Temas del día:

La adolescencia tuitera de Cristina

El ejemplo de tolerancia debe derramarse hacia la ciudadanía desde lo más alto de la esfera de gobierno, más allá de a quién le toque ejercer de manera circunstancial el poder.

09 de septiembre de 2015 a las 12:01 a. m.
Daniel Gattás*
La adolescencia tuitera de Cristina

En una de sus tantas cadenas nacionales, la presidenta Cristina Fernández intentó explicar a la ciudadanía que Adolf Hitler no había llegado al poder como producto de la hiperinflación que se abatía sobre la endeble y golpeada economía alemana, sino que la única razón era que el pueblo teutón había sido humillado en el Tratado de Versalles. Dijo: "El nazismo fue la consecuencia de las condiciones que los aliados impusieron a la Alemania vencida de la Primera Guerra Mundial". Una explicación simplista frente a un tema complejo, que ha merecido gran cantidad de estudios interdisciplinarios en distintos países. Es probable que Cristina basara su afirmación en el contenido de un libro de John Keynes, a quien admira por su visión intervencionista del Estado en la economía. Ocurre que el lord inglés publicó en 1919 un escrito titulado Las consecuencias económicas de la paz . Allí, el economista e integrante de la delegación que representaba a su país en el tratado celebrado en París hacía referencia a las graves implicancias futuras que, desde su óptica, tendrían las excesivas medidas de reparación impuestas a Alemania. Es de recordar que Alemania, además de verse obligada a reducir su ejército a 100 mil hombres y minimizar su flota, también perdía sus colonias, en especial el territorio de Medel, una tercera parte de la Alta Silesia (rica en minerales), Alsacia Lorena y la parte meridional del Tirol.Como si ello fuera poco, debía enfrentar los costos de la guerra indemnizando a los países vencedores.En el comienzo de su libro, Keynes señala su descontento frente a la dinámica que caracterizó a las discusiones de Versalles, las cuales iban a contramano de una "paz magnánima o de trato noble y equitativo". Al calificar al tratado como "insincero", fue virtualmente obligado a renunciar como miembro de su delegación.A raíz de ello, el doctor Alejandro Corbacho, un estudioso en la materia, dio su impresión en una columna publicada por el diario Clarín , titulada "Cristina y sus lecciones de historia", donde explica que los análisis académicos demostraron que el Tratado de Versalles es insuficiente para explicar por sí solo la tragedia que asoló a Alemania y luego al mundo a finales de la década de 1930.Lo que sugiere el politólogo es que el fenómeno del nazismo tuvo un origen multicausal, como ocurre con la gran mayoría de los fenómenos políticos. Es decir, su génesis tiene que ver con una serie de hechos concatenados.Sin dejar de lado la incidencia de la humillación sufrida por los alemanes mediante el tratado, también había que destacar como un disparador a la inflación que se "escapó" en la primera posguerra, la cual se transformó en un impuesto invisible que terminó debilitando al país, dañando el valor y el sentido del trabajo y el ahorro, poniendo en duda la movilidad social, reafirmando desigualdades y estableciendo una diferencia entre los que supieron aprovechar la crisis y los que la padecieron.Ante semejante panorama, se abrió el camino a la aventura, lo que desembocó en la asunción de Hitler al poder, reemplazando a la democracia parlamentaria por el mito y el culto al "hombre providencial, capaz de acabar con la inflación mediante su carisma", lo que terminó con las trágicas consecuencias conocidas.

Otras causas

A título de un aporte personal para esta discusión, yo agregaría como otra causa importante aquella que plantea Ferdinand Hermes en su obra

Democracia o anarquía

. Ahí atribuye el hundimiento de la República de Weimar, la radicalización del electorado y la irrupción del nacionalsocialismo al sistema electoral de representación proporcional promulgado por la Asamblea Constituyente de 1919.

Para explicar esta aseveración, hay que decir que el tipo de representación proporcional puro que introdujo la República de Weimar facilitó la formación de una gran cantidad de partidos y permitió que estuvieran representados en la Dieta del Reich hasta con un solo diputado, lo cual conformó un “Estado de partidos”.

Como ninguno de ellos alcanzaba la mayoría, se veían obligados a realizar coaliciones, lo que provocaba debilidad en los sucesivos gobiernos.

La fuerte atomización política tuvo su desencadenante en 1930, con una crisis presupuestaria de gran alcance que desembocó en una situación sin precedentes y que generó inestabilidad en una sociedad abierta a la irrupción de algún iluminado.

Reacción excesiva

Cuando Corbacho planteó su mirada sobre las razones que permitieron la irrupción del nazismo, lo que intentaba era complementar una simplificación histórica hecha por la Presidenta, tan válida como la que lanzó la propia mandataria o como la que puede haber hecho quien suscribe a través del aporte en esta nota.

A raíz de ello, y de que Corbacho sugirió que se debía hacer una interpretación integral de la historia, la mandataria lanzó una andanada de tuits muy agresivos. En ellos, se burlaba de las reflexiones de los académicos al mejor estilo de una adolescente enojada con la crítica.

En una actitud caprichosa, alentada por sus acólitos –que aplauden todo sin pensar ni conocer la temática en profundidad–, descalificó al director de departamento de la Universidad de Centro de Estudios Macroeconómicos de Argentina (Ucema), al tratarlo de un “burro” que no sabe lo que explica y publica.

Interpretar cada crítica como una operación en contra de su gobierno aparece como un exceso de celo persecutorio. Curiosa conducta de la mandataria que, al ser una mujer madura que ocupa la más alta magistratura, debe garantizar el pluralismo de ideas, la libertad para interpretar hechos históricos y terminar con la omnipotencia de las certezas.

Si el tema se hubiera discutido en una mesa de café, sin dudas quedaría en el anecdotario como un intercambio de ideas entre personas que piensan diferente. Pero en este caso, como la afirmación se difundió por cadena nacional, la única precaución que deberíamos exigir es que se conozca a fondo la temática. Muy diferente, por cierto, a un discurso político en el cual se expresan convicciones personales sobre lo que es mejor para el futuro del país.

Por todo ello, llama la atención semejante respuesta presidencial ante una opinión distinta, lo que deja a la luz los rasgos de intolerancia que tanto daño nos han hecho a los argentinos a lo largo de nuestra historia.

Ojalá que después de las elecciones nacionales que han crispado los ánimos, volvamos a la calma y a respetarnos en la diversidad.

El ejemplo de tolerancia debe derramarse hacia la ciudadanía desde lo más alto de la esfera de gobierno, más allá de a quién le toque ejercer de manera circunstancial el poder. Sería muy sano para nuestro futuro.

*  Doctor en Ciencia Política,  docente en la UNC, la UCC y el CUP