La imagen de la nada
En general, no se observa un trabajo serio, responsable y eficiente, de ningún partido, tendiente a fidelizar a los votantes propios, seducir a los neutrales o independientes, y buscar la adhesión de los que responden a otras fuerzas.
Cuando faltan pocos días para las elecciones legislativas, la ciudad se ha convertido en un gran spot publicitario, con propaganda de los nueve partidos que presentarán candidatos el 27 de octubre ocupando prácticamente todos los espacios públicos disponibles, y más todavía.
Toda asesoría o consultora especialista en marketing político o imagen corporativa sabe muy bien lo importante que es posicionar al asesorado en la sociedad a través de herramientas de comunicación, como una ilustración atractiva, una frase ingeniosa, una idea original, un diseño impactante o un jingle pegadizo.
Además, se analizan otras variables para que el resultado sea positivo, que es bueno mencionar: ¿dónde se difunde la publicidad?, ¿con qué periodicidad?, ¿se privilegia la persona o el partido?, ¿se abordan temas estructurales o coyunturales?, ¿se prioriza un lenguaje agresivo contra el adversario a vencer o se privilegia las potencialidades de los candidatos propios?
En suma, como todo trabajo en equipo, se aplica una estrategia tendiente a exagerar las debilidades ajenas y a maximizar las fortalezas propias, intentando dotar a cada mensaje de un lenguaje oral, gestual y escrito, que privilegie el arraigo con la ciudad a la que se pertenece y promueva una identidad (empatía) con los potenciales electores.
Fallas
Pues bien, a tenor de lo que se ve, poco y nada de lo descripto parece haberse tomado en cuenta, y los cordobeses asisten atónitos a un sinfín de consignas sin sentido, expresiones ahuecadas, sonrisas fingidas y reproches mutuos entre los futuros representantes del pueblo.
Se ha fallado en la forma y en el fondo.
Se ha fallado en la presentación y en el contenido.
Vamos por partes: la profusa publicidad gráfica ocupa los lugares públicos disponibles y pagos (cartelería en cubreobras, carapantallas, cuádruples, séxtuples, gigantografías), pero también avanza sobre espacios públicos donde está especialmente prohibido pegar afiches o carteles (edificios, postes de luz, semáforos, árboles, plazas, monumentos, casas).
Ni mencionar la “viveza criolla” de algunos partidos relativamente pequeños que, bajo la reprochable argumentación de no disponer de recursos económicos, envían a sus militantes a pegar las fotos de los candidatos (en hoja tamaño oficio o A3) sobre los espacios pagados por otros postulantes legislativos.
Lejos de las necesidades
Más allá del trabajo desarrollado por los equipos de asesores en cada caso, el resultado es realmente desalentador pues, en lo que respecta a la presentación de los candidatos, parece haber prendido la ley del menor esfuerzo y, entonces, se observan propagandas que lejos están de responder a las necesidades de los ciudadanos.
Veamos algunos casos: que Roberto Cucui utilice la cacofonía de su apellido o que el exárbitro de fútbol, Héctor Baldassi, propicie “meter un cambio” no son, precisamente, expresiones felices, que denoten cierto esfuerzo interpretativo y argumentativo.
Lo mismo ocurre, por ejemplo, con el Frente para la Victoria, que bajo el engañoso eslogan “Hablemos de Córdoba” (las elecciones son para diputados nacionales, no para intendente ni para gobernador de Córdoba) hace foco en lo que le falta a la provincia antes que en los proyectos que la lista llevaría al Congreso.
La música utilizada, un rap (ritmo nacido a mediados del siglo 20 entre la población afroamericana de Estados Unidos, que privilegia las rimas y el juego de palabras) nada tiene que ver con la idiosincrasia, la realidad, los gustos y las características de los ciudadanos locales.
Del otro lado del mostrador, en Unión por Córdoba, no le van en saga. Blanquita Rossi dicta recetas de “cocina política”, Juan Schiaretti es “el Gringo Bueno”, y el hasta ayer contendiente interno Martín Llaryora ahora es “lo nuevo”.
La UCR “resucitó” a su número dos, Soledad Carrizo (no apareció en ningún afiche para las primarias de agosto), y, según proclama del partido, Diego Mestre puso el Centro de la ciudad en condiciones (parece que se olvidaron de que los vendedores ambulantes gozan de buena salud y que después de las 20 hay que ser muy guapo para cruzar la peatonal).
En general, no se observa un trabajo serio, responsable y eficiente de ningún partido, tendiente a fidelizar a los votantes propios (parasimpáticos), seducir a los neutrales o independientes (simpáticos) y buscar la adhesión de los que responden a otras fuerzas (contrasimpáticos).
Ante la inercia de algunos candidatos (los que van primero no quieren debatir), la mezquindad de otros (sólo quieren hablar de los temas que les convienen) y la abulia de la mayoría (faltan propuestas, proyectos e ideas), los cordobeses deberán aguzar el ingenio para equivocarse lo menos posible el 27 de octubre.
*Periodista, asesor de imagen.

