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Debate. Inflación y después

A medida que pasan los meses, la actual administración se asemeja a una de transición, enfocada en dos o tres temas que aborda sin sutilezas y de manera arbitraria.

16 de febrero de 2026 a las 03:44 p. m.
Diego M. Jiménez
Inflación y después
Milei, Georgieva, Caputo

Es indudable que la macroeconomía argentina debe abandonar la inercia inflacionaria, con la que tiene un vínculo perverso desde hace décadas.

Nada puede funcionar bien con ella como compañera de ruta. Salvo la especulación y los negocios financieros de quienes optan por la ruleta antes que por la producción, al ritmo del dólar oficial y sus sosías.

Esa familia disfuncional siempre termina mal y afecta, siempre y en todo lugar, a los parientes débiles y a aquellos, cada vez menos, que atajan con lo que pueden los vendavales de una longeva y pésima política económica.

Ese clan destructivo parece estar siendo desmembrado, y cada una de sus partes intenta transformarse en algo razonable y previsible. Como toda cultura, es difícil modificarla de un día para otro.

El proceso es tedioso y está lleno de espejismos, frases grandilocuentes, datos parciales y explicaciones contradictorias, incompletas, parciales e inundadas de sesgos.

El Gobierno nacional aparece estancado en su triunfo parcial y todavía no definitivo. No tiene otra cosa sustantiva para exhibir, pero le alcanza.

Por eso, el Presidente da rienda suelta a exposiciones que pretenden ser rigurosas y originales, interrumpidas por sesiones de canto y un “tímido” regreso a su fascinación por el insulto y la descalificación.

Más allá de esto, no existe una visión de país por sobre los arreglos cotidianos de un pasado de inestabilidad y desmanejo económico.

Ni el Presidente ni su grupo más cercano enhebran un discurso articulado de cómo imaginan el país en unos años. Puede no ser necesario explicitarlo, pero no puede ser una opción no poseerlo.

Y esto último aparece como una realidad tangible en un primer mandatario que repite lo mismo una y otra vez, con la salvedad de cambiar el orden de los párrafos a la hora de leerlos, intentando mostrar como original lo ya dicho por otros y por él mismo.

A medida que pasan los meses, la actual administración se asemeja a una de transición, enfocada en dos o tres temas que aborda sin sutilezas y de manera arbitraria, amparada en un pasado de fracasos y en una oposición muda o titubeante.

Su soledad, en el dominio de la agenda de temas, es una alarma para la construcción y el sostenimiento de un camino de desarrollo que requiere consenso y contrapuntos productivos.

También es una alarma para el propio espacio político de La Libertad Avanza, demasiado centrado en la figura del Presidente, sin posibles sucesores ni dirigentes de envergadura que argumenten hacia el futuro un proyecto que, así como parece estar, se puede acabar con el fin del gobierno de Javier Milei, dure este cuatro u ocho años. Se repite así la clásica cultura vertical, mesiánica y autoritaria de la política nacional.

El después del fin de la inflación es un enigma cuya forma de resolución puede condenar a la Argentina a volver una vez más a sus ciclos de crecimiento y declinación, cada vez más breves, cada vez más dañinos. Por ello, el cómo resolverlo debería ser la ocupación primordial del Gobierno y sus opositores.

Periodista