Fin de año recargado
La precandidatura a jefe de Gobierno porteño de Amado Boudou ha generado muchas críticas dentro del peronismo. Carlos Sacchetto.
Es cierto que en la Argentina, diciembre dispara no sólo los calores del verano sino también una especial agitación política. Reclamos postergados, broncas contenidas, necesidades apremiantes y el convencimiento de que es la última oportunidad para hacerse escuchar crean un clima de convulsión que ya es tradicional. Pero, en particular, este diciembre vino recargado, anticipando que el año electoral que nos espera será muy duro, tanto como la dimensión de los intereses que estarán en juego.Ciertas torpezas del Gobierno nacional en el manejo de situaciones difíciles pero controlables se convirtieron en crisis con repercusiones internas. Los movimientos que produjo la Presidenta, pidiendo renuncias o recortando funciones a ministros, secretarios y otros agentes, tuvieron efectos políticos que van más allá del recrudecimiento de las peleas en el gabinete.La división entre los peronistas clásicos, los kirchneristas convencidos y quienes ahora integran un creciente cristinismo, amenaza con trasladarse a la estructura que sostiene electoralmente al Gobierno.Algo de eso percibieron muchos de los integrantes del Consejo Nacional del Partido Justicialista que asistieron a la reunión en el quincho de Olivos, donde cumplieron con el ritual peronista de convertir a Cristina Fernández en la suprema conductora, por encima de los cargos partidarios.También de ritual fue no sacar los pies del plato y evitar declaraciones públicas cuestionando algún aspecto del encuentro.En cambio, en privado y bajo estrictas reservas, varios de los invitados se quejaron de la cada vez menor influencia peronista en el Gobierno. "Hasta ahora, Cristina es nuestra candidata natural, pero si sigue el vaciamiento, en marzo veremos", sostuvo un miembro destacado del Consejo.A la pregunta sobre quién podría reemplazar a Cristina en la candidatura presidencial del peronismo, el hombre no dudó un instante: "Para nosotros, el indicado es Daniel Scioli, y los que pensamos así somos mayoría", afirmó. Boudou, intragable. El otro punto que está sin resolver y pasará hasta después de las vacaciones de enero que en general se toman los dirigentes es la áspera relación que mantienen con Hugo Moyano, poderoso líder de la CGT y aspirante a señalar con su dedo a quienes llevarán las candidaturas clave del PJ. Las diferencias con el camionero se hicieron aún más profundas cuando lo vieron sentado junto al ministro de Economía, Amado Boudou, quien se lanzó como candidato a jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Boudou, un conservador salido de los cenáculos de la derecha política y económica, convertido ahora en peronista, hasta cantó la marcha partidaria con un fervor que sembró más dudas todavía."Es el candidato de los trabajadores", dijo Moyano, y completó una escena por demás contradictoria para los que se sienten peronistas de verdad y también para los intelectuales de izquierda que adhieren al kirchnerismo. "En política, hay que saber tragarse sapos, pero algunos son intragables", reflexionó un actual legislador que ronda los 65 años y tiene ficha de afiliación al PJ desde los 18.La candidatura de Boudou, interpretada por algunos como un elemento de compensación o equilibrio para la izquierdización del Gobierno, golpeó muy duro al ex ministro Daniel Filmus, quien aspiraba a representar al peronismo porteño.Junto con él, se alinean entre otros el ex canciller Jorge Taiana y el ministro de Trabajo, Carlos Tomada. Al menos ellos tres alientan la esperanza de que la Presidenta rediseñe la estrategia cuando llegue la hora de hablar en serio de candidaturas. Pero nadie les asegura que así será.De todos modos, es poco lo que unos u otros pueden agregar a la perspectiva electoral en la Capital Federal.El kirchnerismo tiene muy negativos antecedentes en el distrito y nadie prevé que eso vaya a cambiar. Por el contrario, los episodios de los últimos tiempos, como las usurpaciones de terrenos para levantar allí nuevas villas miseria, o la idea de que cualquiera pueda manifestarse de la manera que desee porque no va a haber intervención policial, han pegado muy fuerte en los porteños. Tanto que ya las encuestas marcan un rápido retroceso de lo que había ganado el Gobierno nacional tras la muerte de Néstor Kirchner.Lo que importa, entonces, es calibrar el efecto de este fin de año en el conurbano bonaerense, el distrito electoral más grande del país. Al parecer, en el primero y segundo cordón poblacional, los ánimos políticos están en cambio permanente. La pobreza se extiende, los piqueteros oficiales ya no obtienen todo lo que piden y en esos sectores saben que ante la proximidad de las elecciones, hay muchas ofertas para canjear el voto.

