Entre sacudones y sofocones
El kirchnerismo nacional admite que necesita legisladores propios para "garantizar gobernabilidad en el Congreso". Julio C. Perotti.
Envalentonado más por necesidades ajenas que por virtudes propias, el kirchnerismo lanzó la semana que pasó la más fuerte embestida, hasta ahora, para tratar de condicionar al peronismo oficial cordobés y a su candidato, José Manuel de la Sota. Para ellos, el objetivo es ni más ni menos que manotearle todas las porciones de poder posible, enancados en el convencimiento de que, a esta altura, De la Sota no puede prescindir de nadie en el justicialismo cordobés para jugársela contra Luis Juez (Frente Cívico) y Oscar Aguad (Unión Cívica Radical).La ecuación que manejan en la Casa Rosada es sencilla: "Le cueste lo que le cueste, De la Sota debe salir a buscar la alianza, no sólo porque está abajo de la probable intención de voto de la Presidenta (Cristina Fernández) sino, además, porque si no los capta, potencialmente pueden migrar a Luis Juez", sostiene un analista de consulta permanente en la cima del poder kirchnerista."Es importante considerar que uno más uno no siempre da dos en las alianzas, en especial porque cuestiones ideológicas pueden hacer que el voto de derecha (o más conservador) de De la Sota no vote al kirchnerismo, tanto como sectores kirchneristas más transversales (progresistas) no voten a De la Sota. No obstante, aunque esa sumatoria no sea perfecta, es menos imperfecta que no hacerla", plantea el especialista, que lee a diario varias encuestas.En los despachos de la Casa de Gobierno, admiten, también, que el armado K cordobés no cuenta con la fuerza suficiente para salir adelante por sí mismo, aunque su poder de daño, si va por separado, puede hacerse sentir fuerte en Unión por Córdoba.¿Cuál es el precio que exigen desde Buenos Aires? Un armado en la lista de candidatos a diputados nacionales que le deje una buena porción al kirchnerismo, corriente que construirá un mensaje que llame a votar por ellos para acompañar a Cristina.El kirchnerismo nacional admite que necesita legisladores propios para "garantizar gobernabilidad en el Congreso". Si hubiese boletas separadas en la elección de gobernador, también las habría en los comicios presidenciales de octubre. "Eso ofrecerá poca presencia", sostiene el consultor.No obstante, la especulación de los dirigentes K es apostar a la tracción que podría ejercer Cristina como candidata en octubre, más allá del resultado para gobernador.Pero, además, como se señaló en nuestra edición de ayer, hay un operativo para quedarse también con el candidato a vicegobernador, pese a que De la Sota ya se habría inclinado por el joven intendente de San Francisco, Martín Llaryora.Está claro que el vice no es un puesto menor en la estrategia cristinista: donde la Presidenta no apostó a un gobernador, lo hizo por su segundo. En Catamarca y Santa Cruz, apañó listas propias, pero en Buenos Aires está apuntando a poner un hombre de su confianza para acompañar a Daniel Scioli; de hecho, se habla del ministro de Agricultura de la Nación, Julián Domínguez, como ladero del ex motonauta.Todo lo que intenta De la Sota para consolidar un acuerdo con la menor pérdida posible de votos suele chocar contra los cuestionamientos que el gobernador Juan Schiaretti, su sucesor, lanza contra algunas políticas oficiales, lo cual provoca constantes malhumores kirchneristas. A esto hay que añadir la conflictiva situación interna del peronismo de la ciudad de Córdoba, en el que la decisión de Schiaretti es jugar con el vicegobernador Héctor "Pichi" Campana como candidato a intendente en las internas del 12 de junio, de las que Olga Riutort no participará porque pretende ser designada "a dedo". Y, como se prevé, al armar una lista distinta dividirá, puntos más o menos, el voto peronista en este distrito. Con todo, dirigentes cercanos a De la Sota tratan de ahuyentar los fantasmas: aseguran que el acuerdo está cerrado y que quizá sería conveniente una lista kirchnerista que arrastre los votos de los sectores que silbaron a Schiaretti y que podrían ir a parar a la cuenta de Juez.¿Está realmente clausurada la posibilidad de una ruptura? La dinámica de los últimos días impide dar una respuesta definitiva. El costo de una foto. El miércoles, exactamente a las 13.10, Aguad usó su BlackBerry para un anuncio a través de la red social Twitter que sacudió al radicalismo: "A las 14.30 café con Macri en la peatonal cordobesa". El ya ex precandidato a presidente y actual jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, había llegado horas antes a Córdoba para participar de un almuerzo en la Bolsa de Comercio. De allí se retiró con apuro y desairó a los empresarios presentes, que se quedaron con las ganas de hacer preguntas. La excusa: debía viajar a Buenos Aires. Un par de horas después, los hombres de negocios se enteraron por los medios y hasta vieron un video en LaVoz.com.ar que mostraba a Macri y a Aguad en las afueras del bar donde se habían citado.El encuentro dejó descolocados a los radicales cordobeses, entre ellos el candidato a intendente, Ramón Javier Mestre. "Aquí no hay un problema ideológico. Hablamos de lo que le interesa a la sociedad", intentó aclarar por Twitter, a las 17.30. Pero la duda quedó flotando: ¿cuál fue la jugada? Puesto en el contexto que vive el radicalismo nacional, quien empujaba una alianza con el PRO de Macri y con Francisco de Narváez era el mendocino Ernesto Sanz, aunque a la hora del café en la peatonal ya era vox pópuli que había decidido bajar su candidatura y dejar a Ricardo Alfonsín como único postulante presidencial de la UCR. Pero, también por entonces, en todos los ámbitos políticos era casi una certeza que Macri estaba a punto de desistir de su propia candidatura e intentar repetir en la Jefatura de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires. O sea, era casi una reunión de pares sin demasiadas perspectivas nacionales.¿Intentó Aguad la conquista de votos centristas de Macri que podrían estar destinados a José Manuel de la Sota? Si fue así, no lo sabrá hasta dentro de mucho tiempo. De momento, lo que sí debe reconocer es que pasó un sofocón.

