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La patria piquetera

El piquete es la metodología que utilizan los grupos neofascistas como paso previo para asaltar el poder. Esas organizaciones, sin más argumentos que la fuerza, son las que deciden si la población puede o no utilizar los servicios públicos esenciales.

07 de diciembre de 2016 a las 12:01 a. m.
Raúl Faure*
La patria piquetera
Juntos. Amado Boudou y Luis D’Elía, en una marcha. (DyN / archivo)

Padecimos la patria de Evita (el que entonces no era peronista, no era argentino); la patria montonera (que asesinaba por la espada a soldados, policías, obreros y empresarios); la patria terrorista (que oficializó el crimen político); la patria sindical (de los dirigentes convertidos en monarcas de sus gremios); la patria de la tablita, del uno a uno y del corralito (que demolieron el trabajo y la industria). Y, hace poco, la patria de la corrupción, fundada por extravagantes multimillonarios. ¿Y ahora? Ahora padecemos la "patria piquetera". Fanáticos "ambientalistas" que deliran retrotraer la sociedad a la edad preindustrial; organizaciones no gubernamentales que tratan de adueñarse de las funciones que las leyes ponen a cargo del Estado; sindicatos con dirigentes designados a perpetuidad, que se valen de patotas de activistas para intimidar a sus compañeros de trabajo a quienes humillan degradándolos a la condición de rebaño; cooperativistas que se adueñan de recursos públicos en forma fraudulenta, como Tupac Amaru y Sueños Compartidos; improvisados e irresponsables decanos de facultades universitarias artificiales que de prepo impiden deliberar a las autoridades legítimas; sectas de izquierda que recitan los dogmas del estalinismo; patotas de enmascarados organizados por militantes nazis, no poco fieles del catolicismo, y algunos prelados que sacan de los templos las imágenes de sus santos milagrosos para sumarse a las marchas.Hace poco, también lo hizo Juan Grabois, conductor del Movimiento de Trabajadores Excluidos, quien exhibe credenciales de asesor del Vaticano.Todos, a pesar de la diversidad de sus creencias, unidos por la metodología inspirada en las fuentes fascistas; esto es, la utilización de la fuerza para domesticar a las autoridades legales.Por eso, esas organizaciones, sin más argumentos que la fuerza, son las que deciden si la población puede o no utilizar los servicios públicos esenciales. Por lo general, al amparo de la inactividad de los organismos encargados de preservar la paz social.El Ministerio Público, establecido por la Constitución Provincial para promover acciones en defensa del interés público y los derechos de las personas, impertérrito, por lo general se oculta cuando las agresiones afectan a ciudadanos indefensos.El piquete es la metodología que utilizan los grupos neofascistas como paso previo para asaltar el poder. Así lo revelan las enseñanzas de la historia.Cuando en Italia, en 1919, aparecieron las primeras formaciones (los llamados fasci di combattimento ), el periodismo preguntó a uno de sus jefes cuál era su programa y recibió esta respuesta: "El puño es la síntesis de nuestro programa".Y Benito Mussolini, ya proclamado duce en 1922, cuando se le pidieron precisiones sobre la relación del fascismo con los demócratas contestó: "¿Acaso los demócratas quieren saberlo? Nuestro programa es muy simple: romperle sus huesos".Lisandro de la Torre, en 1937, al tomar conocimiento de la alianza comercial entre las dictaduras de Italia y Alemania y la Rusia Soviética, dijo proféticamente: "El fascismo y el nazismo ajustaron los engranajes de sus dictaduras siguiendo las grandes líneas del modelo soviético".Por eso, no puede sorprender que en las marchas piqueteras confraternicen filocomunistas como Martín Sabbatella, Hugo Yasky y Carlos Heller, peronistas como Hebe de Bonafini y el exvicepresidente Amado Boudou, patoteros como Luis D'Elía y Fernando Esteche e impresentables dirigentes del cristinismo. Es que, siguiéndolo a De la Torre, "la adhesión al fascismo importa, en esencia, el desconocimiento a la soberanía del pueblo...".Todos estos hechos revelan que se ha formado un frente de tormenta que, cuando se desencadene, provocará graves problemas al gobierno democrático. Los improvisados jefes de los partidos políticos (o, mejor, lo poco que queda de ellos) parecen no advertir el peligro que acecha a nuestra débil república. Ni siquiera lo denuncian, subestimando las claras y muchas evidencias que demuestran la existencia de un siniestro plan para demolerla. En el radicalismo, casi en soledad, Eduardo Angeloz sobreponiéndose a su avanzada edad (luego de admitir que fue un gran error impulsar la reforma constitucional que le permitió sucederse a sí mismo como gobernador) retornó a las tribunas para evocar que la misión histórica de la UCR es actuar como centinela insobornable de la Constitución.Hacía falta que se diera ese paso para agitar la conciencia dormida de muchos de sus correligionarios. Cerrarle el paso al neofascismo es el deber republicano de estos días. Antes que sea tarde. * Abogado