Política y economía. ¿Hay un aporte mágico a la recuperación total de Argentina?
Me animo a afirmar que el camino que estamos recorriendo es el más correcto de todos los tomados por las últimas administraciones.
Acaba de terminar un año clave para visualizar la recuperación o no de nuestra querida patria.
Sin lugar a dudas, me animo a afirmar que el camino que estamos recorriendo es el más correcto de todos los tomados por las últimas administraciones, quizá de las anteriores ocho décadas.
Además, están disminuyendo las torpezas y errores políticos que se venían cometiendo y que ralentizaban los avances.
Cuando una familia, una empresa o una corporación se encuentran en dificultades económicas y financieras, la única forma de regularizar esa lamentable situación y continuar es disminuyendo los gastos y aumentando el trabajo. No existe otro método.
El populismo lleva implícito el deterioro definitivo de aquellas personas más vulnerables, que son a las que supuestamente se pretende ayudar.
La solución de fondo –para que el beneficio del crecimiento y del orden llegue a los bolsillos de la gente– es una mayor producción general, una mayor oferta de bienes y servicios volcados al mercado.
Así, a través de las leyes naturales de la oferta y la demanda –en este caso, con un incremento significativo de la oferta–, se logra ajustar para abajo todos los precios.
Ahora, para que haya una mayor producción, indefectiblemente tiene que existir un incremento de la inversión; por supuesto, de la inversión privada, que es la única genuina y la más eficiente.
La imprescindible confianza
En el mundo en que vivimos, y quizá sea desde siempre, el capital es muy cobarde y ambicioso. No se orienta adonde pueda haber riesgos ni tampoco adonde no haya beneficios. Pero conociendo y aceptando esta realidad, la dirigencia de un país debe aprovechar esta fuerza poderosa y encaminarla hacia las necesidades y conveniencias nacionales.
En primer lugar, debe construir una base sólida de garantías, perdurables en el tiempo. Eso significa que los objetivos sean seguros y permanentes, la legislación inteligente y que el cumplimiento de esta sea sagrado.
Sólo así es posible mostrar a los capitales que tendrán la seguridad absoluta de que su patrimonio será respetado y también sus beneficios. Esto impulsará, a la vez, una mayor producción, lo que permitirá obtener un porcentaje prudente para solventar los gastos racionales –no corruptos– que necesita el Estado para controlar, hacer cumplir las leyes y ayudar a quienes realmente los necesitan. Como vemos, la Justicia tiene una enorme responsabilidad en el orden y la equidad de un país.
El factor riesgo país
Volviendo a la consideración e importancia que tiene la confianza en la evolución y progreso de los estados, observemos los guarismos del riesgo país respecto de los países vecinos, que, en buena hora, están en mejor situación que el nuestro.
Nosotros triplicamos en promedio las calificaciones de los principales de América latina, y nuestra tasa es 10 veces superior a la de Uruguay y de Paraguay.
Estos valores tan altos del riesgo país responden a que en las últimas décadas no hemos cumplido como corresponde a los propios argentinos y al mundo.
Argentina tiene una deuda total con los mercados nacionales e internacionales equivalente al 19% del producto interno bruto, una de las más bajas del planeta. A pesar de su poca importancia, todos están temerosos de si podemos afrontarla o no.
Por lo general, ningún país paga sus deudas; las rollean, es decir las renuevan, con sólo pagar los intereses. Pero, por tener un riesgo país tan alto y por acumular tantos incumplimientos, no estamos en condiciones de que el mercado financiero mundial quiera apoyarnos. Y, en el caso de que pretendan ayudarnos, lo harán con exigencias intolerables y a tasas fuera de mercado.
Combo de estabilidad
Tanto lo sucedido a fines de 2025, cuando el Congreso por fin aprobó el Presupuesto 2026, como la posibilidad de actualizar y modernizar las leyes laborales y las cargas impositivas en las sesiones legislativas de febrero próximo serán una bisagra en los resultados económicos futuros.
La inflación, el tipo de cambio y las remuneraciones del capital (tasas de interés) son tres variables fundamentales que hay que manejar con mucha capacidad y profesionalismo, pues están tan ligadas que es casi imposible mover una sin una mala repercusión sobre las otras.
Pero hay un elemento que las puede mejorar simultáneamente a las tres, que es la confianza en la política y en la economía en general.
Si este mágico elemento imperara algún día, vendrían inversiones en monedas extranjeras que incidirían en la oferta de divisas. Así, su precio podría mantenerse o disminuir. A su vez no haría falta incrementar las tasas (que son costos para la producción) para evitar que el dinero vaya a la compra de divisas y aumente su precio. Por la mayor producción que provocaría la inversión debido al incremento de la oferta, el nivel de precios se estabilizaría de manera definitiva. Todo un combo de estabilidad y progreso.
En este tema de mejorar la confianza, tiene mucha responsabilidad la oposición. En busca de mantener privilegios que sólo benefician a un grupo poco patriótico, se han entorpecido avances necesarios.
Dios nos ha provisto de todas las riquezas para ser un país próspero donde nadie sufra necesidades. Sólo hace falta que seamos justos, ordenados y que trabajemos más.
Quizá continuemos en el camino correcto durante el año que comienza.
Licenciado en Ciencias Económicas; profesor en la UNC

