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Este año

Termina 2016 y es inevitable recordar aquellos momentos que más nos impactaron durante este año. Como los chicos tenemos una forma de mirar diferente a la de los adultos, bien vale considerar nuestras impresiones.

24 de diciembre de 2016 a las 12:01 a. m.
Este año

Termina 2016 y es inevitable recordar aquellos momentos que más nos impactaron durante este año. Como los chicos tenemos una forma de mirar diferente a la de los adultos, bien vale considerar nuestras impresiones. Hubo buenas y malas; para empezar, una buena.Durante este año, miles de niños evitaron enfermarse o morir gracias a una vacunación nacional que fue más completa. Nosotros las seguimos odiando, pero ahora podemos entender que son valiosas.Una mala es que el desencuentro no termina. La grieta, como dicen los grandes. Seguimos escuchando las mismas discusiones de sordos, donde importa más convencer al otro que escucharlo.¡Justo durante este año, cuando cumplimos 200 redondos de Independencia! La verdad es que el festejo del 9 de Julio pasó volando y la libertad quedó escondida en las desteñidas láminas de las paredes de los colegios. ¿Al final, nos independizamos o cambiamos de dependencia?En 2016, los noticieros nos sorprendieron con un cartel de inicio: "Contenido no apto para menores de edad". Creativo, pero no impidió que siguiéramos expuestos –en vivo y en directo– a la violencia ciudadana, a la perversidad de los malos y al desconcierto de los buenos.No somos ingenuos: sabemos que las noticias cuentan la mitad. Por cada chico lastimado que aparece en televisión, hay millones que van y vienen sin ser secuestrados, violados o asesinados. Pero de ellos no se habla; sino de lo que alimenta el morbo y nos deja cada día más asustados.Al inicio de este 2016, muchos adultos se enteraron de que en Argentina hay pobres, y de que dos de cada tres pobres son niños. ¿Hacía falta que un Instituto de Estadística confirmara que la infancia está en peligro? Nosotros vivimos diariamente pobrezas cuando comemos mal (sea mucho o poco), no recibimos educación (sea simple o extendida) o, peor que eso, cuando nos faltan palabras para nombrar lo que sentimos.Y hablando de educación. Nosotros, los escolarizados, seguimos rindiendo evaluaciones en cada ciclo. ¿Por qué no lo hacen los adultos, en especial los que gobiernan? Ellos nunca son evaluados. ¿O es que nadie se anima a ser tribunal?Pedimos trato igualitario: ¡Que los grandes sean evaluados! Si saben, que aprueben; si no, ¡que vuelvan a estudiar!Nos dio gran alegría la identificación de más nietos de desaparecidos. Con cada uno, pudimos aprender que ni el tiempo ni el silencio borran la verdad.También descubrimos la frase más repetida del 2016: "Ni una menos". La copiamos y decidimos hacerla nuestra: "Ni uno menos", gritamos, para decir que nosotros también sufrimos de violencia de todo tipo, y por ser chicos.Queremos que ningún chico sea agredido, física o verbalmente. Porque conocemos las agresiones silenciosas que no aparecen en los medios; los moretones y gritos que no se difunden y las humillaciones puertas adentro. Sobre ese tema, no vimos ninguna marcha.Los adultos pueden mostrar su autoridad desde el afecto y no desde el miedo. Y aunque sabemos que a veces somos molestos y ruidosos; también somos frágiles, porque nuestras heridas tardan en cicatrizar.Y hablando de violencia: este 2016 sumó otro año de guerra en Siria. Ya son más de tres millones de chicos desplazados, huérfanos y hambreados. En medio de tanto desastre, los condenados no son sólo ellos, sino toda la infancia. Por eso esperamos gestos de paz que les devuelvan a ellos su dignidad y a nosotros, la esperanza.Y para ir cerrando: sepan que los más chiquitos seguimos confiando en fantasías. Creemos en el Ratón Pérez, en los cuentos que terminan bien y en los abrazos de abuelos.Que los medianos seguimos agradeciendo a la buena gente dedicada a mejorar nuestra educación.Y que los mayores -en especial, los que votamos- seguimos convencidos de que lo que viene será mejor. De eso se trata la infancia, ¿no?