Independencia o libertad
Aunque Cristina Kirchner haya capitalizado los festejos populares, debería observar la desconfianza de los argentinos hacia la dirigencia política. Ricardo Trotti.
Cristina Fernández de Kirchner, Rafael Correa y Hugo Chávez declamaron discursos ideológicos trillados durante los actos del Bicentenario argentino, empleando como sinónimos los significados de independencia y libertad.
En realidad, se trata de dos valores muy diferentes. Un país puede ser independiente, pero no necesariamente libre. El caso de Cuba así lo demuestra. La independencia es una acción circunstancial, en cambio la libertad es un derecho natural; cuando el Estado lo subvierte, se desnaturaliza a sí mismo.
Dos malos ejemplos. Esta confusión dialéctica es una vieja coartada de la izquierda latinoamericana. Usa de chivo expiatorio la dependencia externa o la opresión del imperio, al tiempo que internamente aprovecha para coartar las libertades públicas y los derechos civiles. Chávez es el caso típico. Mientras en la Argentina reclamaba "independencia plena" frente a la nueva Galería de los Patriotas Latinoamericanos de la Casa Rosada -donde insolentemente se equiparaba a José de San Martín con el "Che" Guevara- en su Caracas se proscribía mediante ley a varios opositores para las elecciones de setiembre y se expropiaban más empresas de todo tipo.
El cansino llorisqueo contra el colonialismo, como el de Correa, quien reclamó al llegar a Buenos Aires: "Nos falta alcanzar la independencia económica, social, cultural, liberarnos de todo el imperialismo", no es más que una cortina de humo para esconder la ineficiencia frente a la inseguridad, la pobreza, la falta de educación y el desempleo, carencias que no están tan atadas a la dependencia de potencias foráneas, como sí ligadas a la incapacidad doméstica.
El ex presidente costarricense Oscar Arias ya venía desnudando estos pretextos en cumbres presidenciales. En su recordado discurso de Cancún en febrero último, pedía que "ni el colonialismo español, ni la falta de recursos naturales, ni la hegemonía de Estados Unidos, ni ninguna otra teoría producto de la victimización eterna de América latina", se deben utilizar para justificar los gastos en armamentismo en detrimento del presupuesto para educación; el talón de Aquiles de la región.
El retroceso de las libertades internas y no la dependencia foránea es el verdadero factor de atraso en América latina. Una medición reciente de la organización no gubernamental Freedom House muestra este preocupante declive y describe con alarma como los estados autoritarios en el mundo-incluida Venezuela junto a Rusia e Irán- no sólo son más represivos, sino también, más influyentes en la arena internacional.
El informe remarca menos libertades democráticas en Honduras, Guatemala y Nicaragua, al tiempo que descalifica como plenas democracias a Ecuador, Colombia, Bolivia y Paraguay. A Cuba, el único país no libre del Hemisferio, le atribuye, además, ser uno de los más represivos en libertad de prensa.
Y aunque en Argentina la presidenta Cristina Kirchner haya capitalizado las celebraciones populares y los 27 años de proceso democrático ininterrumpido, debería prestar más atención a las encuestas más recientes, en las que los argentinos creen en la democracia, pero desconfían de las instituciones y de la dirigencia política, así como aborrecen la escasa independencia entre los poderes.
La falta de independencia de poderes y de contrapesos, son las características más relevantes del autoritarismo, y las que amenazan el derecho a la libertad. La dependencia foránea es sólo la excusa en este juego dialéctico.

