Elites y democracia
“Si no se adoptan soluciones políticas valientes, que pongan freno a la influencia de la riqueza en la política, los gobiernos trabajarán a favor de los intereses de los ricos”.
A veces, el mundo tiene resplandores de desnudez y se quita los velos que lo cubren: mentira, especulación, felonía, cinismo, venialidad, simulación, oscurantismo, imperio de la fuerza y, por qué no, ceguera. Pasa cuando un rayo de la verdad proyecta su luz, aunque a veces puede atravesar el aire sin que tantas miradas lo reconozcan. Por ejemplo, un rayo serían datos como los siguientes: las 85 personas más ricas del mundo tienen tanto como lo que puede juntar la mitad más pobre de la población. O: casi la mitad de la riqueza mundial está en manos de sólo el uno por ciento de la población. O: siete de cada diez personas viven en países donde la desigualdad económica ha aumentado en los últimos 30 años. Estos datos y otros en la misma dirección son de un informe de la ONG Oxfam (“es una confederación de 17 organizaciones que trabajan en más de 90 países, como parte de un movimiento global a favor del cambio”, se define la organización) divulgado en la semana que pasó, precisamente ante el comienzo del Foro Económico Mundial de Davos, donde centenares de las personas reales más ricas del mundo se reúnen con mandatarios políticos. Pero además de las cifras, Oxfam advierte sobre situaciones y sus proyecciones que deberían ser alarmantes y, de alguna manera, son sólo una simple manera de mirar las cosas ya sin dejarse interferir por los velos. Dice el informe: “La desigualdad económica extrema resulta preocupante debido a los efectos perniciosos que la concentración de la riqueza puede acarrear para la equidad en la representación política. Cuando la riqueza se apropia de las políticas gubernamentales secuestrándolas, las leyes tienden a favorecer a los ricos, incluso a costa de todos los demás. El resultado es la erosión de la gobernanza democrática, la destrucción de la cohesión social y la desaparición de la igualdad de oportunidades”. La conclusión es contundente: “Si no se adoptan soluciones políticas valientes que pongan freno a la influencia de la riqueza en la política, los gobiernos trabajarán a favor de los intereses de los ricos “. En este lugar del mundo y sus alrededores, bien sabemos de esto en nuestro derrotero por la historia, y sobre todo por la democracia. La historia argentina ha sido un sinuoso camino en el que los gobiernos que ejercían en función de los intereses de las elites ocuparon gran parte del tránsito. Pero también hubo movimientos en permanente resistencia contra ese estado de las cosas, y que tuvieron su oportunidad de gobernar para las mayorías. En cuanto a la democracia, la ley del voto universal, obligatorio y secreto por la que tanto lucharon los radicales de hace más de 100 años, hizo posible gobiernos populares que se convirtieron en escollos para las apetencias de las elites, que no dudaron en dar golpes como los de 1930 y 1955, para recuperar parte de sus privilegios. El informe de Oxfam también señala que la desigualdad ha disminuido “significativamente” en América latina “gracias a una fiscalidad más progresiva, los servicios públicos, la protección social y los empleos dignos. La política ciudadana ha sido fundamental en este avance ya que representa a la mayoría de la población”, sostiene. La agencia estatal Télam subraya que, en especial, los tres países señalados a la cabeza de esa reducción de desigualdad son Argentina, Brasil y México. En estos momentos en los que se ciernen sobre los argentinos humores de crisis, no hay que olvidar cómo fue que en nuestra historia logramos dar pasos hacia una mayor igualdad.

