Ilimitados e imparables
La convivencia entre personas, sean adultos o niños, requiere de límites que, a modo de umbrales de la conducta, permiten el reconocimiento del otro. Enrique Orschanski.
La convivencia entre personas, sean adultos o niños, requiere de límites que, a modo de umbrales de la conducta, permiten el reconocimiento del otro. La infancia es buen período para aprenderlos, sobre todo cuando los adultos los muestran y respetan. Hay límites esenciales durante los primeros meses de vida, como diferenciar día y noche, sueño y vigilia. Luego se adquieren más, cuando los niños pueden comprender que existen otras personas con sus deseos. El aprendizaje siempre ronda conceptos de bienestar y de dolor, lográndose con ello un proceso madurativo normal. Los padres instalan límites naturalmente cuando alimentan o hacen dormir a sus hijos, mientras que el juego infantil es quizás el mejor aprendizaje de paciencia, jerarquía y tolerancia, basado justamente en límites. Administrarlos no es saludable para todos. Los mayores y adolescentes plantean otras escenas: las salidas nocturnas, el uso de tecnología y el consumo de estimulantes pueden desencadenar situaciones para definir hasta dónde pueden llegar. Pese a tantas oportunidades, los padres perciben en la mayoría de los chicos una carencia de límites; sienten dificultad para marcarlos e imposibilidad de sostenerlos. Algunos trastornos de conducta infantil son consecuencias frecuentes.Los especialistas hablan de falta de presencia de los padres, flexibilidad en las conductas de crianza, confusión de roles. Podríamos agregar el estado de demanda permanente de una generación "insatisfecha".Mientras muchas familias se esfuerzan para recuperar modelos que suavicen la vida cotidiana, se escriben libros sobre límites, hay programas en televisión con expertos, y en cada casa sobran consejeros espontáneos. Sin embargo, es difícil llevar adelante buenas intenciones cuando los medios masivos transmiten mensajes opuestos.¿Cómo competir con un aviso comercial donde un conductor de televisión, excéntrico y desbordado, proclama a voz de cuello que él es "ilimitado"? La compañía de teléfonos móviles promete "entretenimiento ilimitado" con una estética publicitaria basada precisamente en el descontrol. No hay límites en la histeria del ambiguo personaje ni en las imágenes de multitudes de adolescentes desenfrenados. Patéticas imágenes de chicos concentrados sólo en una pantalla. Tampoco hay adultos que digan hasta dónde. Desconocer hasta dónde lleva a desconectarse de la realidad, en un mundo egocéntrico y suficiente, sin consideraciones sociales. Los chicos llegan a creer que la libertad es sólo la ausencia de prohibición, sin asumir responsabilidades ni comprender, finalmente, que todas sus acciones tienen consecuencias. Quien marca el límite, en realidad, nos quita soledad, nos recuerda valores indispensables para que el vínculo nos construya.¿Cómo entender el eslogan publicitario del analgésico más conocido del mundo, que plantea "el dolor para, vos no"? El mensaje dice que una pastilla soluciona el dolor; hace desaparecer lo que molesta para que podamos seguir. Que no es bueno detenernos a pensar qué ocurre o por qué. El cuerpo humano "entiende" mejor que cualquier empresa farmacéutica cuándo es necesario parar. El dolor, el cansancio y otros síntomas son respuestas primarias a una actividad intensa que puede dañarnos. Ocultar las molestias es "apagar las alarmas" y seguir, hasta que algo verdaderamente grave nos detenga. El descanso es uno de los alimentos más valiosos con que cuenta el humano, en especial los niños, para recuperar energía. Si no se administra con inteligencia, los daños se acumulan rápidamente. Los mejores esfuerzos en salud fracasan cuando los mensajes que se transmiten desvalorizan el sentido común de hacer pausas, identificar la causa de los dolores y recién aliviarlos. Ilimitados e imparables. Esa es la imagen que, aparentemente, beneficia a empresarios que apuntan, como nuevo objetivo comercial, a los adolescentes.Ilimitados e imparables. ¿Eso es lo que queremos de nuestros hijos?

