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La libertad de conciencia

Si un buen creyente se levanta una mañana y dice que ya no cree más en Dios, eso es asunto suyo, y que Dios lo bendiga. Alejandro Alí Badrán.

14 de mayo de 2013 a las 02:00 p. m.
Alejandro Alí Badrán*
La libertad de conciencia

En el diccionario escolar, leemos que “apóstata” es la persona que cambia de opinión o de doctrina.

En idioma árabe, la apostasía se denomina ridá y entre los musulmanes esto supone un gran desafío, ya que la libertad de conciencia es uno de los principios más firmes y reiteradamente establecidos en el islam, sin que pueda caber la menor duda sobre ello.

Dice el Corán: “Oh, Profeta: tu tarea es solamente exhortar a las personas y enseñarles, pero no puedes obligar a nadie a creer en Dios” (21-22) y también: “La verdad viene de Dios, nuestro Creador, así pues quien quiera creer que crea; y quien no quiera creer que lo rechace” (18-29).

Según estos y otros versículos del Corán, la libertad religiosa y de conciencia son inherentes al islam. Nadie puede obligar a otro a creer o a mantenerse por la fuerza dentro de la religión.

Una persona forzada a aceptar una creencia no se convierte por ello en un creyente, ya que en asunto de religión no hay coacción que tenga valor.

Los teólogos musulmanes concuerdan en el hecho de que es completamente irracional pensar que se puede imponer una determinada fe.

Sólo Dios puede juzgarlos. En la época del profeta Mahoma (Muhammad), hubo casos de personas que se convertían al islam y luego abandonaban a su comunidad. Sin embargo, no conocemos ningún caso en que el profeta se hubiese molestado. Al contrario, seguía manteniendo la buena amistad para con ellos.

Al respecto, el Corán nos dice: “Ciertamente, a aquellos que llegan a creer y luego niegan la verdad, y de nuevo creen y de nuevo niegan la verdad, para luego obstinarse en su rechazo de la verdad, Dios los juzgará en el más allá...” (4-137). Después de la muerte del profeta, varios de sus seguidores abandonaron el islam y sin embargo no hubo ningún rechazo hacia ellos.

Los libros sagrados expresan claramente que los apóstatas sólo serán juzgados por Dios el día del juicio final, o sea, cuando nos presentemos ante nuestro creador a rendir cuentas de nuestro paso por esta vida terrenal.

Interpretaciones riesgosas. Algunos dirigentes islámicos afirman que hoy no tiene nada que ver la apostasía con el abandono de la fe, por lo que se debe luchar difundiendo la palabra de Dios a lo largo y lo ancho de todo el mundo.

Otros teólogos, en cambio, relacionan la apostasía con aquellos que se hacen pasar por musulmanes para infiltrarse y destruir al islam desde adentro. Sostienen que “la base de la nacionalidad islámica es religiosa y no étnica ni lingüística. Por ello, la apostasía ha sido considerada de modo natural como una traición política.

Estas interpretaciones pueden prestarse a distintos tipos de abusos, como cuando años atrás fuera lanzada una declaración de apóstata contra el premio Nobel de Literatura Naguib Mahfud, lo que bastantes problemas le acarreó a este famoso escritor egipcio.

Este caso y otros similares ponen en evidencia el carácter político e ideológico de la apostasía, la cual puede convertirse en un instrumento para la represión de aquellos que tengan visiones diferentes.

Si un buen creyente se levanta una mañana y dice que ya no cree más en Dios, eso es asunto suyo y que Dios lo bendiga.

Uassalamu alaicum (la paz sea con todos).

*Imán, integrante del Comipaz.