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La patria, en la orilla del otro Bicentenario

Estamos hechos de papel, del ordinario papel de cada día y de los solemnes pergaminos de la historia. Somos hijos de nuestros padres, y padres de nuestros hijos; somos hijos de sueños, padres de sueños.

03 de julio de 2016 a las 12:01 a. m.
La patria, en la orilla del otro Bicentenario

Somos pequeños, muy pequeños, fugaces, transitorios, murientes, materia de la nada del olvido. Estamos hechos de sangre y cielo, de carne y tiempo, de sol y lluvia. Somos los gigantes del hoy, los dueños del presente, los que tenemos una porción de eternidad entre las manos. Estamos hechos de papel, del ordinario papel de cada día y de los solemnes pergaminos de la historia. Somos hijos de nuestros padres, y padres de nuestros hijos; somos hijos de sueños, padres de sueños. Tenemos un lugar en la inmensidad de la Tierra y, en la Tierra, un lugar en la vastedad del cosmos. Tenemos un latido entre todos los latidos de los hombres; un abrazo en lo profundo de la oscuridad; la sabia del ayer, la esperma del después. Tenemos una piel para lo umbrío y el frío, y otra para la luz, para desnudarla a la claridad de los días y del amor. Tenemos la palabra de la soledad y las palabras contra la soledad. Estamos hechos de barro y razón, de pan y vino, de azar y conciencia, de dios y desamparo, de pecado y purgatorio. Somos hijos de una patria, padres de una patria. La patria es el pasado y el destino, es la naturaleza que fecunda y es la comunión de hombres y mujeres con la vida; es el dolor y la esperanza, la memoria y la ilusión, el ardor y el bálsamo. La patria es la determinación de la tierra y el paisaje, nuestro modo de entendernos con la naturaleza que nos ha tocado. Y eso no es sólo saber hundir las manos en la tierra y hacerla germinar, ensayando anhelos de prosperidad; transformar la materia en conocimiento aplicado a través de la industria. Es también percibir y encauzar las vibraciones de esa naturaleza con el alma y los sentimientos de nuestros hombres y mujeres hasta enarbolar una cultura singular, un arte propio. La patria somos nosotros, argentinos y americanos. Somos los que la hacemos cada día, los que la hicieron y los que la harán; los luchadores de la hora original, los que jalonaron nuestra historia y los que vendrán después. La patria, además, es no temerle al mundo. Es montarse sobre él y mirar sus cosas con ojos propios; dejarlo venir y hacer nuestra propia cosecha. La semana del Bicentenario de la Independencia ha comenzado. La patria es el fuego del hogar que no se paga, y lleva dos siglos ardiendo en un rincón de cada casa. Se trata de nosotros, los de antes, los de ahora y los de mañana. ¡Viva la patria!