Éxito electoral, sí; calidad institucional, no
Sería importante que la Presidenta aceptara debatir, antes de las elecciones de octubre, con los principales referentes de la oposición. Y que diera su apoyo a la boleta única de sufragio. Daniel Zovatto.
La victoria electoral del último domingo da derecho al oficialismo nacional a festejar, pero no a tergiversar la relevancia institucional de los comicios celebrados. Una cosa es haber ganado unas elecciones primarias desnaturalizadas de su propósito principal. Otra, muy diferente, es afirmar que con ellas se ha dado un salto en materia de calidad institucional. Es cierto, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner ganó de manera contundente una elección mal llamada de "primarias abiertas, simultáneas y obligatorias", superando el 50 por ciento de los votos emitidos y aventajando con amplitud a quien llegó en segundo lugar (casi 38 puntos de diferencia). Es verdad, asimismo, que la participación fue muy alta, cercana a 78 por ciento. Hasta aquí, el Gobierno tiene razones valederas para festejar. Pero lo anterior no habilita a la Presidenta a tergiversar los hechos. Decir que con estas elecciones primarias la Argentina ha dado un salto en la calidad institucional es faltar a la verdad. Estos comicios no cumplieron con el objetivo central de toda elección primaria que es elegir (mediante la participación ciudadana), dentro de una misma fuerza política, entre dos o más opciones para un mismo cargo. La totalidad de las fórmulas que se presentaron para la elección de presidente había elegido previamente a sus fórmulas a través del dedo de unas cúpulas partidarias supuestamente iluminadas.En el caso del oficialismo, similar al de otras fuerzas políticas, la Presidenta también eligió "a dedo" a su candidato a vicepresidente. Digitó, asimismo, en una mesa chica (lo cual choca de frente con la pretendida democratización de la participación política que propugna la ley de internas), un número importante de candidatos a legisladores nacionales, así como en relación con otros cargos de importancia en la gran mayoría de las provincias.Esta operación orquestada desde la cúspide del Gobierno fue exitosa en lo electoral. De eso no cabe duda alguna. Pero no confundamos una estrategia política acertada con un salto en la calidad institucional.Más que destinadas a elegir, estas elecciones fueron concebidas para que la ciudadanía ratificara, con su voto, lo que la Presidenta y dirigentes de otras fuerzas políticas ya habían decidido. Para decirlo de manera directa, en la gran mayoría de los casos la ciudadanía fue convocada a votar, no a elegir.Hablemos claro, la ley 26.571 que el oficialismo tuvo la reprochable habilidad de aprobar pocos días antes de que cambiara la correlación de fuerzas en el Congreso (resultado de las elecciones legislativas de 2009), no ha democratizado la participación (como quedó de manifiesto con la manipulación de las elecciones primarias) ni generó más transparencia ni mayor equidad.La asimetría de recursos pro gobierno, sobre todo el claro abuso de la pauta oficial, favoreció al oficialismo y perjudicó a una oposición torpe, incapaz y fragmentada.Además, después de las primarias, puesto que la ley no permite la modificación de las listas ni el armado de alianzas, la oposición quedó con escaso margen de maniobra para redefinir su estrategia. Picardías políticas. Tampoco es cierto, como expresó la Presidenta, que el mecanismo de votación que el Gobierno nacional sigue utilizando de manera empecinada –el de las boletas partidarias–sea superior al de la boleta única de sufragio, adoptada de manera exitosa en Santa Fe y Córdoba en las recientes elecciones para gobernador, con sus respectivos modelos, o al voto electrónico (incorporado de manera gradual y progresiva) en Salta. Todo lo contrario. Si existe un mecanismo de votación trasnochado y propenso a las mil y una "picardías" es, precisamente, el de la boleta partidaria, aunque sea de colores y lleve fotos, como tanto le gusta a la Presidenta. El sistema que defiende el oficialismo, y que la Presidenta admite haber copiado de Uruguay, funciona bien en ese país porque cuenta con un sistema de partidos reducido en su número y bien institucionalizado (cosa que no ocurre en la Argentina), y con una cultura política diferente de la nuestra.Un rápido repaso del derecho y la práctica electoral latinoamericana comparada permitirá al Gobierno nacional constatar el amplio predominio de la boleta única de sufragio como mecanismo de votación, seguida del voto electrónico. Las únicas dos excepciones son Uruguay y la Argentina.Resumiendo: la victoria del 14 de agosto da derecho a que el Gobierno nacional festeje pero no a que tergiverse la verdad. La Presidenta ganó con amplitud una elección primaria totalmente desprovista de su objetivo principal. Más que una auténtica elección primaria, se trató de un ensayo previo, a escala nacional, de las elecciones del 23 de octubre.Sin embargo, el éxito electoral alcanzado no constituye de ningún modo, como la Presidenta pretende presentarlo, un salto en la calidad institucional. Para el logro de este último objetivo hace falta mucho más que ganar unas elecciones primarias desnaturalizadas. Sería importante, para empezar, que la Presidenta aceptara debatir, antes de las elecciones de octubre, con los principales referentes de la oposición, siguiendo la sana costumbre que existe en numerosas democracias, rompiendo de este modo la cultura del "no debate electoral" que prevalece en nuestro país.Ayudaría, asimismo, que diera su apoyo a favor de la adopción de la boleta única de sufragio y que garantizara una verdadera transparencia y una equidad efectiva en la contienda electoral. Eso, señora Presidenta, sí constituiría un importante y auténtico paso en el mejoramiento de la calidad institucional.

