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Gaetano Mosca, la democracia y los “sfrutattori”

Los militares, los riojanos y los santacruceños fueron tres bandas. Ojalá ahora no se forme una cuarta.

26 de junio de 2016 a las 12:01 a. m.
Luis Alberto Romero*
Gaetano Mosca, la democracia y los “sfrutattori”

Fue en Mendoza, en la sabia tertulia del hotel Huentala, donde la conversación me trajo a la memoria las ideas del siciliano Gaetano Mosca. En Italia, fue senador durante la monarquía y en los primeros años del fascismo, antes de replegarse en un ostracismo fecundo. En 1923 dio cima a su gran contribución a la ciencia política: una teoría de las elites, su función en una sociedad de masas, su constitución y renovación. Testigo del ascenso de la "democracia social", concluyó que sus triunfos conducían a una profunda renovación de la vieja elite y a la formación, en un contexto más autoritario, de una nueva, que en poco tiempo repetiría el comportamiento de la anterior. El rasgo más constante que encontraba en la política de masas era el predominio final de los aprovechadores, los vivillos, los " sfrutattori " de siempre. En estos días, estamos sacudidos por el "caso López", que, por su espectacularidad, parece fruto de una cuidada puesta en escena. Encadenado a hechos anteriores similares y a otros que empiezan a desarrollarse, parece conformar algo similar a lo que en 1982 fue el "show del horror", con la clásica salvedad de que lo que una vez fue tragedia, vuelve luego como farsa.Un espectáculo tan apasionante, sumado a la traumática experiencia de los años kirchneristas, nos tienta a atribuir toda la responsabilidad a Cristina Fernández y a Néstor Kirchner. Sin embargo, no debemos perder la perspectiva más general. No es la primera vez que asistimos a este saqueo sistemático del Estado.Así considerado, creo que en las últimas cuatro décadas hemos padecido a tres bandas sucesivas. Las llamaré, remitiendo a su origen, "los militares", "los riojanos" y "los santacruceños". Las tres recuerdan a aquellas bandas de germanos o godos, instaladas al otro lado del Rin o el Danubio, que se lanzaban sobre una porción del Imperio Romano. El propósito principal de la banda militar instalada en 1976 fue practicar desde el Estado el terrorismo clandestino, algo que tiene una historia y un contexto complejos. En este caso, me interesa lo secundario. Los partícipes menores de las operaciones fueron retribuidos SEnD como lo eran las tropas conquistadoras SEnD con el derecho al saqueo de los bienes de los desaparecidos.

Los riojanos

A diferencia de los militares, los riojanos llegaron al poder en 1989 en elecciones transparentes, y las volvieron a ganar hasta 1999. La experiencia de la hiperinflación posibilitó la concentración de poder en el Ejecutivo, eso que los politólogos llaman “democracia delegativa”, para practicar una “cirugía mayor sin anestesia”.

Amén de otros efectos quizá positivos, ello abrió la puerta a una corrupción convalidada desde el Estado, que en su momento llamó la atención por su magnitud y por su desenfadado exhibicionismo. Fueron los años de la “carpa chica” y del “robo para la Corona”.

En tiempos de militares y de riojanos, el origen de ese botín fue la coima generalizada, el “diego” que subió al “celular”, es decir, del 10 al 15 por ciento.

Luego de la crisis de 2001, y a caballo de una inesperada prosperidad, se encaramó la tercera banda: los santacruceños. Su sistema, muy innovador, había sido probado durante 10 años en su provincia, pero su expansión nacional requirió una ingeniería compleja, resuelta con ingenio por Néstor Kirchner.

Entre las muchas cosas sucedidas en los 12 años en que gobernaron, hay una que hoy parece central: una nueva versión del saqueo del Estado en la que sus ejecutores pasaron de simples cobradores de coimas a organizadores integrales del negocio, desde la concepción –en la que Néstor Kirchner desplegó su creatividad– y la gestión por funcionarios públicos, como Julio De Vido, Ricardo Jaime o José López, apoyados por socios externos, como Lázaro Báez o Cristóbal López. Un sistema complejo, que requiere un nombre propio; he sugerido “cleptocracia”, fase superior de la corrupción.

¿Qué tuvimos que ver los ciudadanos? Podemos justificarnos diciendo que la banda militar llegó al gobierno por la fuerza. Pero las otras dos ganaron todas las elecciones. No podemos ignorar que nuestra democracia tiene un problema serio. Lejos de asociarse con el interés general, parece destinada a consagrar a sucesivas bandas de explotadores. Es difícil no coincidir con Mosca y su idea de que, tras cada regeneración pasajera, llegan los aprovechadores, los “ sfrutattori ”.

No quiero decir que estemos condenados a repetir la historia. Nada es inevitable, pero conviene estar alerta, como advirtió hace unos días Hugo Alconada Mon, al preguntarse si acaso no habrá, en el círculo de Macri, algún José López en potencia.

Apartemos el pesimismo y miremos el vaso medio lleno. Tenemos un nuevo gobierno, y el impulso regeneracionista todavía es fuerte y se es consciente de las dificultades de la regeneración. El resto es tarea nuestra, que en conjunto hemos tolerado a las tres bandas y que ahora debemos estar alertas para impedir que se forme una cuarta, cuyo origen regional aún no barruntamos.

(*) Historiador.