La madre de todas las elecciones
Si bien es difícil que haya fraude, la mayor debilidad de estas elecciones en Venezuela reside en unas condiciones de competencia no equitativas. Daniel Zovatto.
Las elecciones presidenciales venezolanas del próximo domingo pueden ser calificadas como "la madre de todas las elecciones". El resultado repercutirá en toda la región, donde Hugo Chávez encabeza y financia una alianza continental, el Alba, basada en los postulados ideológicos del "socialismo del siglo 21". Más que ante una elección presidencial, estamos ante un plebiscito en el que se juega la continuidad de Chávez y su régimen. En caso de que perdiera, colapsaría, aunque no necesariamente el chavismo como movimiento. También el Alba se debilitaría o desaparecería.Si ganara, el chavismo habría vencido por cuarta ocasión sucesiva en una presidencial y se colocaría en la senda para gobernar durante 20 años de forma ininterrumpida. Final abierto. Un par de precedentes marcan estos comicios como los más competitivos de los últimos 14 años. Por primera vez, Chávez no marcha como favorito indiscutible. En 1998, aventajó por más de 16 puntos a su contrincante; en 2000, por más de 22 puntos, y en 2006, por 26. Más allá de la guerra de encuestas, su ventaja habría menguado y, si bien Chávez sigue siendo favorito, un triunfo de Capriles no es imposible.Según la última encuesta de Datanálisis (difundida el 25 de septiembre), Chávez aventaja a Henrique Capriles por 10 puntos (49,4 por ciento a 39 por ciento), pero existe un 11,6 por ciento de indecisos, quienes se han decantando de manera mayoritaria (en un 83,6 por ciento) en favor de Capriles.También por vez primera la oposición se ha unido en la amplia coalición Mesa de Unidad Democrática (MUD), con un candidato único. Capriles es joven (40 años), enérgico y libre de vínculos con la vieja partidocracia. Se ubica en el centroizquierda y ya ocupó cargos como alcalde y gobernador. En campaña, recorrió todo el país con su estrategia de puerta a puerta, derrochando vitalidad frente a un Chávez debilitado que se recupera del cáncer. Comicios inéditos. Venezuela es el único país de América latina (salvo el caso especial de Cuba) donde se permite la reelección indefinida. Esto significa que, de ganar, Chávez gobernaría hasta 2019. Implicaría 20 años en el poder, algo atípico en Latinoamérica, donde las hegemonías políticas personalistas, en democracia, rara vez excedieron los 10 años consecutivos. El ritmo de la campaña lo marcó la salud de Chávez. Si bien parece que por ahora, tras un tratamiento en Cuba, ha logrado vencer el cáncer, una recaída no puede descartarse.Suponiendo que Chávez ganara, si su salud volviera a complicarse dentro de los primeros cuatro años de su nuevo gobierno (colocándolo en una situación de "falta absoluta"), el artículo 233 de la Constitución bolivariana impone que el vicepresidente asuma el poder y convoque a nuevas elecciones en 30 días. El vicepresidente sólo podría completar los años restantes en el caso de que Chávez ya hubiera cumplido su cuarto año en el poder.Esta no sería la única forma en que el régimen chavista podría verse debilitado en el futuro cercano. El 16 de diciembre habrá elecciones regionales (gobernadores); en abril de 2013, municipales, y en 2015, legislativas. Y a partir de 2016 podría convocarse un referéndum revocatorio (artículo 72 de la Constitución bolivariana). Posibles escenarios. Tan importante serán los resultados (y, sobre todo, la diferencia entre el primero y el segundo lugar) como su aceptación o rechazo por parte del oficialismo y de la oposición. Según ambos, el sistema electoral es confiable y permite su control y monitoreo a lo largo de todo el proceso. El riesgo de un fraude masivo no detectable es muy bajo, pero resulta crucial que la coalición MUD ubique a sus "testigos" en todas las mesas de votación. Si bien es difícil que haya fraude, la mayor debilidad de estas elecciones reside en unas condiciones de competencia no equitativas.Según el reciente informe del Woodrow Wilson Center e Idea Internacional (elaborado por Genaro Arriagada y José Woldenberg), el aparato del Estado se ha puesto al servicio de la candidatura oficialista, con una utilización abusiva de sus recursos y de los medios de comunicación públicos.A ello hay que agregar la utilización clientelar que el oficialismo hace de las "misiones". El financiamiento de las campañas es opaco; aunque claro el abrumador predominio del gasto del chavismo.Un tema al que se debe prestar atención es el papel de las fuerzas armadas, pues aunque la cúpula es chavista, resulta dudoso (o al menos deseable) que el Ejército respalde un fraude o desconozca un resultado electoral que diera el triunfo a la oposición. Principales retos. Dejando a un lado la reacción del perdedor, quien asuma la presidencia tendrá que afrontar grandes retos. Si Chávez triunfa, deberá hacer frente a desafíos importantes. En el plano económico, las medidas de ajuste son impostergables, dada la espiral inflacionaria en que se encuentra el país. En el social, la inseguridad sigue siendo un grave problema. Según un informe reciente de la ONU, Venezuela es el quinto país del mundo en cantidad de homicidios y el octavo en secuestros. En materia política, Chávez tratará de profundizar el modelo "socialista bolivariano del siglo 21", lo cual dependerá de cómo evolucione su salud. Si sufre una recaída, el régimen intentará mantenerlo en el poder el mayor tiempo posible, para evitar la convocatoria a nuevas elecciones, pues en sólo 30 días habría que planificar una campaña y, algo mucho más difícil, encontrar al heredero político.En este escenario (triunfo de Chávez), el reto para Capriles será mantener unida a la oposición, muy heterogénea y disímil, sobre todo si surgen divergencias, por ejemplo, entre reconocer o no el resultado de las elecciones.La eventual continuidad de la unión de la MUD y del liderazgo de Capriles dependerá en buena medida de la diferencia con que resulte derrotado.En cambio, si ganara la oposición, Capriles debería afrontar tres retos principales: 1) que se le reconozca su triunfo; 2) transitar con éxito el período que va del 8 de octubre de 2012 al 10 de enero de 2013 (fecha en que asumiría como presidente); y 3) gobernar en un contexto muy complejo –sobre todo en los primeros años–, donde la concentración del poder en manos del chavismo plantearía a la oposición enormes dificultades de gobernabilidad.Deberá enfrentar, asimismo, a un Legislativo en el que el chavismo sería mayoría, al menos hasta la renovación de la Asamblea Nacional y, dependiendo del resultado de las próximas elecciones, el eventual control de un número importante de gobernaciones y de alcaldías. Conviviría, además, con un Tribunal Supremo de Justicia controlado por el chavismo, al igual que los otros poderes del Estado. Es así como Venezuela se enfrentará en pocos días a unas elecciones cruciales, a un plebiscito con final abierto que puede otorgar nuevo aliento a Chávez o, por el contrario, marcar el final del chavismo como régimen en el poder, aunque tal vez no como movimiento político.

