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La educación que se toma vacaciones

Parece que las vacaciones marcaran el final de la tarea educativa. María Alejandra Lazzarini.

22 de enero de 2012 a las 12:01 a. m.
María Alejandra Lazzarini (Docente)
La educación que se toma vacaciones

Parece que las vacaciones marcaran el final de la tarea educativa. Es posible pensar así porque la escuela se desentiende de los alumnos y de los padres de los alumnos; porque los alumnos dejan su " habitus " de tales y se convierten en niños, adolescentes y jóvenes liberados de las rutinas escolares; los padres ejercitan la vida sin los tiempos de la escuela (lo cual a veces les trae algunos problemas).Parece que las vacaciones liberaran al Estado, a los funcionarios de turno, y la sociedad en su conjunto de la razón y pasión existencial de la educación en su sentido más amplio, complejo y sistémico.¿Sólo se piensa y se trabaja en educación mientras las escuelas están abiertas? ¿Es la educación un acontecimiento más allá de los espacios formales? ¿Quién o quiénes piensan en la educación ligada a la cultura, los procesos de cambio, el progreso?¿La educación informal nos libera de la posibilidad de pensarla y/o planificarla o al menos descubrirla en sus múltiples manifestaciones? ¿No tienen responsabilidades educativas los medios de comunicación? ¿Qué transforma al ocio y sus formas de manifestación en un acontecimiento educativo? Podríamos seguir formulando preguntas en torno a este hecho. Quizás el calendario y el tiempo de descanso que éste marca puedan remitirnos a una responsabilidad originaria de todo hombre, la de preguntarnos. Si no hay preguntas, hay ausencia, pérdida, hastío. Si no hay preguntas sobre educación, no hay esperanzas y sin esperanza el futuro es nada, ni siquiera posibilidad o proyecto.La educación no puede tomarse vacaciones porque ese acontecimiento no puede reducirse, rehusarse a ser pensado en su más relevante intencionalidad todo el tiempo y en todas sus dimensiones: como una constante política, como una construcción permanente, como un proceso de transformación, como un desafío inherente a la sociedad.Los reduccionismos pueden ser prácticos a la hora de la acción concreta, pero nos dejan sin la visión necesaria y sin el horizonte posible.Los funcionarios, los que tienen la obligación de mantener la visión y de correr el horizonte de lo posible, no pueden tratar a la educación como mera cuestión de agenda, ni resolver dejar de abordarla críticamente sólo porque se hayan resuelto los plazos de vigencia de las transformaciones o se hayan acordado cuestiones en la microesfera política que la sociedad –en su conjunto y como agente socializante– desconoce o ignora.