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La distribución del ingreso y la evasión tributaria

Salir de la pobreza tiene escasas excepciones para los más pobres. Esa oportunidad se cumple cuando superan el nivel educativo y cultural de sus padres. Salvador Treber.

12 de noviembre de 2010 a las 12:01 a. m.
Salvador (Treber Profesor de posgrado de la Facultad de Ciencias Económicas de la UNC)
La distribución del ingreso y la evasión tributaria

Dentro de la lista de materias pendientes, no sólo del actual gobierno nacional sino de los últimos 35 años, está el de haber coadyuvado –por acción o inacción– a una superior concentración de la riqueza y el ingreso. El año 1974 fue el punto culminante de un proceso de mayor justicia distributiva que hizo descender al escalón que abarca a los más ricos al 24,3 por ciento del producto interno bruto (PIB), el más bajo registrado hasta entonces. Luego de un caótico 1975, comienza una reversión que lleva esa proporción a 32,7 por ciento. Por el contrario, los ubicados en la base de la pirámide, los más pobres, disminuyeron su participación en la economía de 3,4 por ciento –el mejor registro– a sólo 1,3, ampliando de 6,1 a 24,2 veces, respectivamente, la brecha entre ambos deciles.Al margen del catastrófico 2002, en el que la economía cayó 10,9 por ciento y más de la mitad de la población se sumergió en la pobreza –trepando transitoriamente esa diferencia a 52 veces–, las dos peores décadas fueron las transcurridas de 1980 a 2000. La introducción de la Asignación Universal por Hijo (AUH) fue la medida que más contribuyó a atenuarla, pues la masividad y orientación hacia los hogares con menos recursos elevó en forma relativa sus condiciones de vida. Pero constituye un paliativo, mientras continúa sin resolverse el problema de fondo, ya que no apunta a remover las causas que han provocado esa carencia. Los 500 más grandes. En forma paralela, se produjo un cambio importante sobre la integración y relevancia que tienen los 500 grupos empresariales más importantes del país. En 1974, participaban en el circuito operativo en 34,6 por ciento del total, y los de origen nacional integraban el restante 76,3 por ciento. Éstos ahora cubren una franja sustancialmente menor –59,6 por ciento– de la actividad, mientras los de capital extranjero representan el 77, 4 por ciento. Este último aspecto es crucial. Significa que, en gran medida, las orientaciones esenciales y prioritarias corresponden a directivas que toman sus casas centrales o matrices, obviamente sin que graviten las consideraciones relativas de lo que más convenga al país. La fijación o evolución de su política de precios, márgenes gananciales, cronograma y calidad de las inversiones por realizar, fuentes de financiamiento, régimen de distribución de utilidades, extracción o destino de los respectivos dividendos, son algunos temas que, según cómo sean resueltos, habrán de provocar efectos y consecuencias sobre las variables de nuestro mercado interno. Movilidad social. El estudio sobre "Movilidad intergeneracional del ingreso", realizado por investigadores de la Universidad Nacional de La Plata (2009), reveló que 38 por ciento de los hijos de padres que moraban los tramos más bajos de la pirámide distribucional cuando ellos nacieron, no pudieron mejorar esa condición y siguen siendo pobres. La "hazaña" de llegar al quintil superior quedó reservada sólo al siete por ciento. El 22 por ciento logró acercarse a escalas intermedias, o sea equidistantes de los extremos. Por el contrario, de los que nacieron en la cúspide, siete por ciento perdió su categoría y pasó en la segunda generación a integrar la zona rezagada; 22 por ciento mantuvo su óptima ubicación y, mediando un leve descenso –de un solo escalón–, aparece otro 38 por ciento. Sobre los otros, el estudio no da precisiones. La conclusión es obvia: en general, los hijos de carecientes no tienen perspectivas de salir del "pozo" y ello contrasta con los que siempre vivieron en las "alturas", que exhiben una elevada chance de permanecer en una posición idéntica o muy semejante. Se verifica así una regla invisible, pero que se traduce en realidad numérica: salir de la pobreza es problemático y con escasas excepciones. Tal oportunidad se cumple cuando superan en medida muy notoria el nivel educativo y cultural de sus progenitores. Entre los que en su cuna estuvieron en los deciles superiores, un eventual descenso ha venido acompañado por un paralelo y marcado retroceso en su grado de formación respecto de sus padres.Un instrumento reconocido como altamente eficaz para modificar ese esquema regresivo de la distribución es la aplicación de una reforma tributaria que procure disminuir la carga a la variable consumo y la acentúe, en forma selectiva y creciente, sobre los sectores de altos ingresos. En Argentina no sucede. El financiamiento del gasto público está sustentado en relación inversa con lo aconsejable para cumplir ese objetivo. A ello se agrega que la evasión es sustancialmente mayor en los impuestos que recaen en la renta neta, convirtiéndose en un factor de agravamiento de la polarización. Nada se ha hecho para corregir esa notoria anomalía y, por lo tanto, el incremento global del ingreso –superior al 75 por ciento en el período 2003/2010– mantuvo la misma tendencia, lo que beneficia preferentemente a los más ricos.El trabajo mencionado establece que en 2009 se perdió de recaudar IVA por 23.510 millones de pesos (21,2 por ciento); el Impuesto a las Ganancias trepó a 54.889 millones. Un muy reciente estudio que lideraron los especialistas Juan Carlos Gómez Sabaini y Darío Rossignolo –encargado por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud)– aporta precisión a la sangría que supone la evasión tributaria en Latinoamérica. Para Argentina, establecieron que en 2009 había sido, en el IVA, de 21,2 por ciento. Una mención que debería hacer pensar: lo que se esquiva dolosamente en esos dos tributos equivale a casi cuatro veces lo que se gasta en salud y educación, sumadas. ¡Un verdadero crimen social!