Enfermedades infantiles
Las enfermedades que ocurren en una población muestran, como pocos indicadores, la combinación de carencias y excesos a los que se exponen sus habitantes. Enrique Orschanski.
Las enfermedades que ocurren en una población muestran, como pocos indicadores, la combinación de carencias y excesos a los que se exponen sus habitantes. Nuestros niños sufren, de modo inexorable, enfermedades diversas que exhiben una deuda social postergada. Para reconocer y modificar las causas de los principales trastornos de salud infantil, son necesarias estrategias basadas en una buena clasificación.El investigador médico Thomas McKeown agrupa las enfermedades, de manera original, en tres orígenes: a) enfermedades perinatales, b) derivadas de la pobreza y c) derivadas de la industrialización y la riqueza.Las primeras, originadas durante el embarazo y el parto, tienen alto impacto cuando, en forma silenciosa, condicionan la calidad de vida de un elevado número de niños. Aquí predominan los nacidos prematuros y aquellos con malformaciones congénitas.Las enfermedades asociadas a la pobreza surgen por la combinación de situaciones con prolongada carencia estructural. Chicos mal alimentados y desprotegidos del ambiente son susceptibles de contraer enfermedades infecciosas con una frecuencia y gravedad mayor que aquellos contenidos por una red social. La pobreza infantil se relaciona de forma directa con el hambre; este, no considerado una situación eventual sino una condena generacional, debilita su capacidad de respuesta. También los procesos malignos o degenerativos son más frecuentes en niños que viven en extrema pobreza, por causas inmunológicas que siguen siendo estudiadas. La indefensión contra la violencia expone a estos chicos a lesiones traumáticas fatales o con secuelas permanentes. La mayoría apenas accede al alimento suficiente para el desarrollo físico y neurológico que les permita un camino educativo o laboral, sumando trastornos secundarios durante la adolescencia, como adicciones y fallas en la inserción social.Las enfermedades asociadas a la riqueza son las vinculadas con desarrollo socioeconómico general. Los procesos de industrialización provocan cambios ambientales y de hábitos que pueden afectar la salud. El consumo de alimentos no naturales se destaca como un factor principal en la génesis de la obesidad infantil. Los aditivos y colorantes determinan el aumento de reacciones alérgicas.La contaminación ambiental derivada de fumigaciones o actividad minera sin control adecuado se asocia con trastornos respiratorios infantiles crónicos. Incluso hábitos alimentarios profundamente arraigados en la vida cotidiana, como el consumo masivo de sal, azúcar y harina de trigo refinada, están ligados a epidemias de hipertensión arterial, diabetes y enfermedad celíaca.Los excesos en el consumo no se limitan a alimentos, sino al uso de tecnología. Las nuevas epidemias infantiles de hiperactividad, déficit atencional y síndrome de ansiedad generalizada ocurren como consecuencia indirecta de procesos de acumulación. Muchos chicos viven rodeados de objetos de entretenimiento, sin por eso satisfacer sus necesidades impostadas. Sufren por exceso; no disfrutan lo que tienen porque conviven con la promesa perpetua del próximo juguete.Los desprotegidos enferman. Los que tienen en exceso enferman. En una evolución atípica, los niños están sufriendo trastornos antes limitados a los adultos.Esta diversidad ubica a Argentina como país de transición entre dos realidades: una, la de los países africanos, donde el hambre, las guerras y el sida diezman a la población infantil; otra, la de algunos países nórdicos, con necesidades satisfechas de modo tan previsible por el Estado protector que la depresión y la falta de estímulos terminan enfermando a sus niños.Sería esperanzador disponer de proyectos que recorten esos extremos. "Curioso planeta nos toca vivir –dijo una vez Lula da Silva–, donde la mitad se muere de hambre y la otra mitad hace dieta".
*Médico

