La caída del imperio americano
Nunca en la historia occidental una nación llegó a tanto poder, prestigio y supremacía en nombre de la civilización cristiana. José Amado Aguirre.
A través de la historia universal, comprobamos la secuencia fatal del ascenso y descenso de los grandes imperios. Lo aprendimos leyendo los acontecimientos de grandes naciones del Lejano Oriente. Luego concentramos nuestra investigación sobre la llamada civilización occidental. Resaltan los imperios relacionados con el aporte ideológico judaico, a través del máximo escrito de la antigüedad: la Biblia. Allí tenemos los grandes imperios de Egipto, Asiria, Persia, junto al inicio de la civilización helénica y romana. Luego, el colapso fatal del inmenso Imperio Romano, que había absorbido todo lo mejor y perdurable de la filosofía helénica, difundida al mundo por el máximo genio militar y civilizador, Alejandro Magno. Sólo quedaban fragmentos de naciones que buscaban su consistencia en la nueva ideología cristiana. Surgían intentos fallidos de imperios absolutos en la vieja Europa. Así transcurrieron siglos en el largo período medieval. Las luchas por el poder entre las nuevas naciones y el papado impidieron la concentración en un imperio al estilo romano.Luego de la llamada Reforma protestante, vienen los nuevos impulsos imperialistas, como corolario del descubrimiento y la colonización de las Américas a fines del siglo XV y comienzo del XVI. Europa se agranda con las nuevas conquistas portuguesas, españolas, holandesas y, sobre todo, inglesas. La nueva colonia inglesa de América del Norte se expande por la fuerza y por adquisiciones contractuales, hasta tener el inmenso territorio actual. Los principios cristianos fueron y son el fundamento de su Constitución y de sus leyes.Ese nuevo Estado se atribuye el nombre de "Estados Unidos de Norteamérica". Nominación que ya pretendía la unificación de toda la geografía del norte de América, sin importarle ni Canadá ni México. Esta nueva Nación cobró inmenso impulso gracias a su rica y amplia geografía y a la tenacidad e inteligencia productiva de tantos millones de inmigrantes, a los que se les concedieron libertades individuales y religiosas como todavía no se daban en la vieja Europa. Toda nuestra llamada civilización occidental y democrática se inicia con el impulso estadounidense.Y la historia sigue con nosotros y a veces contra nosotros... Por primera vez, interviene Estados Unidos eficazmente en las guerras europeas. Finaliza la cruenta Segunda Guerra Mundial con las bombas atómicas estadounidenses sobre Hiroshima y Nagasaki.Los Estados Unidos se van constituyendo, quiérase o no, en poderoso árbitro internacional. Nunca en la historia occidental una nación llegó a tanto poder, prestigio y supremacía en nombre de la civilización cristiana. Pero... ya vienen en tropel los datos sintomáticos que presagian la caída fatal del "imperio americano". Los pueblos orientales surgen vigorosos y disponen de todos los medios más actualizados de realizaciones técnicas y de elementos de destrucción masiva. ¿Quién los detiene? La destrucción de las Torres Gemelas, un 11 de septiembre, es el principio del fin. El presidente Bush pretende combatir contra el "imperio del mal" justificando la guerra preventiva en contra de todas las leyes internacionales.Todos los imperios han caído cuando ya han llegado a su máxima comprensión y extensión. Mucho debe nuestra historia al gran pueblo estadounidense. Pero ya ha llegado a su máxima expresión y su colapso es inevitable. Europa unida por un tiempo podrá reemplazarlo. Y vendrán las grandes naciones del Lejano Oriente que, sin duda, recuperarán el prestigio de milenios atrás.

