El valor que tiene la iniciativa política
La Presidenta y sus funcionarios transmitieron el convencimiento de que el déficit energético del país ha sido resuelto o que hubo un progreso sustancial hacia su solución. Carlos Sacchetto.
La resonante victoria parlamentaria del oficialismo, al aprobar con apoyo masivo la estatización de la mayoría accionaria de YPF, tendrá una corta duración en términos de efecto político. De eso están seguros en el Gobierno nacional y por esa razón la orden fue celebrar del modo más expresivo posible lo que se presentó como un acontecimiento histórico. La Presidenta y sus funcionarios transmitieron el convencimiento de que el problema del déficit energético del país ha sido resuelto o que hubo un progreso sustancial hacia su solución.Pero ambas cosas no son verificables fuera del relato oficial y habrá que esperar largos meses, quizá años, para calibrar si la medida dio los frutos esperados. No es una situación novedosa para el gobierno de Cristina Fernández, porque ya se ha ritualizado la producción de hechos que prometen más de lo que otorgan. El objetivo. No resulta algo menor para la jefa del Estado afrontar el desafío de revertir la crisis del sector petrolero. No lo es porque cabe al gobierno de su esposo y al suyo propio la responsabilidad de haber participado en el vaciamiento de la compañía y de no ejecutar políticas correctas de control para evitarlo. Por eso, las negociaciones para designar al nuevo directorio de YPF fueron asumidas en persona por Cristina. "Llámenlo, que venga", ordenó la Presidenta cuando comprendió que sólo una conversación cara a cara podría convencer al ingeniero Miguel Galuccio de convertirse en el nuevo CEO de la empresa.Sugirieron su nombre, además del gobernador entrerriano Sergio Uribarri, no menos de cuatro especialistas consultados. Todos advirtieron que Galuccio pediría seguridades que iban más allá de sus condiciones laborales. "Quiere seriedad como respaldo, para demostrar a los futuros inversores que la Argentina respetará los acuerdos", afirma uno de sus promotores.Cristina ejerció toda su capacidad de seducción argumental en conversaciones en las que, según fuentes oficiales, también participó el viceministro de Economía e interventor de la compañía, Axel Kicillof. "Nadie le pidió a Galuccio adhesión ideológica, porque no hubiese aceptado. Es un profesional", comentan quienes lo conocen.La conformación del nuevo directorio de YPF, donde los gobiernos provinciales quieren tener una participación real y no sólo simbólica, iniciará un camino en el que la Presidenta ha comprometido la mayor eficiencia. Es una apuesta grande a los resultados, compartida por gran parte de la oposición política.Cuando baje la espuma del inicio de una nueva etapa en materia de política energética, la Presidenta afrontará otra batalla parlamentaria que no se anticipa tan favorable. Es la aprobación en el Senado del pliego de Daniel Reposo para que sea designado procurador General de la Nación en reemplazo de Esteban Righi. El jefe de la bancada oficialista en la Cámara Alta, Miguel Pichetto, dejó trascender que tiene serias dificultades para garantizar los dos tercios de los votos que se necesitan."Lo que menos quiere Cristina es una derrota. No descarten que si los números no le dan, cambie de postulante", deslizan en la Casa Rosada. Por ahora, casi toda la oposición objeta a Reposo por no reunir las condiciones profesionales necesarias.Sus antecedentes no son los mejores y el impacto que tendría su nombramiento sobre la Justicia no otorgaría réditos políticos a la Presidenta. La relación de Reposo con Amado Boudou, sospechado de corrupción en el caso Ciccone, relativiza cualquier argumento a su favor. En soledad. Se ha dicho que el manejo comunicacional de Cristina es impecable y con el operativo YPF esa virtud ha quedado otra vez en evidencia. Pero a ese manejo hay que darle contenido político y construir escenarios que ilusionen. Todo lo que le sobra en ese aspecto a Cristina, le falta a la oposición. Salvo excepciones, el largo debate por la petrolera remarcó la pobreza y la desorientación de quienes tienen como mandato expresar pensamientos y conductas políticas diferenciadas.Nadie cree en la Unión Cívica Radical que la crisis no resuelta que volvió a estallar por las diferencias sobre la estatización de YPF se supere con rapidez. Al contrario, todo indica que al ritmo de la pasión por las internas que sienten los radicales, el conflicto podría desembocar en algunas rupturas inevitables.Otro tanto ocurriría en la Coalición Cívica, donde Elisa Carrió retomó parte de un protagonismo que añora tiempos mejores. Todo al mejor gusto del oficialismo, que se siente revitalizado y se ilusiona con ser el solitario y mejor artífice de la historia.

