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Escucho y obedezco

Es la fórmula imperativa y respetuosa por las jerarquías y el orden establecido que usa el genio cada vez que frota la lámpara un Aladino diferente. Ángel Stival.

13 de febrero de 2011 a las 12:01 a. m.
Ángel Stival (Periodista)
Escucho y obedezco

Sin ninguna intención de sustituir a los comentaristas de noticias internacionales, permítasenos seguir aprovechando la extraña coincidencia de que la crisis en curso del mundo árabe nos haya sorprendido leyendo Las mil y una noches, lectura que nos debíamos, elegida por casualidad para pasar este verano. También una casualidad nos puso en el glaciar Perito Moreno el día en que Néstor Kirchner dejaba de existir –es una manera de hablar– en El Calafate, muy cerca de allí.Es probable que los acontecimientos externos –en especial las revueltas de Túnez y Egipto– hayan influido para resaltar la exaltación de las virtudes del mundo árabe en contraste con las de Occidente contenidas en el libro. Al menos, en la versión que, por otra casualidad, cayó en nuestras manos, debida a un estudioso español que firma el prólogo como L. Pérez de los Reyes y cuyo nombre se resiste al mismísimo Google.Es una versión ascética, que prescinde de la numeración de las noches y también del artificio de la intervención de Doniazada cada noche para suplicar a su hermana Sherezade que continúe la historia, así como de los versos que, según este autor, son añadiduras posteriores apócrifas. Frotar la lámpara. "Escucho y obedezco" es la fórmula imperativa y respetuosa por las jerarquías y el orden establecido que usa el genio cada vez que frota la lámpara un Aladino diferente. Las aventuras de este joven haragán y vagabundo transcurren en un mundo fantástico de ciudades fastuosas y joyas, de emires y visires, de magos y monstruos. En una de ellas, Aladino relata a un árabe la forma en que un judío lo está estafando. Y recibe esta respuesta, escrita mucho antes de que ni se pudiera soñar siquiera con la existencia del Estado de Israel: "¡Ah, maldito judío, hijo de perro, posteridad de Eblis! Has de saber, hijo mío, que este plato es del oro más fino y que no vale un dinar, sino 200 dinares. Es decir, que el judío te ha robado a ti tanto como roban en un día, con detrimento de los musulmanes, todos los judíos del zoco reunidos".Hasta Las mil y una noches tiene una ideología, en el sentido de conjunto de ideas y creencias, por lo general falsas, que orientan un decir y un actuar, mal que le pese a Francis Fukuyama. Por aquí, también hay gente que, según su ideología, piensa que los pobres o son tontos o son delincuentes; que lo mejor que podría hacer el Estado es desaparecer; y que si les va bien a ellos, nos va bien a todos.Y así estamos.