Temas del día:

Explicaciones sencillas sobre la inflación

Carlos Sánchez

07 de abril de 2010 a las 12:01 a. m.
Explicaciones sencillas sobre la inflación

Carlos Sánchez

Ex viceministro de Economía de la Nación

P ara ayudar a entender la naturaleza del fenómeno económico denominado inflación y, en consecuencia, eliminarlo, es conveniente explicar qué es un billete. El billete es un pedazo de papel (especial para que no sea fácil su falsificación), impreso con números y letras, pero que a diferencia de otros -también impresos con números y letras- tiene como propiedad fundamental la de tener curso legal para todas las deudas, públicas y privadas.

La cualidad de curso legal significa que el Estado aceptará esos trozos de papel para cancelar deudas impositivas y de todo tipo. Pero, ¿por qué un particular lo acepta? Simplemente, porque cree que los otros también lo harán. Todos creen que ese pedazo de papel tiene valor. Y lo creen porque la experiencia así se los indica.

El dinero es un medio de cambio común y ampliamente aceptado en virtud de una convención: su aceptación generalizada. El valor de la moneda es una ficción por la cual quienes tienen la facultad legal de emitir esos pedazos de papel de curso legal se ven tentados a no respetar límites en la cantidad emitida. O sea, a generar inflación.

La inflación es una enfermedad de la economía que provoca graves daños a la sociedad y que, en las circunstancias extremas de una hiperinflación, puede amenazar con destruir su organización.

Que algunos precios aumenten, no es inflación, y que todos aumenten por una única vez, tampoco lo es. La inflación es un proceso (que puede ser evidente o estar temporalmente reprimido) de aumento generalizado de precios, que se mantiene en el tiempo. A una inflación se la mide a través de una tasa que nos dice en qué medida aumentaron los precios en un cierto período. Es un aumento promedio de un conjunto de precios, que puede ser el de los consumidores, los mayoristas, los "implícitos en el producto". Pero no todos los precios aumentan a la misma tasa o velocidad y, en consecuencia, los que se retrasan originan una pérdida que lleva a sus titulares a presionar por aumentos recuperatorios y, además, preventivos a los efectos de eliminarla.

Todos culpables. Cuando el proceso está en marcha, todos aparecen como culpables de que los precios aumenten. Pueden ser los asalariados, cuyos ingresos se retrasaron; pueden ser los productores de servicios públicos, como agua, luz o telefonía; los de combustibles o los que llevan carne u otros alimentos al mercado. Pero si una helada destruye la cosecha de tomates y, en consecuencia, su precio aumenta, ello no necesariamente es inflación, por cuanto sólo con importar tomates de otra economía se soluciona el exceso de demanda y, por lo tanto, el precio cae. La solución es, entonces, el libre funcionamiento del mercado.

La responsabilidad oficial. ¿Cómo se origina este proceso y por qué se mantiene en el tiempo, llegando incluso a terminar en hiperinflación? Dejemos que Milton y Rose Friedman nos den la respuesta: "Ningún gobierno está dispuesto a aceptar la responsabilidad de haber creado la inflación, ni siquiera en los casos en que la virulencia de ésta es menor. Los funcionarios públicos encuentran siempre alguna excusa: hombres de negocios voraces, sindicatos codiciosos, consumidores despilfarradores, jeques árabes, el mal tiempo o cualquier otra que parezca, aun remotamente, plausible.

"Es cierto -agregan- que los empresarios son voraces; los sindicatos, ambiciosos; los consumidores despilfarran; los jeques árabes han aumentado el precio del petróleo y las condiciones meteorológicas, a menudo, son malas. Todo esto puede conducir a aumentos de precios de bienes individuales, pero no puede llevar a un incremento general de los precios sostenido en el tiempo. Puede provocar una suba o baja temporal de la tasa de inflación, pero no puede ser la causa de una inflación continua, por una razón muy simple: ninguno de estos aparentes culpables posee una máquina de imprimir los trozos de papel que llevamos en nuestros bolsillos.

"La inflación -advierten- no es un fenómeno capitalista. Yugoslavia, un país comunista, ha experimentado una de las tasas de inflación más rápidas de todos los países europeos; Suiza, uno de los bastiones del capitalismo, una de las más bajas (...). En el mundo moderno, la inflación es un fenómeno relacionado con la impresión de billetes (...). "La inflación es un fenómeno monetario (...). No conocemos ningún ejemplo a lo largo de la historia de la existencia de una inflación sustancial duradera que no se viera acompañada de un rápido incremento más o menos equivalente de la cantidad de dinero; y tampoco de ningún caso en el que un rápido aumento de la cantidad de dinero no fuera seguido de su correspondiente inflación".

Lo cierto es que, en medio de una inflación, parece haber múltiples culpables: el Gobierno acusa a empresarios y a sindicatos, estos se acusan entre sí, las vacas dejan de ser un apetecible animalito para convertirse en las perversas, y así sucesivamente.

Al respecto, nos dice el matrimonio Friedman: "Es incorrecto sostener que los sindicatos son uno de los causantes del aumento de precios. Se les acusa de utilizar su poder de monopolio para conseguir aumentos salariales que elevan los costos y, a su vez, los precios (…). Los sindicatos pueden prestar servicios realmente útiles a sus miembros. Pueden, igualmente, hacer bastante daño limitando las oportunidades de empleo de otros trabajadores, pero no son los causantes de la inflación. El aumento salarial por encima del de la productividad es una consecuencia de la inflación, pero no su causa, como algunos quieren hacernos creer.

"Asimismo, los empresarios no provocan tampoco la inflación. El aumento de los precios de sus productos es una consecuencia o reflejo de otras fuerzas. Sin duda, los empresarios no son en realidad más ambiciosos en los países que han experimentado un aumento muy importante de los precios que en aquellos cuya inflación ha sido pequeña, ni más voraces en un período que en otro. ¿Por qué razón, entonces, la suba de los precios es mucho mayor en unos lugares y épocas que en otros?"

Ahora bien, ¿por qué se produce un aumento excesivo de la oferta monetaria? La respuesta es el crecimiento de un gasto público no financiado con mayor recaudación ni con créditos, sino con emisión. Esto permite a un gobierno "dar más" a los ciudadanos sin asumir el desprestigio de aumentar impuestos o de endeudarse.

Según Friedman: "El dinero adicional aumenta los precios (…). Esos precios más altos se mantienen mientras el dinero adicional circula a través de la corriente de gastos (…). Precios más altos significan que con el dinero que la gente tenía antes podrá ahora comprar menos cosas que antes (…). El dinero adicional emitido es equivalente a un impuesto sobre el dinero efectivo existente en la actualidad. Si aquél hace aumentar los precios uno por ciento, entonces cada poseedor de dinero en realidad ha pagado un impuesto igual al uno por ciento de sus tenencias de dinero".