Temas del día:

La democracia en un pueblo del interior

Se dejaron de lado el egoísmo, la vanidad, la figuración, el oportunismo, trampas y triquiñuelas, etcétera. Todo lo que interfiriera con la vocación política, que es estar al servicio de la comunidad.

08 de mayo de 2015 a las 12:01 a. m.
Edgardo Grosso*
La democracia en un  pueblo del interior

General Cabrera, mi pueblo, tiene alrededor de 14 mil habitantes, de los cuales unos 9.800 están en condiciones de votar.

El 26 de abril pasado, se realizaron elecciones municipales. El resultado se publicó: ganó la Unión Cívica Radical.

Pero no es esto lo que quiero resaltar, sino que me llenó de orgullo el funcionamiento de todo el proceso electoral. Si bien no es más que un aspecto de la democracia, nos permite compararlo con lo que ocurre y ocurrirá en otros distritos municipales, provinciales y nacionales.

Escuché a la intendenta actual –en la apertura del último período de sesiones del Concejo Deliberante– rendir cuentas a todos sus representados, el pueblo.

En un tono mesurado, sin agravios, sin crispamiento, con seriedad y alegría, destacó aciertos y errores en la tarea municipal, realizada entre todos, en beneficio del pueblo y de sus habitantes.

Llamó a elecciones de autoridades municipales respetando nuestra Carta Orgánica, independientemente de cualquier otra elección –gobernador, legisladores, presidenciales–, de modo que quedó al margen de presiones e intereses que no fueran los del pueblo mismo. Ese fue el espíritu de los constituyentes locales cuando la proclamaron, en su momento, por unanimidad.

Adversarios leales

Se presentaron dos listas: el Partido Justicialista (lista 2) y la UCR (lista 3). Todo el pueblo conoce a cada uno de los integrantes de ambas listas, todos conviven con ellos desde hace años, nadie puede inducirlos a error.

Sentí íntima satisfacción por la manera en que los partidos eligieron a sus candidatos; de los míos, porque estuve presente, pero me atrevo a decirlo también de nuestros adversarios.

Aunque existieran ambiciones personales –legítimas– en ambas listas, se las dejó de lado buscando a los candidatos

que se consideraba más adecuados a los intereses de la sociedad.

Se dejaron de lado el egoísmo, la vanidad, la figuración, el oportunismo, trampas y triquiñuelas, etcétera. Todo lo que interfiriera con la vocación política, que es estar al servicio de la comunidad.

Simple y elemental

Esa clase de actitudes no se advierte en otros ámbitos provinciales o nacionales, lo cual pone de manifiesto una notable diferencia de conductas.

Candidatos a intendente, jóvenes, deseosos de gobernar a su pueblo, para servirlo, pues, según mi experiencia, no hay mayor satisfacción en la vida de un político que haber sido intendente municipal de su pueblo.

Candidatos a concejales y a miembros del Tribunal de Cuentas, representativos de todos los sectores e intereses de la población, respetables por su vida pública y privada, con una virtud que los distingue: quieren a su pueblo y están dispuestos a trabajar por la felicidad de sus habitantes.

Satisfecho, aunque, claro, no todo es perfecto en una campaña política, ya que surgen algunos excesos de desubicados, pequeñeces que pasan inadvertidas, por el repudio de los vecinos que no toleran la división, el enfrentamiento, convencidos de que las elecciones deben ser para unir, para lograr la unidad en la pluralidad.

Se comprendió que no es indigno ni descalificante perder, que sí lo es ganar a cualquier precio. Fue corta y pacífica la campaña electoral, sin embadurnar con pinturas ningún tapial o casas propias o ajenas. Sólo carteles colgantes, que no son muchos y que los mismos militantes se ocuparon de sacar al día siguiente y mostrar al pueblo como si no hubiéramos tenido elecciones.

Ambos grupos visitaron casa por casa, cada uno explicando su plataforma, con prudencia y respeto recíproco.

Conocido el resultado electoral, el nuevo intendente, interpretando el sentimiento y pensamiento de los ciudadanos, abrió sus brazos e invitó a los ocasionales perdedores –sin especulación, sin rencores– a trabajar juntos por nuestro lugar de vida.

Así de simple, de elemental, debe ser el funcionamiento de la democracia en los comicios. Depende de los ciudadanos que le dan contenido, si se la quiere exitosa.

Actitudes y conductas simples, buena fe, mentes abiertas, sin especulaciones de ninguna naturaleza. General Cabrera tiene futuro.

* Exvicegobernador de la provincia de Córdoba