Felices los que trabajan por la paz
Jesús declara bienaventurados, felices, a los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios. Pedro Torres.
Jesús declara bienaventurados, felices, a los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios. Declara felices no sólo a los que la aprecian, a los que la elogian o la desean, sino a los que obran desde un corazón pacificado para hermanar a los hombres, a los que trabajan por ella. Muchas acciones violentas hieren la paz, pero también muchas omisiones, mucha indiferencia o indolencia permiten que las guerras y los conflictos de toda índole enluten la convivencia humana.Los jóvenes del Comité Interreligioso por la Paz (Comipaz), en una campaña juvenil multirreligiosa y global sobre la seguridad compartida, llamada "Abajo las armas", nos proponen en estos días sumarnos con nuestra firma a una moción que será presentada en las Naciones Unidas para abolir las armas nucleares, detener la proliferación de armas convencionales y reducir los gastos militares. ¿Encontrarán respuesta entre nosotros o sólo indiferencia? Un tema grave. Algunos datos nos pueden ayudar a descubrir que no se trata de un problema teórico. El Ministerio de Asuntos Exteriores de Noruega aseguraba en mayo último, en un congreso internacional, que las armas matan cada día en el mundo a dos mil personas. Y la directora del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud) añadía que la violencia es uno de los principales obstáculos para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Otra agencia de la ONU, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), acaba de recordar también que 43 millones de personas –la cifra más alta desde fines de la década de 1990– se habían visto obligadas en 2009 a dejar sus hogares y a huir a cualquier otro sitio como consecuencia de las guerras. Amnistía Internacional, por su parte, ha denunciado las consecuencias de la falta de control en la venta de armas. En un reciente informe concluye, por ejemplo, que las armas ligeras o de pequeño calibre son responsables de aproximadamente 60 por ciento de las violaciones de los derechos humanos que se cometen en el mundo."En el mundo circulan 500 millones de armas ligeras, que desde enero de 2009 han provocado la muerte de 432 mil personas". En Argentina, durante 2007 murieron 3.636 personas, casi 11 por día", dice el informe. Juan Pablo II repitió en diversas ocasiones lo que declaró en Drogheda, Irlanda, al principio de su pontificado: "Quiero hoy unir mi voz a la voz de Pablo VI y de mis predecesores, a las voces de vuestros jefes religiosos, a las voces de todos los hombres y mujeres sensatos, para proclamar, con la convicción de mi fe en Cristo y con la conciencia de mi misión, que la violencia es un mal, que la violencia es inaceptable como solución de los problemas, que la violencia es indigna del hombre. La violencia es una mentira porque va contra de la verdad de nuestra fe; la verdad de nuestra humanidad. La violencia destruye lo que pretende defender: la dignidad, la vida, la libertad del ser humano." Trabajemos por la paz. También podés sumarte a la iniciativa de los jóvenes en el sitio de Internet www.juventudinterreligiosa.org.
*Sacerdote católico, miembro del Comité Interreligioso por la Paz

