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La economía acelera las batallas políticas

Nada golpearía tanto los sueños de eternidad del cristinismo como perder los comicios de medio término. Por eso los esfuerzos para deteriorar la imagen de Scioli. Carlos Sacchetto.

13 de mayo de 2012 a las 12:01 a. m.
La economía acelera las batallas políticas

No son cuestiones que interesen en forma directa a la inmensa mayoría de los argentinos. No se trata de definir medidas que vayan a mejorar la vida a los más necesitados, ni servirán para crear nuevos puestos de trabajo. Es pura lucha por el poder, protagonizada por unos que quieren alcanzarlo y otros que no quieren perderlo. Esa es exactamente la principal tarea a la que están abocados los dirigentes de las distintas variantes que hoy conforman lo que genéricamente se llama peronismo.La guerra ya desembozada que se libra en la provincia de Buenos Aires entre el gobernador Daniel Scioli y su vice, Gabriel Mariotto, es la expresión más visible de lo que sucede, pero no la única.En otros ámbitos, incluidas las cámaras legislativas, municipios y hasta en el Gobierno nacional, se viven situaciones parecidas. No es casual que esta virulencia haya aumentado en momentos en que la gestión de Cristina Fernández atraviesa serias dificultades económicas. Sin chistar. El corralito cambiario que afecta hasta a las compras no especulativas de dólares, y el enojo presidencial con todos los gremios que piden en comisiones paritarias que los salarios se actualicen al nivel de la inflación revelan que el modelo tiene limitaciones marcadas y requiere ajustes urgentes. El Gobierno no quiere pagar costos políticos. Por eso necesita detrás de Cristina una fuerza cohesionada, que acate sin quejas las medidas restrictivas en marcha.El caso de la batalla bonaerense se inscribe en ese marco, pero reconoce a futuro otras motivaciones. Se trata del principal distrito en número de votantes y el más fuerte bastión del peronismo. Pero allí reside el dirigente peronista mejor posicionado y, por tanto, el más temido electoralmente por el cristinismo. Scioli, pese a sus actitudes muchas veces próximas a la obsecuencia, primero con Néstor Kirchner y luego con la actual mandataria, tiene aspiraciones personales de llegar a la presidencia en 2015.Es evidente que los sectores más ligados en esta etapa a Cristina, como La Cámpora, la Agrupación Evita o las nuevas juventudes kirchneristas, no tolerarían a un líder como Scioli. Lo ven ajeno, vinculado con el viejo peronismo, con los empresarios y con lo que consideran la derecha controlada por las corporaciones. Planteada la diferencia en esos términos, ambos sectores resultan irreconciliables.¿Por qué es este el momento de producir el enfrentamiento? Los camporistas lo dicen sin vueltas: "Tenemos que evitar que el descontento que genere el ajuste sea capitalizado por Scioli". Temen que el gobernador reactive el aparato territorial bonaerense, establezca acuerdos con otros mandatarios y caudillos provinciales y termine concentrando las expectativas del peronismo tradicional el año próximo, cuando se realicen las elecciones legislativas.Nada golpearía tanto los sueños de eternidad del cristinismo como perder los comicios de medio término. Por eso los esfuerzos cada vez más acelerados para deteriorar la imagen de Scioli, entorpeciendo su gestión de gobierno. Es, también, una advertencia explícita al resto del peronismo de todo el país, que se mantiene en silencio y mira con algo de asombro y desconfianza el avance K.El encolumnamiento que se le pide al peronismo político también es una exigencia para los dirigentes sindicales. Sin embargo, la capacidad de queja que tienen los gremios por la utilización de medidas de fuerza estrecha los márgenes de acción del oficialismo. Una huelga puede no lograr nada, como dijo la Presidenta el jueves pasado, pero complica a cualquier gobierno. La intención de disciplinar a la CGT y la búsqueda de aislar a Hugo Moyano no se avizoran como acciones gratuitas para Cristina. Una sola voz. El otro escenario donde la Presidenta actúa con firmeza es el Poder Judicial. Lo demuestra lo sucedido con la renuncia de Esteban Righi, el apartamiento del juez Daniel Rafecas y la próxima separación del fiscal Carlos Rívolo de la causa en la que se investiga por presunta corrupción al vicepresidente Amado Boudou. Si Cristina logra imponer en el Senado el pliego de Daniel Reposo para designarlo procurador General, irá también por el alineamiento de la Justicia. Lo necesita, porque la defensa sin condiciones de Boudou separa por ahora de modo silencioso algunas aguas en el cristinismo.Estas batallas del Gobierno contra quienes fueron o son sus aliados se explican también por la falta de una verdadera oposición de la que cualquier oficialismo tendría que cuidarse. Como otras veces, la lucha por el poder se limita sólo al interior del peronismo, pero tiene consecuencias para toda la sociedad.