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Escepticismo versus esperanza

En ciertos dirigentes el escepticismo no es un escepticismo total y desesperado, sino parcial y esperanzado, con principios y fe en la capacidad del ser humano de avanzar. Eugenio Gimeno Balaguer .

21 de agosto de 2010 a las 12:01 a. m.
Eugenio Gimeno Balaguer*
Escepticismo versus esperanza

Acudiremos al griego Demócrito, quien afirmaba: "Filósofos que en el mundo buscáis lo cierto, !apartad! Si existe, está la verdad dentro de un pozo profundo". A lo cual, otro filósofo, Diógenes, sostenía: "No hay ninguna cosa cierta, mas que son vuestras locuras, escenas de criaturas junto a una tumba entreabierta; el pensar, creer y sentir, no es sentir, creer, ni pensar; eso se debe llamar, nacer, crecer y morir".

Hicimos una serie de pequeñas entrevistas a poco más de una veintena de dirigentes destacados, radicados en Córdoba y Buenos Aires, y la impresión que nos dio es que compartían la visión con Demócrito y Diógenes, por la similitud de sus pensamientos. El promedio es de 70 años; están en actividad y la palabra común que une sus reflexiones es escepticismo.

¿Qué es el escepticismo para ellos? Es la desconfianza o duda de la verdad o eficacia de algo. Un escéptico sería el que duda o está en desacuerdo con lo que por lo general, en teoría, está aceptado; que todo es tan subjetivo que sólo es posible emitir opiniones; es el que se abstiene de juzgar porque no puede decidirse con suficiente seguridad sobre la verdad o falsedad de las aseveraciones.

Desconfianza. Algunas expresiones coinciden en que "los medios sólo informan lo malo que sucede en la sociedad y siembran y alientan la discordia y el desencuentro; las empresas engañan de modo permanente en sus servicios y el fisco es injusto". Desconfianza en los políticos, en los jóvenes, en los empresarios, en la gente en general, en su falta de educación, en su falta de compromiso, en la carencia de ideas y comportamientos para construir un futuro mejor. Coinciden también "en que se ve reducido el actuar de los bienintencionados a casi la desesperación de reconocer la imposibilidad de enmendar o corregir la desventurada condición, debilidad y desorden de las cosas en la sociedad".

Alguien dice: "No estimo tal postura, la de escéptico, como una oposición a cualquier postulado, afirmación o hecho concreto, sino una precaución que reniega de confirmarlos sin demostración y contrastes previos… nos han engañado tantas veces".

En las conversaciones, aparecieron como sinónimos del escepticismo los de incredulidad, incertidumbre, indiferencia, desconfianza, sospecha, duda, recelo, desinterés y despreocupación.

La actitud escéptica se caracteriza por la cautela. Desde la teoría, no hay ningún saber firme ni puede encontrarse ninguna opinión totalmente segura. Desde la práctica, el escepticismo es una actitud negativa a adherirse a una opinión determinada.

Lo que uno comprueba en estos dirigentes es que su escepticismo no es un escepticismo total y desesperado, sino parcial y esperanzado, con principios y fe en la capacidad del ser humano de avanzar en el conocimiento de la realidad. Una fe crítica y no ciega. Sin creer en banalidades, sino en explicaciones bien fundadas, experimentos bien diseñados y teorías bien confirmadas, así como en axiomas coherentes y fértiles.

Finalmente, los antónimos del escepticismo son confianza, fe, certeza. La consigna sería "sigue al que cree, no sigas al que niega; la fe nunca tropieza, aun siendo ciega".

*Presidente de Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (Acde) Córdoba