las encuestadoras de una semana, arrojan que, en el universo elegido, existen más oyentes que habitantes. Por otra parte, en nuestro país, el número de celulares excede al de habitantes. Por esa vía, pronto habrá más receptores de radio que gente. Ello ha preocupado a los "bochos" que, pensando en la pesca, han gestado la ley de medios, como si fuese una carnada. Veamos. Un exagerado dijo que un lago de Escocia estaba tan atestado de peces, que los mismos nadaban parados. Y que en otro de igual abundancia, siempre había pique, pero que los pescadores eran tan inútiles, que los peces se picaban entre sí. Pronto, los que configuran la gran masa de oyentes que escuchan radio o que ven su diminuta pantalla, de pié o caminando, serán los más. Se impone pescarlos, cueste lo que costare. Pero los genios que legislaron no han visto ese otro lago donde sus habitantes se pican unos a otros con mensajes de texto. Allí hay jóvenes que poseen un blog tan importante, que su audiencia equivale a una FM de cierto peso. Gracias a Internet, la gran masa de información y todo el saber científico quedarán al alcance de los dedos en una pequeña caja. En consecuencia, el Comfer, tenido por obsoleto, será más inoperante con la nueva ley, que luego de una treintena de años de no ser parida, nace muerta. El gran sabio Isaac Newton dijo que el pulgar oponible marcó el sino de la superioridad del hombre sobre el resto de los animales. Hoy, como una profecía, vemos al ciudadano que, para informarse mientras camina por la vía pública, emplea, conscientemente y en determinados momentos, más el pulgar que el resto de sus miembros. Un proverbio reza: "A río revuelto, ganancia de pescadores". Constituye una realidad histórica muy vieja. Siempre hubo quienes aprovecharon para sus arcas las revueltas y trastornos sociales. Pero lo patético es que hoy, el que ostenta el poder es el que sigue pensando que "el pez grande se come al chico"; refrán que define certeramente la antidemocracia. Los rusos dicen que, cuando las aguas bajan, las hormigas se comen a los peces; y que cuando crecen, los peces se comen a las hormigas. Ergo, el caos social es más propicio para sacar provecho, de modo que, sin tener en cuenta mucho el nivel, se enturbian las aguas ex profeso. Así, cuando el pez grande reparte dinero a los necesitados, los beneficia. Pero no es el criterio más sabio. La chequera que alivia la pobreza pensando en las urnas, obra de manera que los humildes no dejen de ser pobres.Las leyes por las que todos debemos luchar, no son las que ponderan la caridad, sino aquellas que lleven al pueblo a que pueda vivir sin necesidad de limosnas. Legislando así, y con los cambios que se avecinan, hay una oportunidad de salir. Nietzsche vaticinaba: "El desierto (léase la ignorancia) está creciendo". Y ahora, con la revolución de las comunicaciones, es el mar de información el que crece. Con la tecnología puede perfeccionarse un anzuelo para incautos; pero debemos ser optimistas y esperar que la libertad guíe a la mayoría a elegir el valioso cauce de esa nueva claridad que también está creciendo.

