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Endeudarnos, ¿para qué?

¿Vale la pena volver a endeudarnos para seguir acumulando desequilibrios? Quizá sea mejor encontrar una estructura de ingreso-gasto sana y adecuada para nuestra economía.

21 de agosto de 2014 a las 12:02 a. m.
Ramiro Sosa Navarro y Leonardo Faner*
Endeudarnos, ¿para qué?

En junio, el Instituto de Investigaciones Económicas de la Bolsa de Comercio de Córdoba presentó su edición aniversario, la número 20, del Balance de la economía argentina. A lo largo de sus 20 ediciones anuales y consecutivas, este se convirtió en un clásico del análisis económico, social e institucional de nuestro país, con análisis centrados en los desafíos de mediano y largo plazo.Es importante destacar esto dado que, por lo general, analizamos los problemas coyunturales sin advertir que sólo estamos considerando la parte visible del iceberg. Cuando un problema coyuntural pasa a ser recurrente, solemos estar en presencia de un problema estructural.Es el caso del déficit fiscal en nuestro país, es decir la diferencia entre ingresos y egresos públicos. El Gobierno nacional tiene tres herramientas para financiar el gasto público; a saber: los impuestos, la deuda y la emisión de dinero.A pesar de una presión tributaria récord, se ha hecho uso de la máquina de hacer dinero para cerrar el bache fiscal, lo que ha llevado al país a estar en el podio de los países con mayor inflación en el mundo.Entre las opciones que se vislumbran para atenuar este problema, se ha elegido la de recurrir al endeudamiento externo. El arreglo con el Centro Internacional de Arreglo de Diferencias relativas a Inversiones (Ciadi) y con el Club de París, y la compensación a Repsol dan cuenta de ello. A pesar del traspié en lo que refiere a los fondos buitre, es probable que el Gobierno esté en condiciones de recurrir a los mercados internacionales de deuda el año que viene. Ahora bien, cabe preguntarnos: ¿para qué nos endeudamos?Una familia tipo, en general, se endeuda a más de un año para comprar un auto, una casa, materiales de construcción o bienes cuya duración son mayores a ese período. Pero de ninguna manera financiaría las compras en el supermercado con un crédito a largo plazo.Esta última opción es a la que recurrirá nuestro país con el endeudamiento. La emisión de bonos en el mercado internacional proveerá de los dólares necesarios para financiar el desequilibrio fiscal corriente y el atraso cambiario. Y volverá a dejar, una vez más, los desafíos estructurales –como infraestructura en caminos, en energía, en puertos, en informática y telecomunicaciones– para las generaciones siguientes.Dicho esto, ¿vale la pena volver a endeudarnos para seguir acumulando desequilibrios? Quizá sea mejor encontrar una estructura de ingreso-gasto sana y adecuada para nuestra economía, aunque, a decir verdad, es una tarea difícil para un gobierno que transita sus últimos 500 días de mandato.

*Presidente del Instituto de Investigaciones Económicas de  la Bolsa de Comercio de Córdoba e investigador, respectivamente.