La estrategia del Gobierno para octubre
De Vido dio esta semana una señal. Planteó la necesidad de que el kirchnerismo vaya en un frente electoral con otros partidos. Horacio Serafini.
Posicionar a Mauricio Macri, cabeza de la centroderecha, como "el enemigo" a vencer. Neutralizar dentro del peronismo a "enemigos" potenciales (Daniel Scioli) o declarados (José Manuel de la Sota). Buscar acordar, o en el peor de los casos, pactar no agresión, funcional a futuros acuerdos legislativos, con sectores de oposición identificados con la centroizquierda de la que se proclama líder, y que, aun con sus cuitas y con sus glorias, contradicciones y sobreactuaciones, ciertamente lidera desde hace una década. Sobre estos supuestos basa su accionar el Gobierno nacional hacia las elecciones legislativas de octubre. Señales de esta estrategia las dio esta semana la presidenta Cristina Fernández, pero también su ministro de Planificación, el "pingüino" Julio De Vido. Que esto fructifique dependerá, como siempre, y al decir de Bill Clinton, de "la economía, estúpido". Primero lo primero. Para ser centroizquierda, otro tiene que ser centroderecha. Macri, por su historia y por su presente de gobierno, lo es. Hasta parece esmerarse en serlo, atento a un juego que lo posiciona como el opositor mayor ante los argentinos que se oponen al Gobierno. Cómo explicar, si no, que haya rehuido durante un año a hacerse cargo del subte, pero que al mismo tiempo haya aumentado la tarifa 141 por ciento y ahora planee hacerlo en otro 40 por ciento; aumentado en al menos 200 por ciento la tasa de alumbrado; y endeudado en más de 200 por ciento las finanzas de un distrito que, con relación a su población, tiene el mayor presupuesto del país. Son estos datos los que llevaron a la Presidenta a identificarlo con nombre y apellido como "el enemigo". Para colmo, Macri se había encargado de abonar en las horas previas esa condición, a propósito de la pelea que el país tiene con los fondos buitre, cuando pidió por que Argentina se desendeude. ¿De qué deuda? De la que la Presidenta le refrescó: el grueso de la deuda canjeada en 2005 y 2010 venía de 1978-82, engordado por la estatización de la deuda privada, en la que se encuadra la de las empresas de su padre, Franco Macri. ¿Cinismo, golpe de efecto, oportunismo de Macri? ¿Puede ser ese el camino para construir una oposición? Segundo: neutralizar al que, desde adentro, aguarda para pegar el salto. Desde que dijo que se anota primero para 2015 si Cristina no tiene la posibilidad de re-reelección, su relación con la Rosada ha sido pendular. Durante esta semana, Scioli recibió un cachetazo abierto de la Presidenta, por no declarar sus ahorros en dólares; y dos sordos: a propósito de su proclamada necesidad de consensuar, en el discurso por la llegada de la Fragata Libertad; y por su intento, rechazado, de fijar una tasa vial a los combustibles. No es el mismo caso de De la Sota. El cordobés es el único gobernador peronista enfrentado al Gobierno, que juega abiertamente para candidato a 2015. Pero el enfrentamiento que sostuvo en 2012 por los fondos de la Caja de Jubilaciones y luego por el 15 por ciento de la coparticipación, hasta implementar la tasa vial, no parece ser fructífero. Los cordobeses prefieren que se atenga a la administración provincial, aun cuando refractan al kirchnerismo. El resto de los argentinos no se entusiasma con su precandidatura. La Presidenta pareció haber tomado nota de esto. Como también del descontento por el desmedido aumento del transporte en Córdoba capital. Sin mencionar a De la Sota y a Ramón Mestre (el rival es y debe ser Macri), les enrostró, como al porteño, los "ajustes de shock". No se hizo cargo de cuánto tiene que ver la Nación en esos aumentos, pero admitió, por primera vez, la necesidad de hacerlos, aunque sea "gradualmente". Como también, por primera vez, dijo que le preocupa la inflación. Cristina lo hizo en forma menos abierta que la titular del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont, ésta a raíz de las comisiones de 25 por ciento que los bancos, grandes ganadores el año pasado, quieren aplicar a las comisiones. Por último, la oposición afín. Repartidor de voluminosos recursos para obras públicas express (antes de las elecciones) directamente contratadas por los intendentes, De Vido dio esta semana una señal. Planteó la necesidad de que el kirchnerismo vaya en un frente electoral con otros partidos: "El esquema frentista no significa que el radical o el peronista deje de serlo, sino trabajar en conjunto por un proyecto". Propuesta de máxima, inimaginable a nivel de distritos, pero que trasunta la decisión de recrear una suerte de "neotransversalidad", que pase al menos por la no agresión electoral seguida de acuerdos pro reforma constitucional. ¿El Partido Nuevo cordobés podría estar entre ellos?

