La esperanza de los que no quieren irse
Una de las virtudes que los peronistas se reconocen es reunificarse siempre alrededor de un nuevo poder, sea propio, para sufructuarlo, o ajeno, para jaquearlo.
Dentro del peronismo oficialista, se vigoriza una teoría que le está devolviendo a ese sector los entusiasmos perdidos a raíz del ejercicio hegemónico del poder que ha hecho el kirchnerismo duro en los últimos 11 años. Todo se construye en torno de Daniel Scioli, en cuya candidatura presidencial desembocaría el apoyo de Cristina Fernández, más por necesidad que por convicción. Ninguno de los otros aspirantes cercanos a la Presidenta mide tanto en las encuestas ni se perfila como capaz de atraer a segmentos moderados de la sociedad que quieren cambios, pero no muchos. No es lo único interesante que le ofrece Scioli a Cristina. Cerca de la mandataria, están convencidos de que la lealtad del gobernador bonaerense les garantizaría a ella y a su familia una razonable protección contra las denuncias que se acumularán al final de su gestión. Esas mismas fuentes confirman que, en lo estrictamente político, Scioli ya le ha ofrecido todo a Cristina con tal de llegar a presidente. ¿Qué es ofrecer todo? Hasta los operadores de Scioli lo admiten: que ella ponga al vicepresidente, arme las listas de diputados y senadores nacionales y las listas legislativas provinciales de los candidatos a gobernador que apoyen. A futuro El único obstáculo a ese plan fue puesto por los intendentes sciolistas del conurbano bonaerense: se resisten a que sus listas de concejales estén pobladas por jóvenes de La Cámpora, pues temen perder su poder territorial. Amigos de Daniel cuentan que en la intimidad alguien le preguntó si con todas esas concesiones no se convertiría en un presidente-títere. "Esperá que tenga la banda puesta y vas a ver", respondió con seguridad.Una de las virtudes que los peronistas se reconocen es reunificarse siempre alrededor de un nuevo poder, sea propio, para usufructuarlo, o ajeno, para jaquearlo.Ahora creen que una vez que Scioli esté en la presidencia, habrá alineamiento y que los sectores duros del kirchnerismo deberán adaptarse o quedarán afuera.La teoría despliega el supuesto de que se agudizarán las diferencias entre ambos sectores y, finalmente, Scioli –más peronista, con mejores modales y con la chequera en la mano– encabezará un gobierno justicialista inscripto en la modernidad.Hasta aquí, los entusiasmos, pero aparecen a la vez puntos oscuros. Uno es cuál será el rol de Cristina desde diciembre del año próximo.El armado de las listas electorales podría ubicarla como primera candidata a diputada por la provincia de Buenos Aires, para traccionar votos. Otra idea es que vaya en las boletas como parlamentaria al Mercosur, pero esta opción no otorga fueros ante la Justicia argentina, algo que muchos consideran imprescindible para el futuro de la Presidenta.Cualquiera sea su lugar, por la cantidad de legisladores kirchneristas que conllevaría un triunfo de Scioli en esas condiciones, ella se convertiría en la jefa de las mayorías parlamentarias.Con este esquema, tanto el peronismo oficialista como los kirchneristas puros creen que ganarán en primera vuelta con poco más del 40 por ciento de los votos. Y que ni Sergio Massa ni Mauricio Macri llegarán al 30 por ciento, por lo que no habría balotaje. Los demonios Nuevos acontecimientos que se producirán en los próximos días –cautelares, recursos de amparo por intervenciones, apelaciones, etcétera– devolverán a la Justicia al centro de la escena como enemiga del Gobierno. Cristina está indignada y decidida a dar todas las batallas hasta el último día de su mandato. En los pasillos de Tribunales, dicen que para ella "la Corte es el infierno y su presidente, Ricardo Lorenzetti, es el diablo". El último motivo de furia fue el fallo de la Corte Suprema que restableció la cautelar que prolonga el litigio entre la Administración Federal de Ingresos Públicos (Afip) y el diario La Nación , Perfil y varias publicaciones del interior por un diferendo impositivo. Al parecer, antes de conocerse el fallo de la Corte, el titular de la Afip, Ricardo Echegaray, le habría planteado a la Presidenta que exigirles el pago a esos diarios sería discriminatorio. La respuesta habría sido contundente: "Antes de favorecerlos con una firma, me corto la mano".Como dato político, Echegaray habría hecho la gestión a pedido de Scioli, con quien mantiene excelentes relaciones porque aspira a quedarse en la Afip si Daniel resulta presidente. Lo cierto es que a los pocos días apareció el fallo de la Corte. Cristina montó en cólera y le ordenó al jefe de Gabinete decir que era "una afrenta al funcionamiento de las instituciones republicanas y democráticas". Pequeñas y lamentables delicias de la vida institucional de la Argentina.

