La economía no perdona
La desocupación y la marginalidad, lejos de resolverse, han comenzado a deteriorarse. Inversamente, los subsidios crecen y el gasto público se torna incontrolable. Manuel Tagle (hijo).
Grandes distorsiones económicas ha generado la política intervencionista de la Nación. Asistimos a su última etapa. El Gobierno se ve obligado a doblegar los esfuerzos para controlar todas las variables económicas desde el Estado. Como la droga, la profundización de esta política se ha transformado en una adicción. Se requieren cada vez mayores dosis de intervención para controlar los desvíos. Pero los resultados transitorios que se obtienen son cada vez más efímeros.En este contexto, se ahuyentan los capitales. Junto con Venezuela, somos el país que menos inversiones externas recibió en los últimos años.Sin ellas, se frenan el crecimiento y, más aún, el desarrollo. La desocupación y la marginalidad, lejos de resolverse, han comenzado a deteriorarse. Inversamente, los subsidios crecen, el gasto público se torna incontrolable y, por añadidura, aumentan la inflación y la inseguridad.Resulta imperdonable haber desperdiciado nuestra riqueza y el extraordinario contexto internacional de estos últimos 10 años. Pudimos recuperar el terreno perdido y acortar las distancias que hoy nos separan de Canadá, Australia o Nueva Zelanda, países con los que compartíamos hace 60 años el mismo nivel de desarrollo.Las manifestaciones espontáneas y contundentes de la clase media en todo el país representan, por primera vez, un claro requerimiento de cambio. Ello implica que gran parte de la sociedad lo exige y lo cree posible.En efecto, el momento histórico sigue siendo favorable y, con nuestra riqueza, el Gobierno aún podría cambiar. Si lo hace, con la autocrítica que caracteriza a las personas inteligentes y sensibles, la reacción del país sería asombrosa.Dejar atrás los vestigios de populismo y demagogia de esta política implicaría poner definitivamente al país de pie, salvando al actual gobierno de crecientes dificultades.Recientes declaraciones de Rudolph Giuliani, ex alcalde de Nueva York, explican las confusiones conceptuales que nos caracterizan desde hace tiempo. Decía: "Nosotros no confiamos en el poder del Estado, creemos en el maravilloso poder de los individuos, ese poder que hizo grande a esta nación".

