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Guerra de todos contra todos

Hay síntomas muy inquietantes, que sugieren el riesgo de una guerra de “todos contra todos”, como es el caso de la toma de tierras para viviendas. Julio César Moreno.

26 de diciembre de 2010 a las 12:01 a. m.
Julio César Moreno (Periodista)
Guerra de todos contra todos

A lo largo de esta década, se produjo un cambio de paradigmas: del neoliberalismo del decenio de 1990, que en la primera etapa del nuevo período parecía continuar su marcha triunfal y sin tropiezos, se pasó a un modelo todavía no muy bien definido, que es al mismo tiempo un retorno y un avance por un camino inexplorado. Se trata de un retorno a esa vieja idea de que tiene que haber un equilibrio entre el Estado y el mercado, cuya máxima expresión fue el "Estado del bienestar", construido después de la Segunda Guerra Mundial, con prevalencia en Europa. El nuevo paradigma incluye también la búsqueda de otras alternativas, ya que la historia nunca se repite en los mismos términos, aunque se rescaten las esencias y los valores de una época. Grandes cambios. Poco antes del comienzos de la década de 1990, se produjeron dos hechos que cambiaron la historia contemporánea: la caída del Muro de Berlín (1989) y el desmembramiento de la Unión Soviética y su zona de influencia (la Europa del Este), por un lado, y el auge del neoliberalismo o "capitalismo salvaje", por el otro. En la década siguiente, hubo otros dos hechos fundamentales: el afianzamiento del "comunismo de mercado", representado por China, y la grave crisis que afecta al capitalismo occidental desde hace dos años y tiene en jaque a Estados Unidos y a la Unión Europea. América latina, por su parte, dejó atrás las décadas de 1960 y 1970, las de las revoluciones violentas, los golpes de Estado y la represión ilegal, y trata de recomponer la democracia fundada en las viejas y sabias constituciones sancionadas en el siglo XIX. Trata también de establecer ese esquivo y difícil equilibrio entre Estado y mercado en una inmensa región de más de 300 millones de habitantes, en la que la pobreza, el desempleo y las desigualdades sociales hacen estragos y alimentan nuevas formas de protesta social, de violencia urbana y rural y de criminalidad organizada, a través de las cuales se cuelan endemias de nuestro tiempo, como el narcotráfico, la trata de personas o la corrupción generalizada.Hay síntomas muy inquietantes, que sugieren el riesgo de una guerra de "todos contra todos", como la definiera Thomas Hobbes hace siglos. La década que se abre en 2011 empieza en la Argentina con las imágenes de un conflicto violento por la posesión de tierras para construir casas o construcciones sociales, o sea, imágenes de una guerra de "pobres contra pobres", que se atiene casi estrictamente a la advertencia de Hobbes. No hay respuestas claras al respecto, salvo una: que el Estado deber recuperar el monopolio del uso de la fuerza, como lo manda la Constitución.Ese acto se debe producir sin reprimir, salvo en los casos previstos claramente por la ley. Se debe tratar que el diálogo, el consenso y la convivencia sean los instrumentos para evitar el riesgo de una guerra de "todos contra todos", que –a veces– la sociedad argentina parece transpirar en su piel más sudorosa y en sus gestos más intolerantes.