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Juan Manuel Santos: triunfo y retos

La paz fue el tema central tanto durante la primera vuelta como en la segunda. Y, sin lugar a dudas, lo seguirá siendo durante gran parte del próximo cuatrienio.

29 de junio de 2014 a las 12:02 a. m.
Daniel Zovatto*
Juan Manuel Santos: triunfo y retos

Juan Manuel Santos –con el 50,9 por ciento de la adhesión del electorado– derrotó al uribista Óscar Iván Zuluaga –quien obtuvo el 45 por ciento– por más de 900 mil votos en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales del pasado 15 de junio en Colombia. Este triunfo le permite sacudirse de la sombra de su mentor –Álvaro Uribe– y, a diferencia de 2010, reclamar la paternidad exclusiva de la victoria lograda en las urnas.Santos, que en 2010 había sido elegido con el voto de la derecha, fue reelegido gracias a su capacidad de estructurar y liderar, de cara al balotaje, una coalición variopinta de fuerzas políticas, entre las que destacan el voto de la izquierda y de los verdes (sobre todo en Bogotá) y de las maquinarias del Partido Liberal (en especial, en zonas de la Costa Atlántica).

Los retos

Además de cerrar las heridas abiertas durante una de las campañas más sucias, intensas y polarizadas de las últimas décadas, reconciliar rápidamente al país y llevar adelante una profunda reforma judicial (modernización de la Justicia) y política (incluida la eliminación de la reelección presidencial), avizoro tres retos estratégicos para el santismo durante el período 2014-2018.

1. Culminar

de manera rápida y exitosa las negociaciones de paz.

Estas elecciones fueron, en gran medida, un referéndum sobre el proceso de paz, cuya negociación viene llevándose a cabo en La Habana. La paz fue el tema central tanto durante la primera vuelta como en la segunda. Y sin lugar a dudas lo seguirá siendo durante gran parte del próximo cuatrienio.

¿Qué desafíos enfrenta Santos en este tema?

Primero, imprimir mayor velocidad a las negociaciones, pues aún falta acordar dos de los cinco puntos de la agenda (justicia y reparación de las víctimas, y el desarme); ambos de alta complejidad y sensibilidad.

Segundo, sumar a la legitimidad política (obtenida con su reelección), la legitimidad social, alineando al país detrás del proceso de paz.

Tercero, diseñar una estrategia efectiva tanto de cara al referéndum (al cual habrá que someter los acuerdos de paz negociados) como en relación con la aprobación de la legislación secundaria necesaria para viabilizar dichos acuerdos.

Pero no la va a tener fácil. El uribismo le hará una oposición férrea. Por su parte, 45 por ciento de los votos obtenidos por Zuluaga (con el apoyo del uribismo y los conservadores alineados con Marta Lucía Ramírez) y el elevado abstencionismo (superior a 50 por ciento en ambas vueltas) demuestran que una parte muy importante de la sociedad colombiana o bien no comparte, o bien es indiferente respecto de la manera en que el gobierno esta llevando a cabo las negociaciones con las Farc en Cuba.

Si Santos no logra despejar rápido estos temores e indiferencia, podría descubrir que la aprobación e implementación de los acuerdos de paz en Colombia van a resultar más difíciles y complejas que la negociación en La Habana.

2. Alto crecimiento

económico y política social activa.

Colombia es de los pocos países latinoamericanos cuya economía va a crecer en 2014 más que en 2013 (entre 4,5 y 5 por ciento proyectado) y más del doble del promedio regional pronosticado para este año.

Sin embargo, la buena salud de la economía (que transita por el mejor momento de su historia) no alcanza para disimular los serios retos que tiene por delante, sobre todo llevar a cabo las reformas estructurales que el propio Santos anunció en 2010 para impulsar las cinco locomotoras de la economía: educación, salud, vivienda, campo e infraestructuras, y que sólo en parte se pusieron en marcha durante su primer mandato.

Santos deberá, asimismo, mejorar la coordinación y ejecución de sus políticas, profundizar su contenido social (para reducir la pobreza y la desigualdad, crear empleo y disminuir el déficit de vivienda), enfatizar la descentralización y oxigenar su gabinete.

Todas estas medidas, unidas al cumplimiento de sus promesas de campaña, y las relacionadas con el proceso de paz, exigen una reforma tributaria capaz de generar los recursos fiscales adicionales –alrededor del dos por ciento del producto interno bruto (PIB)– necesarios para financiar sus programas de gobierno, en especial el posconflicto y el agro.

3. Mantener el pragmatismo

en política exterior.

Durante el próximo cuatrienio, Santos seguramente continuará participando de forma activa en la Alianza del Pacífico y buscará concretar el ingreso de Colombia a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (Ocde).

En el plano regional, mantendrá una relación pragmática con sus vecinos, en especial con Venezuela. La evolución de la crisis venezolana tendrá efectos directos sobre Colombia en el ámbito del comercio bilateral y en materia de seguridad fronteriza.

La política exterior también será una esfera respecto de la cual la oposición uribista exigirá al santismo una diplomacia más firme y crítica hacia el gobierno de Nicolás Maduro, sobre todo en materia de derechos humanos y democracia.

Mi opinión

Santos emerge de las elecciones legislativas de marzo y de las presidenciales de mayo y junio con la reelección asegurada, pero con un capital político mermado.

En marzo, su apoyo legislativo (que era cercano a 80 por ciento durante su primer período) disminuyó como consecuencia del surgimiento de una importante y cohesionada bancada uribista (de unos 20 senadores y 18 diputados) que, sin bien no podrá imponer vetos ni mayorías en ninguna de las dos cámaras, posee poder de fuego para hacerle una oposición firme y ruidosa.

Tras dos semanas de los comicios de la segunda vuelta, queda claro que las coaliciones electorales que se formaron de cara al balotaje no se transformarán en coaliciones políticas permanentes.

El nuevo mapa político coloca a Santos al frente de una coalición heterogénea y poco cohesionada (y también muy dependiente del apoyo del Partido Liberal), atrapado en una tenaza formada por una doble oposición: a la derecha, el uribismo; en el otro extremo, la izquierda y los independientes, quienes, si bien le prestaron sus votos para ayudarlo en su reelección, a partir de ahora no le darán su apoyo parlamentario de forma gratuita.

Ante este panorama, Santos debe reconstruir un nuevo escenario de gobernabilidad que le permita hacer frente a los retos que le deja su reelección, y comenzar a proporcionar resultados rápidos.

Al igual que un equilibrista (como bien ha dicho la revista

Semana

), Santos deberá gobernar bajo las demandas de los amigos, los reclamos de la oposición y las expectativas de la ciudadanía.

*Director regional para América latina y el Caribe de Idea Internacional