Gol en contra
Si Scalerandi sigue en funciones, es sólo por el ruido que armaron algunos kirchneristas.
El gobernador José Manuel de la Sota comenzó con el pie cambiado esta etapa previa al proceso electoral que se viene. Cuando empezaba a delinear estrategias y acciones para recuperar terreno y sumar votos tras el discreto resultado en las Paso, le estalló un conflicto inesperado que, si no lo soluciona de manera adecuada, convertirá a su gestión en un tiro al muñeco en la campaña electoral.
Se trata de la imputación al ministro de Agricultura, Néstor Scalerandi, por supuesta defraudación agravada, tras ser acusado por el fiscal Emilio Drazile de haber tenido una conexión irregular a la red de la Empresa Provincial de Energía (Epec).
Que esta semana o la otra el fiscal cambie la imputación, que se compruebe que hay una campaña política del kirchnerismo o que Scalerandi pueda exhibir alguna documentación que acote su responsabilidad, a esta altura es un detalle. El impacto ya se produjo; el gol ya se lo hicieron.
Si Scalerandi sigue en funciones, es únicamente por el ruido que hicieron algunos dirigentes kirchneristas, como el intendente de Anisacate Ramón Salazar, a quien sólo le faltó fotografiarse con la cabeza del atribulado ministro en la mano.
Lo concreto es que es el segundo ministro provincial involucrado en ilícitos económicos en pocos meses. Este caso es de menor envergadura, aunque involucra de manera directa al titular de la cartera. El anterior fue el que golpeó a Dante Heredia, quien tuvo que dejar el Ministerio de Transporte por irregularidades cometidas por subordinados.
El tema, sin dudas, desacomodó al gobernador, quien se encontraba en pleno armado de un plan para buscar votos perdidos.
En ese tren, el primer paso de De la Sota había sido reunirse con el exopositor y candidato a diputado nacional Martín Llaryora, intendente de San Francisco.
El lunes pasado, el gobernador invitó a cenar a Llaryora y a sus principales cuadros políticos. El intendente sanfrancisqueño llegó al Centro Cívico con 40 dirigentes de toda la provincia.
Allí habló de la necesidad de retener el 6,7 por ciento que la lista de Llaryora sacó en las Paso. Mientras degustaban humita, carne al horno y helado con brownie , el gobernador fue autocrítico: “Muchos dirigentes peronistas se acostumbraron a comer con aceite y ya no militan”, dicen los llaryoristas que les señaló, apesadumbrado, el anfitrión.
Les pidió que no cerraran los locales partidarios y que mantuvieran la independencia, obviamente sin abandonar el “sistema” delasotista.
El relato de los visitantes también incluye un párrafo del dueño de casa, quien les dijo que la movida de Llaryora servirá para renovar “en serio” al peronismo cordobés, tras lo cual intentó bajar algún nivel de confrontación, al manifestar que muchos dirigentes partidarios ponen en su boca palabras supuestamente críticas hacia Llaryora que él jamás pronunció.
Los votos de Llaryora son como un bocado muy apetecible para las elecciones legislativas de octubre.
De todos modos, tras la comida, y en una conversación más informal, algunos de los visitantes pidieron garantías de una interna transparente para 2015 y se quejaron del trato de ciertos dirigentes con cargo en el Gobierno provincial y de algunos referentes delasotistas de la provincia. Dicen que De la Sota tomó nota de todo.
Hoy, Llaryora es una de las figuritas de la política de Córdoba y, seguramente, el temor del gobernador no son sólo los votos del intendente sino que pegue el salto y se refugie en el frente que, poco a poco, armará Sergio Massa a nivel nacional.
En la edición de hoy de este diario, el gobernador bonaerense Daniel Scioli critica con dureza a Massa y elogia a De la Sota. Estas afirmaciones son un mimo al gobernador de Córdoba, golpeado después del cimbronazo provocado por su ministro de Agricultura.
Después del proyecto para retener los votos de Llaryora, el peronismo de Córdoba se plantea un segundo objetivo: buscar definitivamente y en serio los votos que consiguió Riutort en los sectores más postergados de la Capital, como los barrios ciudades y sectores marginales.
Allí, el delasotismo desplegará una ofensiva plena que, tal vez, no esté exenta de exageraciones desde la acción social, cosa que lamentablemente es cada vez más habitual en los procesos electorales de todos los oficialismos.
De la Sota ha decidido tomar cartas en la campaña de manera personal, lo que de alguna manera pone en segundo plano al primer candidato, el exgobernador Juan Schiaretti, quien por el momento mantiene perfil bajo tras las Paso y aún no se decide a aceptar un debate cara a cara con sus principales adversarios. Habría que ver si aquella actitud del gobernador no impacta en la relación política con su antecesor y cabeza de lista.
Colectivo radical
La exhibición de los 200 colectivos que se sumarán al transporte urbano de la ciudad de Córdoba, realizada ayer a la tarde, debe interpretarse como un lanzamiento de campaña del radicalismo, que esta vez tendrá al intendente Ramón Mestre con participación activa, especialmente en la ciudad de Córdoba, donde al radicalismo tampoco le fue bien en las elecciones primarias de agosto pasado.
Mestre quiere mostrar gestión y renovación. Y también va por los votos que sacó Llaryora. El radicalismo dirá: “Somos el cambio”. Y mostrará afiches de la segunda candidata a diputada nacional, Soledad Carrizo, y del tercer postulante, Diego Mestre, hermano del jefe municipal capitalino.
La pregunta de manual es una sola: ¿Qué pasa con el primer candidato, Oscar Aguad, quien no está referenciado entre los jóvenes?
La respuesta del mestrismo es rápida: intentar que con su figura se le resten votos al PRO, quien con Héctor Baldassi al frente hizo una tan buena como inesperada elección, con una cosecha que superó el 12 por ciento de los votos.
Cerca de Mestre, aseguran que el intendente inició una campaña, por ahora silenciosa, para recorrer los barrios de Córdoba. Uno de los objetivos es intentar localizar al 30 por ciento de la ciudadanía que no fue a votar y tentarla con las propuestas del radicalismo. Otra, convocar a todos los dirigentes del radicalismo a trabajar “seriamente y en profundidad” en estas elecciones.
Días pasados, Mestre se reunió con uno de los experimentados caciques del radicalismo de Capital, Miguel Nicolás, para sumarlo a la campaña. En tanto, el intendente también debe seguir lidiando con la gestión. Esta semana comenzará a sentir la presión de los empleados municipales, que volverán a la carga con un plan de lucha, disconformes con el elevadísimo Impuesto a las Ganancias que pagan, aun después del anuncio presidencial de nuevos mínimos no imponibles para el tributo.
Como se observa, el nuevo proceso electoral va empezando a tomar forma y hay algunos otros candidatos que tienen por meta conservar sus votos. Son Carolina Scotto y Baldassi. En el caso de la kirchnerista, las encuestas marcan que su casi 11 por ciento estaría consolidado. Aunque todo está por verse ya que, como se demostró con Scalerandi, las sorpresas están a la vuelta de la esquina.

