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Esto y lo contrario

Marguerite Yourcenar juega con la identidad de los contrarios, algo que con menos maestría, intentan recrear algunos líderes políticos. Ángel Stival.

12 de septiembre de 2010 a las 12:01 a. m.
Ángel Stival (Periodista)
Esto y lo contrario

A Marguerite Yourcenar (1903-1987), autora de finas historias como la biografía de un emperador romano en Memorias de Adriano o las andanzas de un cura incrédulo en medio de las alocadas disputas teológicas medievales en Opus Nigrum , no le ha sido posible, como a tantos otros, sustraerse a la publicación póstuma de algunos de sus escritos. Así ocurre en Peregrina y extranjera . Muchas veces, tales libros, prohijados más que nada por la ambición del editorialista o de los herederos del artista, carecen de otro valor que no sea el crematístico. No es éste el caso, pues la prosa precisa e iluminante de la escritora se pasea por la música de Mozart, por sus pintores favoritos y hasta por los mitos griegos, recreados desde su vigencia actual.La identidad de los contrarios, por ejemplo, noción con la que juega en La última olímpica , donde afirma que Zeus "no es sino un doble barbudo de esa gran hembra santa" que es Hera, "la de los ojos bovinos, eterna como la hierba". "Es preciso venir aquí –a Olimpia, dice– para ver fundirse en un todo derrotas y triunfos... este sonido, apenas perceptible, se inserta en el silencio en lugar de romperlo... el más profundo secreto de Olimpia se halla contenido en esta única nota pura: luchar es un juego, vivir es un juego, morir es un juego". Deliciosos matices de aquellos héroes griegos, "niños radiantes que jugaban con la muerte como se juega a caminar sobre la propia sombra", realzados por la maestría y la belleza del texto.Un poco más acá en el tiempo, héroes modernos se empeñan en buscar la identidad de los contrarios, como ese líder que amonesta en público a uno de sus soldados y luego resulta que lo estaba respaldando. O aquel otro que, cuando afirmó que su modelo ya no servía, lo que quería decir, en realidad, era que el que no servía era el de su enemigo histórico. El que cierra el círculo es un lector de diarios, al comentar: "Si 'el modelo cubano ya no funciona ni para nosotros' en realidad significa 'el sistema capitalista ya no sirve ni para Estados Unidos, ni para el mundo', entonces será mejor que me dedique a hablar sánscrito o griego micénico".